La única vez que había visto en directo a Supesuckers fue en la desparecida sala Gwendolyne de Algorta hace más de veinticinco años. Acudí con mi amigo Rober y hubo varios momentos en que pensé que el suelo se iba a hundir bajo nuestros pies como había ocurrido unos años antes en Oiartzun en un concierto de Bad Religion. Salimos vivos y coleando de allí con una sonrisa triunfal tras haber presenciado uno de esos bolos descomunales que recuerdas a menudo. Todas las veces posteriores que han venido por una u otra razón me las había perdido. Unas porque no me cuadraba en la agenda, alguna otra porque no estaba muy conectado con su último lanzamiento. Ayer iba ir al concierto solo y volver en el Bizkaibus 3136 que da la puta vuelta al universo pero finalmente compartí el bolo con mi amigo Diego al que esta duración le viene perfecta para sus maltrechas rodillas. Y me trajo con su flamante Focus dejándome a la puerta de casa.
Me decidí a ir por tres razones; la primera es que como he contado hacía mucho que no les veía en directo, la segunda porque había comenzado la semana con un sugerente bolo de Deke Dickerson que había abierto mi apetito rockanrollero y la tercera y más importante porque Supersuckers venían a presentar su nuevo álbum, Liquor, Women, Drugs & Killing al que estoy enganchadísimo. De hecho los temas de este disco que sonaron en el bolo fueron muy bien recibidos y encajaron a la perfección con todos sus clásicos. Son canciones que pueden perfectamente hacerse fuerte en su repertorio y pasar a engrosar la lista de incunables.
El bolo comenzó puntual a las 21:30 de forma enérgica con una de mis canciones favoritas de su catálogo, Pretty Fucked Up con Eddie Spaghetti bien de voz cantando eso de Now I Know people change, and sometimes that´s good but some people don´t when maybe they should... Ahhhh Siempre adoré esas líneas. No hubo tregua para la siguiente otra enérgica The Evil Powers of Rock 'n' Roll prácticamente enganchada con otra de mis favoritas, Rock-n-Roll Records (Ain't Selling This Year) repleta de frases certeras a más no poder. El bolo fue creciendo a pasos agigantados con Eddie forzando su voz al límite y maravillosamente acompañado por la fuerza a las baquetas de Christopher Von Streicher y ese guitarrista carismático a más no poder llamado Marty Chandler que nos apuntaba una y otra vez con su instrumento poniendo caras de todo tipo. Todo un show.
Hacia la mitad del show Marty Chandler tomó las riendas a la voz y también en esas lides brilló con dos canciones contundentes que subieron más si cabe el listón. Contundentes y desgarradoras tanto Working My Ass como I Don´t Enunciate propulsadas a toda mecha. El concierto iba a cholón, a todo trapo, en una deliciosa suerte de empuje ramoniano. Cuando tocaron Unsolvable Problems de su último álbum me percaté de que no soy el único al que le ha molado su reciente aventura discográfica porque fue acogida con algarabía en las primeras filas, al igual que las potentes Maybe Im Just Messin´With You, Doin´Work You Don´t Enjoy (With people that you don´t like y la contundente versión de Rocket 69 de The Lee Harvey Oswald Band. Perfectas todas. Y también sonó mi favorita: Tried To Write A Song. Creo firmemente que este es un tema con un potencial comercial enorme. Pero será en otro universo paralelo. Ja, ja. El runch final siguió los derroteros anteriores y el personal coreo a gusto aquello de I Want the Drugs...Vamos, que me lo pase pipa. Lástima que no fuese un viernes a la noche y al día siguiente no hubiese que currar...
Bendita la hora en que nos enteramos del bolo de Deke Dickerson en el Colegio de Abogados de Bilbao. Fue tras el vitamínico show de Lee Fields en el Antzoki el pasado martes. A la vuelta un conocido de mi amigo Diego que nos trajo en coche nos comentó la jugada avisándonos de que había aforo limitado y que convenía ir pronto. De modo que a eso de las 18:45 me presenté por el lugar pero las puertas estaban cerradas y nadie merodeaba por allí. Hice un poco de tiempo y media hora después cuando me acerqué había una cola curiosa. A la mañana había llamado para saber si la entrada era libre (increíblemente era gratis con la única restricción del aforo, unas 300 personas). Y se llenó. Y bien que me alegro porque Dickerson ofreció un soberbio recital con un set list matador repleto de jugosas versiones de Johnny Cash, Elvis Presley, Merle Travis, Link Wray, Roy Head o 13th Floor Elevators.
