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viernes, 9 de diciembre de 2016

Gavin Edwards, Como ser Bill Murray

En apenas dos meses han coincidido en el mercado dos libros dedicados a Bill MurrayYo Bill Murray de Marta Jiménez y Como ser Bill Murray de Gavin Edwards. El segundo me lo acabo de leer y ha sido otro viaje divertido, por momentos alucinante, que me ha servido para conocer más anécdotas delirantes protagonizadas por el bueno de Bill. Edwards colaborador entre otros medios de la Rolling Stone se ha entrevistado con muchos compañeros de reparto de Murray, con directores de sus películas y con algunos de los protagonistas de esas rocambolescas historias protagonizadas por este peculiar tipo. Además entrevistó al propio Bill en el marco del Festival de Toronto de 2014 cuando celebraban el Día Bill Murray. Ahí queda eso.

Si el libro de Marta Jiménez merece la pena el de Gavin Edwards es imprescindible. Está escrito con el estilo adecuado para que todo el universo Murray resplandezca más si cabe. Lo que ves en la pantalla en las películas en las que aparece Murray es pecata minuta comparado con su modus operandi en la vida real. Ahí lo da todo. Si habitualmente una de las críticas más nocivas que les suelen hacer a los actores es que se interpretan a si mismo a Murray eso le parece un halago. Igualito que le sucedía a Robert Mitchum

Edwards estructura el libro en diez capítulos basados en la filosofía Murray. Todos ellos están explicados y salpicados de diferentes anecdotas. Y se hace difícil escoger porque todas son jodidamente buenas. Algunas surrealistas, otras descacharrantes, todas sorprendentes. Voy a contar aquí tres de ellas que tienen relación con la música. Porque la música une a la gente. O al menos así debería ser.

En un largo viaje que Bill Murray tenía que hacer de Oakland a Sausalito el actor entabló conversación con el taxista y este le confesó que era un saxofonista frustado. Su trabajo en el taxi le robaba catorce horas diarias y rara vez podía ensayar. Entonces Murray le preguntó qué donde tenía el saxo y el taxista le contestó que en el maletero. Murray le propuso conducir el mientras el taxista iba tocando el saxo en el asiento trasero. Resulta que el tipo era muy bueno con el instrumento y eso hizo que la situación se alargara. Tanto que Murray invitó a cenar al perplejo taxista que acabó soplando el saxo en un asador de Oakland a las dos y cuarto de la madrugada. Los dos se lo pasaron pipa y Bill declaro: Fue una noche preciosa. Creo que cualquiera hubiera hecho lo mismo. Creo que cualquier persona, en un momento así, conecta y hace algo parecido.



El batería de The RootsQuestlove había escuchado historias sobre las legendarias fiestas de cerveza que Bill Murray preparaba en Williamsburg y sobre otras anecdotas poco comunes del actor. Pero lo que de verdad le sorprendió es que el actor le siguiese a tres sitios raros de Brooklyn donde Questlove ejercía de Dj. Questlove declaró: Yo no me creía que fuera el. Siempre era el último en irse. Eso era lo raro. Estamos hablando de una fiesta de mil personas, y cuando daban las siete de la mañana el seguía ahí.

Mi favorita para el final. Andrew Groothuis trabajó en 2001 como ayudante personal de uno de los actores de la película Moonrise Kindgom de Wes Anderson.  Groothuis llevaba trabajando en el mundo del cine más de ocho años y las estrellas no le impresionaban pero tenía ganas de conocer a Bill Murray porque como confiesa en el libro es uno de los actores por los que pagaría una entrada de cine. 

Groothuis no quería abordar a Bill Murray en los descansos del rodaje porque el actor en esos momentos estaba siempre con su hijo Cooper. El encuentro con el actor no acaba de producirse. Una noche aprovechando que el actor del que era asistente se fue a dormir Groothuis se quedó en el bar del hotel en el que se alojaban. Era de noche y no había nadie excepto él, la camarera y el conserje sentado tras su mesa en el vestíbulo. Groothuis le pidió permiso a la camarera para tocar un poco el piano que había en la instancia.

