sábado, 8 de mayo de 2021

Cañas, patatas bravas y libertad

Venga, lo reconozco he elegido un titular demagógico y chusco a más no poder pero es que los tiempos que vivimos invitan a ello. Sobre todo tras las elecciones celebradas en Madrid el pasado martes. Aunque me pillan muy lejos las he seguido con inusitado interés y mentiría si escribiese que no he disfrutado observando el lodazal en el que se han convertido. Y es así porque desgraciadamente creo que estas formas se han impuesto y va a ser complicado librarse de ellas. Me interesa el pensamiento político ligado a la filosofía pero en estas lides poco hay de eso y si mucho de marketing, estrategias comunicativas y demagogias varias y todo esto también me interesa y mucho. Así que voy a reunir unas cuantas líneas incidiendo en esos aspectos.

Se cuenta que el verdadero artífice de la aplastante victoria de Isabel Díaz Ayuso es Miguel Ángel Rodríguezhábil consultor de comunicación que ha apostado por una campaña basada en la libertad, en la supuesta falta de ella debido al malvado Gobierno Central. Lo curioso de este tinglado es que el PP ya estaba gobernando en Madrid pero quería más, deseaba fagocitarse a Ciudadanos y lo ha conseguido y barrer a la izquierda y también lo ha logrado. En el contexto actual, con más de un año de dura pandemia y restricciones de todo tipo, Díaz Ayuso ha jugado la baza de una comunidad con la hostelería y los espectáculos abiertos en contraposición al resto de España y especialmente al Gobierno. Una vez impuesta esa idea da igual que mires a Galicia y digas, coño pero si ahí esta también el PP y optan por justo lo contrario. Ja, ja. Pero claro, Madrid no es Galicia y el peso del sector servicios es brutal. Una baza ganadora por muy mal que estén las cosas en la sanidad. Un cruda realidad. 

En el aspecto comunicativo Díaz Ayuso se ha manejado muy bien en los grandes medios sabiendo lo que tenía que decir dependiendo a qué emisora acudiese y ha acompañado esa estrategia con otra que, aunque a priori puede parecer contraproducente, le ha dado pingües beneficios: soltar unas cuantas perlas castizas de esas que se rigen por la máxima de: que hablen de ti y mucho aunque sea mal. Vamos que ha estado presente a todas horas en todos los lados. Una exposición brutal. Puro marketing, herramienta fundamental en política. Les ha comido la tostada, por comer las ha comido hasta el color rojo a la izquierda presentándose vestida de ese color en muchos debates ja ja. Y una vez logrado el triunfo ha seguido en esa onda. Sin ir más lejos celebrando su espectacular triunfo desde el balcón soltó la perla definitiva: libertad es llevar una pulsera que dice libertad sin tener que ocultara. ¡Chúpate esa! 

Los demás partidos han bailado a su son. Ella ha marcado la agenda, los temas de los que se hablaba. Y está claro de que quería que no se hablase. Y le ha salido bien. La estrategia de Mónica García haciendo hincapié en el tema que domina (la sanidad) aunque le ha reportado la segunda posición ha quedado tan lejos que puede ser pan para hoy hambre para mañana. Pero si hay un partido que ha hecho el ridículo más espantoso a todos los niveles: político, comunicativo, de marketing, de todo vamos, ese ha sido sin duda el PSOE. Y encima desde Ferraz echando mierda a Gabilondo. Sin asumir ni una pizca de autocrítica. De risa.

VOX ha aguantado el tirón muy bien. Su estrategia comunicativa ha sido clara, aspavientos a diestro y siniestro de su candidata Rocío Monasterio y el famoso cartel que les ha dado mucho protagonismo y al que los demás no han sabido combatir con lo fácil que era. He leído algunos análisis que señalan que les queda poco futuro pero yo creo que eso es más el deseo que la realidad. Les han votado 330360 personas. Un cifra que no se puede desdeñar. Veremos si acaban en el redil de Ayuso o mantienen su peso por si solos. 