A las 20:00 de la tarde se presentó Deke Dickerson recibiendo una entusiasta ovación a la que el músico estadounidense respondió con una toma de contacto instrumental ejecutada de pie. A partir de ahí se sentó y nos deleitó con un repertorio plagado de clásicos a cual mejor que se fagocito con un estilo y clase de no te menees. A su espectacular pericia con la guitarra se le añadió una profunda y versátil voz grave de esas que tanto me molan. Intercalaba las canciones con puntuales y cachondas grabaciones de la voz de su hija Evelyn a modo de pequeña presentación. Imposible elegir favorita en un repertorio, insisto matador... Mistery Train (Elvis Presley), creo que fue Big Train de Johnny Cash y me chiflaron una country que nos indicó que su novia le decía que era muy triste y que mejor que no tocase y una abrasadora Uranium Rock que me volvió loco.
Además de un excelente músico, Deke se reveló como un gran contador de historias compartiendo desternillantes anécdotas sobre Roy Head o Roy Erickson de 13th Floor Elevators aprovechando para tocar dos temas emblemáticos de su repertorio, Treat her right del primero y casi al final una maravillosa You're gonna miss me de los segundos. Al principio del concierto Deke nos avisó de que vivimos tiempos oscuros y que es complicado ser norteamericano en los días que corren, cagándose en Trump, y que estaba con nosotros para ofrecer, según señalo, algunas de las cosas en las que los yanquis son muy buenos como es en el rock´n roll, honky tonk, country, soul, blues y derivados. Y así lo pudimos comprobar. ¡Vuelve pronto, Deke!
Hoy cumple setenta y tres años Lucinda Williams. La primera vez que escuché su voz fue en You're Still Standin' There, la canción que cierra I Feel Alright, mi álbum favorito de Steve Earle. Es una interpretación espectacular; Lucinda pronuncia cada palabra de su estribillo de una forma atrayente y sensual a más no poder. Caí rendido y junto a su versión de Return of the Grievous Angel junto a David Crosby para el disco tributo a Gram Parsons sigue siendo una de mis interpretaciones favoritas de su larga carrera. Apenas dos años después del disco de Earle llegó el que cambió la vida de Lucinda, Car Wheels On A Gravel Road. Con ese álbum logró el reconocimiento de la crítica y unas ventas considerables, las mejores de largo de su trayectoria. Está claro que hay un antes y después tras su edición..
De todo eso y mucho más escribe Lucinda Williams en No compartas con nadie los secretos que te conté editado por Liburuak hace tres años. La vida de esta cantante oriunda de Lake Charles no fue un camino de rosas y como bien indica en varias ocasiones es puro gótico sureño con los habituales ingredientes del género: abusos sexuales, racismo, conservadurismo rancio, oasis de libertad en medio del caos... La cantante nos cuenta de forma ágil, sin ínfulas literarias pero con determinación y sin andarse por las ramas como fue crecer en un hogar en el que su madre estuvo casi siempre incapacitada por su enfermedad mental y en el que su padre lidió con el asunto como pudo. Y no siempre de la mejor manera. Desde muy pequeña Lucinda tuvo que apañárselas por su cuenta y eso marcó su carrera y forjó su carácter.
Hasta que se asentó Lucinda llevó una vida nómada, de aquí para allá debido al trabajo de su padre. Vivió en Louisiana, Georgia, Utah, Nueva Orleans, Chile o México... Eso de no ser de ningún sitio y de todos a la vez. Puede que eso le viniese bien para picotear en diferentes estilos musicales y para comprender diferentes formas de vida. Aunque la música siempre estuvo ahí, tardó mucho en asentarse en un negocio plagado de machos alfa pagados de sí mismos y con escasa empatía por las mujeres. Lejos de amilanarse, Lucinda se hizo más fuerte y a base de perseverancia consiguió labrarse una carrera musical consistente y terminar siendo una de las cantantes y compositoras más admiradas del mundillo musical. Tuvo que lidiar con mucha mierda en ese sentido y lo cuenta con desparpajo y una rabia contagiosa.