El asistente comenzó a entonar Thunder Road de Bruce Springsteen y a los pocos segundos de una anexa sala de billares que ni sabía que existía apareció Bill Murray con dos mujeres de mediana edad. El actor se dirigió a la camarera y le pidió que les prepararan unos appletinis para todos. Durante cinco horas el improvisado dúo cantó un repertorio variado, desde Billy Joel, pasando por The FoundationsSpringsteen, y por supuesto todas las canciones que Murray había cantado en sus películas....

En un momento dado Groothuis comenzó a tocar el tema de los monitores novatos de Los incorregibles albóndigas, y el actor estalló en carcajadas... Hasta ese tema era capaz de recordar y cantar Murray. Hacia las cinco de la madrugada Bill comentó que tenía que irse a coger un avión. Antes de partir le dijo a Groothuis: Oye, nunca me acuerdo de los nombres, pero me quedo con las caras. Si me ves en cualquier parte, acércate a saludar.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Marta Jiménez. Yo, Bill Murray

De ser el primer rostro en rompe-taquillas como Los incorregibles albóndigas, El pelotón chiflado o Cazafantasmas a actor fetiche de los directores indies por excelencia como Wes Anderson, Jim Jarmuch o Sofia Coppola hay un trecho importante. Para la mayoría imposible. Para muchos inalcanzable. No para Murray que se ha movido como pez en el agua a lo largo de su extensa carrera en ámbitos tan diferentes. Y lo ha conseguido a su manera. Una forma extraña de ganarse la simpatía de numerosos aficionados y el respeto de muchos directores con marchamo de artistas. 

Groundhog day (aquí titulada Atrapado en el tiempo) supuso un punto de inflexión en la carrera de Bill Murray. La cinta dirigida por Harold Ramis suponía la sexta colaboración entre el director y el actor pero a diferencia de las cinco anteriores Atrapado en el tiempo tuvo mejores críticas y cosechó un buen éxito comercial. Hoy en día es una película icónica en la carrera del actor y recurrente en el acervo popular. Uno de esos filmes que no ha perdido la magia, todo lo contrario, su valor ha aumentado y está más vigente que nunca. Curiosamente esta película enemistó a dos amigos, Ramis y Murray que no se reconciliaron hasta muchos años después. 

Murray tiene una legión de seguidores por todos los rincones del planeta. Desconozco si existen biografías del actor en inglés pero he disfrutado de la lectura de Yo, Bill Murray escrito por Marta Jiménez y editado por Banda Aparte Editores (gran nombre, por cierto). Como se nos avisa en la portada con el cachondo y certero subtítulo: Esto iba a ser la biografía autorizada de Bill pero no le encontramos. Ahí radica uno de los puntos que hacen diferente a Bill respecto al resto de actores hollywodienes. Al parecer Murray no tiene agente desde hace años y localizarle para que acepte un papel en una película es todo un reto. Se dan jugosos ejemplos de ello.

Murray ha construido una carrera alocada con momentos sublimes y películas malísimas pero su carisma permanece intacto. Marta Jiménez nos lo cuenta de forma divertida en Yo, Bill Murray. La autora se hace eco de las hilarantes anécdotas protagonizadas por Bill a cual más cachonda y sorprendente y las salpica con acertados comentarios sobre una filmografía irregular pero con momentos sublimes. Circulan muchas historias sobre Murray por las redes sociales aunque el actor no tenga cuenta en twiter, ni facebook ni nada que se le parezca. Se dice que tapa con las manos los ojos a los transeúntes y cuando estos se dan la vuelta el actor les espeta: Nadie va a creerte. O cuando entra en un restaurante y roba patatas fritas a cualquier comensal repitiendo de nuevo: Nadie va a creerte o como cuando se presentó en las obras de la nueva sede de The Poets House en NY ataviado con un gorro de albañil y se puso a recitar un poema de Emily Dickinson ante la atónita mirada de los obreros...