No sabría por dónde empezar para enumerar mis momentos favoritos. Me quedo con una chica que admiraba a su padre, el poeta Miller Williams, que en la infancia de Lucinda celebraba fiestas literarias en su hogar y que a pesar de vivir en muchas zonas segregadas no se amilanaba ante los racistas. A Mr Williams no le importaba recibir insultos y amenazas, tenía amigos negros y les ayudaba en una época muy sórdida para tales menesteres. De hecho una de las personas más cercanas del padre de Lucinda fue George Haley, hermano del autor de Raíces. Uno de los abuelos de Lucinda interpretaba los textos religiosos de forma revolucionaria y se convirtió en un cristiano radical favorable a los sindicatos apoyando a las personas más necesitadas. Todo lo que cuenta sobre él es fascinante.
En el plano musical las disquisiciones de Lucinda son muy interesantes. Me encanta cómo explica la búsqueda de su propio sonido en cada disco. Y me fascina cuando entra en detalles sobre la industria musical, en cifras concretas de los contratos que fue consiguiendo... Y es que la cantante de Lake Charles compatibilizó muchos años trabajos de todo tipo (¡desde dependiente en tiendas de discos hasta vendedora de salchichas en supermercados!) La primera luz en las tinieblas llegó cuando fichó por el Rough Trade Records, sello británico de punk que a finales de los ochenta había abierto una pequeña sede en San Francisco. Le ofrecieron un adelanto de quince mil dólares para grabar el disco, el homónimo y muy recomendable Lucinda Williams en el que figura Crescent City que se coló en la banda sonora de Northern Exposure, Doctor en Alaska por estos lares.
Tras ese disco Lucinda siguió en muy buena onda con el muy estimable Sweet Old World de nuevo en perfecta sintonía con Guf Morlix (guitarrista y productor del álbum)hasta que su relación colapsó cuando grabaron el imprescindible Car Wheels On A Gravel Road. En ese momento se produjo una fisura entre ambos insalvable, tanto que muchos años después siguen sin dirigirse la palabra. Es más Lucinda regrabó el disco Sweet Old World en 2017 retitulándolo This is Sweet Old World. Ni idea de porqué hizo eso pero me quedo con el de 1992. A partir de la publicación de Car Wheels On A Gravel Road todo fue sobre ruedas en la carrera de Lucinda. Es muy interesante también todo lo que cuenta sobre Essence con la aparición fundamental de Bo Ramsey y Charlie Sexton a las guitarras, Tony Garnier al bajo, Jim Keltner a la batería y las imprescindibles armonías vocales de Jim Lauderdale.
Su siguiente paso fue igual de excitante variando su sonido y dejando aflorar insospechadas influencias. De hecho cambió su equipo colaborativo y en World Without Tears es Doug Pettibone quien se encarga de las guitarras con Taras Prodaniuk al bajo y Jim Christie a la batería. Todo lo relacionado con este álbum es fascinante y rompedor y la propia Lucinda se hace eco de una reseña escrita por Ann Powers (página 214) que es de lo mejor que he leído en mi vida sobre la música de Lucinda. World Without Tears conforma junto a Essence y Car Wheels On A Gravel Road una trilogía imbatible.
Como no podía ser de otra forma en toda biografía hay un lado Cuore. Ahí estoy en mi salsa y animo a Lucinda a que nos cuente más. Sus relaciones con diferentes músicos y personas cercanas al negocio podrían dar para otro libro. Y como no, el momento álgido son sus escarceos con Ryan Adams. Menuda pareja. Ese momento en que Lucinda se medio enrolla con Ryan y en la fogosidad del trance le muerde el labio saliendo el amigo Ryan despavorido... Tela. El único fallo del libro, más bien de la traducción es cuando se nombra mal a Jesse Malin en la la página 233 (de mi vieja amiga Jesse Main, que era la vocalista de gran banda de punk neoyorquina D Generation). Espero que en las siguientes ediciones lo hayan corregido.
No puedo pasar por alto como cuenta Lucinda su encuentro con Bruce Springsteen en la gira de Devis & Dust. Con pase de backstage conocieron al músico de New Jersey que luego les invitó a cenar y cuando Springsteen se despidió, el que ahora es marido de Lucinda Tom Overby se acercó y le dijo: Vi una entrevista tuya hace muchos años en la que decías que el rock´n roll se coló en tu casa y te arrancó de ella, y solo quería decir que tu hiciste lo mismo por mí. No estaría aquí sentado si no fuera por ti. Ahí se enamoró Lucinda de Tom. Que no te digo que me lo mejores, iguálamelo.
Corto y por momentos intenso y emotivo bolo el que ofrecieron ayer Lee Fields & The Extpressions en el Kafe Antzokia de Bilbao. Muy buena afluencia para ser un día entre semana. A eso de las 20:40 salieron los Expressions para realizar la consabida introducción musical que anunciaba al gran Lee Fields... Eso parecía porque tuvieron que ir a buscarle... Ja, ja. Miradas de sorpresa primero y luego de risas entre Benny Trokan (bajo) y Toby Pazner (teclados) y finalmente fue este último el que vino ya con un Lee Fields dispuesto a pasárselo bien y cantar unas cuantas tonadillas en la mejor tradición soul. El concierto transcurrió por la senda habitual de este tipo de recitales con Fields cantando desde el principio muy bien e interpelando al público para que le siguiese en el habitual Call and Response soulero como en esa tremenda Ladies.
Mis expectativas en cuanto a la duración del show eran muy realistas. Me esperaba una hora y poco y eso fue. El amigo Lee tiene setenta y cinco años y la agenda de conciertos muy apretada, nueve conciertos en apenas once días. Sabiendo eso de antemano me preparé para vibrar con intensidad con el repertorio de este hombre que ha grabado unos cuantos discos que tengo en un pedestal, mi favorito It Rains Love y muy cerca Emma Jean, Sentimental Fool y My World. Fields bordó temas como la iniciales You Can Count On Me y Work To Do con las que ya me atrapó por completo y entre mis momentos favoritos estuvieron una arrolladoras Time y Wish You Were Here y la espléndida Forever con la que cerró el concierto. Tuvieron que ir a buscarle para el bis, ja, ja. Pero mereció la pena porque su interpretación de Honey Dover repleta de matices y sedosamente sugerente en su inicio termino como un ciclón y me dejo un regusto invencible. Por muchos años Lee!!!!
Hacía más de veinte años que no veía El Club de los Poetas Muertos. Lo hice ayer de nuevo porque Maiaki tenía muchas ganas de verla. La primera vez que la vi me causó un profundo impacto. La película formaba parte de la programación educativa del Instituto donde estudié y recuerdo que nos desplazamos a verla a los cines Duplex de Barakaldo. Caminamos hasta la localidad vecina y el camino de vuelta estuvo repleto de un emocionante debate sobre la película. A muchos nos cautivó y cuando la vi años después con Su, ya en formato dvd en versión original, la magia continuaba intacta.
Ayer me volví a emocionar con la película. Sigue más vigente que nunca porque trata de temas universales que nunca pasan de moda y porque consigue hacerlo de una forma divertida, elegante y en muchos momentos conmovedora. El film es uno de esos que no olvidas y que conviene ver cada poco tiempo para tener bien presente que es fundamental ser uno mismo, pensar en libertad y no ir en manada, que es maravilloso enriquecerse conociendo y respetando a otras personas y que jamás hay que olvidar la pasión en este mundo a menudo tan gris.
En cuanto a lo puramente cinematográfico Peter Weir es uno de esos directores fiables a más no poder, capaz de crear bellas imágenes al servicio de la historia y de sacar el máximo partido a un casting espectacular en el que por supuesto destaca Robin Williams dando vida a un maravilloso profesor Keating. Los por aquel entonces muy jóvenes Ethan Hawke, Robert Sean Leonard, Josh Charles se lucieron dando vida a personajes con mucho que rascar aunque mi favorito siempre fue Nuwanda el personaje interpretado por Gale Hansen.
Setenta y un años cumple hoy Steve Earle. El músico nacido en Virginia lleva más de cuarenta años en el mundo de la música. De hecho este 2026 su debut cumple precisamente justo eso, cuarenta añazos. El amigo Earle llevó durante muchos años una vida al límite y resurgió con inusitada fuerza y cargado con las mejores canciones de su carrera en 1996 con el monumental I Feel Alright, uno de mis discos favoritos no sólo de esa década sino de la historia. Ni se las veces que lo habré escuchado y todavía me lo pongo y vuelo alto con él. No está de más volver a repetir lo que he escrito en anteriores ocasiones, la carrera de Earle desde su debut hasta Jerusalem en 2002 es impoluta. Una espectacular ristra de discos con un sonido country rock despachado a menudo con actitud punk y sazonado con bellas baladas de esas que te agujerean el corazón. Le adoro, para que nos vamos a engañar. Escoger mis diecisiete favoritas ha sido una ardua tarea y mañana podría poner otras tantas. Le dedicó este post porque Unax está descubriendo su música y está flipando con unos cuantos temas. Sus cuatro favoritos están en mi lista. Que no te digo que me lo mejores, iguálamelo.