A Murray la critica no le empezó a tomar en serio o algo parecido hasta que apareció en Lost in Translation de Sofia Coppola, film que gozó en su día de mucho prestigio y que reconozco no me entusiasmo más allá de la interpretación de Bill Murray. Pero el actor debe su fama a cuando a principios de los ochenta lo petó con los alocados flilmes dirigidas por Harold Ramis. Muchos años después de la mano de Wes Anderson apareció en unas cuantas películas que han tenido siempre un aura divertida y el apoyo de cierto sector crítico. 


La autora del libro apunta que Murray tiene la habilidad de haber elegido a lo largo de su carrera jugosos papeles secundarios casi cameos provistos de diálogos certeros que le han hecho la aparición estelar de la película en cuestión. Especialmente destacados los de Ed Wood (Tim Burton) o  Craddle Will Rock (Abajo el telón) de Tim Robbins y absolutamente disparatado pero con un encanto singular el de Space Jam donde hace de si mismo. En realidad según la crítica siempre hace de si mismo a lo que el actor responde que es lo más complicado que hay en la vida. 

Uno de los aspectos más interesantes de Murray es su carácter huidizo e imprevisible. Tras el pelotazo con los Cazafantasmas en 1984 desapareció del mapa cuatro años, algo poco habitual, por no decir inaudito. En pleno éxito y cuando podía haber seguido la inercia de esa película se piró a Francia a estudiar Filosofía y a vivir sin prisas, sin llamadas telefónicas, ni nadie que le diese la brasa. No recuerdo desde cuando no tiene agente pero una de sus máximas es: Las personas que realmente tienen interés en ti acaban encontrándote tarde o temprano. Rock´n roll!!!!


sábado, 14 de noviembre de 2015

St. Vincent

Esta lluviosa tarde he ido mi video club habitual (el único que queda en mi pueblo) con la intención de alquilar la quinta temporada de Mad Men. Estas dos últimas semanas he terminado de ver online la cuarta pero me resulta un rollo ver las pelis o las series así. Mi tele todavía es de las de culo, y culo muy gordo, y tengo que ver el material en el ordenador y casi siempre doblada. Además hasta que la consigues poner, tras las cuatro o cinco inevitables ventanas emergente de porno, que te acaban distrayendo de tu objetivo inicial, en fin que prefiero pillarlas en original. 

La serie no la tenían pero me la traen para mañana de modo que me he puesto a enredar a ver si cazaba alguna película que llamase poderosamente mi atención. Estoy descolocadisímo en cuanto a cine actual y cuando escribo actual me refiero al último lustro o más. Entre las novedades que ya no lo eran tanto he visto la caratula de una película en la que aparecía el peculiar y socarrón careto de Bill Murray acompañado de Naomi Watts y otra actriz que no conocía. He leído el argumento y me ha llamado la atención lo suficiente como para alquilarla. Y me he echado unas risas. Suficiente para el menda un viernes a la noche. 



La película está hecha a la medida de Bill Murray, uno de mis actores favoritos de siempre. Las primeras escenas ya nos dejan claro por donde van a ir los tiros. Vemos al personaje de Murray moviéndose por sus derroteros habituales, esto es, dándole a la botella, viviendo en una casa en la que el orden no existe, apostando en carreras de caballos, juntándose con una prostituta a la que parece tener en exclusiva...

Todo cambia cuando al de unos días de esta variopinta rutina aparecen por el barrio un niño y su madre que van a ser sus nuevos vecinos. Por circunstancias laborales de la madre un día le tiene que dejar al niño con Murray y ahí empieza una relación especial entre este peculiar trío. La película no tiene ningún elemento sorpresivo, ni transgresor, a los diez minutos te das cuenta de que es la habitual película que podría triunfar en Sundance donde va a ver moralina pero durante los minutos que dura te diviertes con unas cuantas situaciones rocambolescas en las que Bill Murray vuelve a ser el rey de la comedia y eso para mi es más que suficiente. Tal vez todo este material en las manos de otro director con más agallas sería mucho más rompedor pero a pesar de que sabes como se va a conducir el tema y adivinas como va a terminar te lo pasas bien. Salvando las distancias, algo parecido a lo que ocurría con Gran Torino aunque creo que la de Eastwood es muy superior. Pero insisto Murray es bienvenido, por lo menos en mi casa.