Cincuenta y tres años se cumplen hoy de la edición del debut discográfico de Bruce Springsteen & E Street Band. Señalado por un sector de la prensa como el nuevo Dylan, etiqueta que les fue cayendo a unos cuantos en años posteriores, la carrera de Springsteen fue por otros derroteros y estuvo siempre, especialmente en sus dos primeros discos, influida por el bendito soul, veta ineludible y contagiosamente entusiasta en su música. Aquí tenemos varias maravillosas canciones deudoras de este estilo. Temas que se han hecho fuerte en su repertorio y que afortunadamente suelen encontrar hueco a menudo; como la eterna Spirit In The Night. Menos prodigas pero igual de contundentes y buenas son Lost In The Flood e It´s Hard To Be a Saint In The City, ambas con apabullantes interpretaciones en el directo del Hammersmith Odeon del 75. Póntelas ahora mismo y gozarás.
Si el comienzo de tu carrera son dos canciones tan condenadamente buenas e icónicas como Blinded By The Light y Growin´Up yo digo un Si más grande que el Cañon del Colorado. La primera provista de un contagioso y serpenteante ritmo de guitarra sazonado con la sugerente presencia del saxo de Clarence Clemmons. Atención a las líneas de bajo del siempre elegante Garry Tallent en perfecta comunión con la juguetona batería de Vini Lopez. En la segunda el piano de David Sancious es una presencia fundamental y guía al tema a la excelencia secundado por esas dos guitarras acústicas y la base rítmica de nuevo prodigiosa de Lopez y Tallent.
Columbia fichó a Springsteen como cantautor folk, y aunque en la carrera de Bruce esa veta es importante y también proporcionaría alegrías en el futuro, su fuerza, su distinción es con la E Street Band bordando rock´n roll clásico de toda la vida y dejándose llevar a menudo por la inequívoca influencia soul.Nunca me gustó Mary Queen Of Arkansas, sigue sin hacerlo. No voy a entran en detalles. Saltamos a una mucho más excitante Does This Bus Stop at 82nd Street? que tuve la fortuna de escuchar en su mítico concierto en San Mamés el 26 de julio de 2009. Toma esa. De nuevo el piano de Sancious marca el inicio y la interpretación vocal de Springsteen está entre mis favoritas de su longeva carrera, igualito que con la siguiente una épica y absolutamente desbordante de emoción, Lost In The Flood. Bebo los vientos por el piano de Sancious y esa parte final con un órgano de iglesia a partir del minuto 3 y 31 segundos. Belleza.
The Angel es Junto a Mary Queen Of Arkansas el punto flaco de este magnífico debut. La prefiero a la anterior pero es totalmente prescindible. El asunto se recupera primero con la estimable For You, una canción que ha ganado con el paso de los años y que no me hubiese importado escuchar en directo, tiene algo especial que sólo aprecié con el tiempo. El cierre del álbum es legendario. Tanto Spirit In The Night como It´s Hard To Be A Saint In The City son canciones sublimes que están sin duda entre mis favoritas de su amplio repertorio. La primera es la quintaesencia de la influencia soul en el universo de Springsteen. Una canción que puedo escuchar en bucle, que cuenta con una letra muy chula y ese espíritu de comunidad con los coros de Clarence Clemmons y las palmas de Clemmons y Vini Lopez. Por supuesto las partes de saxo de Clarence elevan al cielo la canción. En vena.
El cierre con It´s Hard To Be a Saint In The City es sublime y en cierto sentido anticipa la excelencia que Springsteen alcanzaría con su segundo disco (The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle) apenas diez meses después. El tema es un torbellino sonoro irresistible que arranca con una mágica parte de piano a cargo de Sancious cometiendo jugosas fechorías blues a la que el resto de la banda se suma en contagioso júbilo. Alucino otra vez con la batería de Vini Lopez, de un estilo muy diferente al de Max Weinberg pero igual de excitante.Otra excelsa toma vocal de Springsteen. Un debut más que prometedor, que en apenas unos meses sería pulverizado por un segundo disco asombroso. Salud!