En cuanto a Unidas Podemos... Puff. A pesar de recuperar ochenta mil votos respecto a 2019 les ha sabido a derrota y ciertamente lo es. Plantear la campaña en términos de Democracia o Fascismo no me parece la estrategia comunicativa más acertada del mundo. A eso le podemos añadir que la figura de Iglesias ha movilizado a más personas que le odian que reclutado a los desencantados de izquierda que cada vez son más. Por no mencionar al iluminado de Juan Carlos Monedero con su análisis de calado: Qué pasa, que los que ganan 900 euros y votan a la derecha son Einstein... Mamma mía, qué nivel!!! Bueno voy a dejar este inmundo tocho con una declaración con la que estoy de acuerdo cortesía de Alice Cooper...

martes, 4 de mayo de 2021

Andreu Cunill. Espiritus en la oscuridad

Empezaré por el final. En el epilogo de Espíritus en la oscuridad, Eduardo Ranedo señala que hay muy poco material publicado sobre soul en España, es más que hay escaso interés en bucear en un legado muy atractivo más allá de los totems de rigor. Incluso apunta un tanto irritado que a veces perdemos la cabeza con algunos sucedáneos actuales muy inflados por cierta prensa. Y puede que tenga razón en ambos aspectos. Aunque reconozco que en mi caso ni de coña porque no sólo no tengo pereza en sumergirme en material de décadas pasadas si no que es mi droga dura. No tengo fin. 

Lo cierto es que aunque en los últimos años se han publicado muchos más libros de música que hace unos lustros el soul es uno de los estilos más abandonados. Una pena. No tiene ningún sentido que artefactos como Sweet Soul Music o Dream Sam Cooke de Peter Guralnick, Divided Soul The life of Marvin Gaye de David Ritz, Soulsville: The Story of Stax Records de Rob S Bowman o In the Midnight Hour: The Life Soul of Wilson Pickett  de Tony Fletcher no estén publicados en castellano y en las librerías encuentres veinticinco libros diferentes sobre los putos One Direction pero vivimos tiempos confusos. 



Espíritus en la Oscuridad es un libro escrito por un fanático de los sonidos negros y así lo reconoce en la Introducción. Andreu Cunill no quiere dictar sentencia ni pretende realizar un exhaustivo repaso al soul si no que se deja llevar por sus gustos personales para acercarnos de modo apasionado y muy divertido a unas cuantas referencias a las que tengo unas ganas enormes de echar los oídos encima. Algunas de las que conozco, la mayoría, me han proporcionado muchos momentos de placer, con otras que estoy descubriendo me estoy llevando sorpresas, casi siempre agradables. Hay un filón enorme de discos por descubrir. Una veta por explorar ad infinitum.

El autor comenta en la Introducción cómo le sobrevino su pasión por el soul y aledaños y como el disco I´m a loser de Doris Duke fue de alguna el germen, el inicio de esta aventura. Y es un comienzo sumamente atractivo. Porque el disco de Miss Duke es un ejemplo perfecto de esos álbums enterrados en las catacumbas con un poderío tremendo y que a poco que se les de cancha con una buena exposición se hacen su hueco como puede experimentar cuando trabajaba en la Fnac y pedí de importación varios discos que figuran en este volumen. Los ponía en la tienda y se hacían su hueco, se terminaban vendiendo. Algunos de los que cayeron fueron Soul Fever de Marie Queenie Lyons, Everything is Everything de Donny Hathaway, What Color is Love de Terry Callier o The Soul of a Bell de William Bell



El libro está dividido en cinco capítulos tomando como referencia la geografía estadounidense ya que cada territorio tenía su propia idiosincrasia con innumerables puntos en común. Es una excelente forma de recorrer ese inmenso país acercándote a los artistas más importantes de cada lugar. Además cada capítulo en cuestión tiene una excelente introducción en la que se mencionan los sellos más importantes y los músicos más relevantes de la escena contextualizando el conjunto y haciéndolo sumamente atractivo para sujetos como el que escribe absolutamente prendados de la soul music. El último capítulo está dedicado al soul en el exilio, a obras que tienen una fuerte conexión con Europa, especialmente con Londres. Un filón infinito. 


jueves, 29 de abril de 2021

Clásicos imperecederos: Layla

La primera vez que escuché Layla fue en un concierto que mi aita me grabó en vhs de la tele. Sería a mediados de los ochenta. En aquel bolo Clapton estaba acompañado de Phil Collins a la batería, Nathan East al bajo y Greg Phililinganes al piano. En aquella época era un fanático de Mark Knopfler y las conexiones musicales en seguida me hicieron llegar a Clapton. Aquí se la cepillan juntos en directo. Y en esta otra mi amigo Diego alcanzará los cielos. Un amigo del colegio me pasó alguna cinta de Mano Lenta y después me hice con unos cuantos discos. Curiosamente hoy solo conservo un vinilo, un recopilatorio y el disco que Clapton editó en homenaje de Robert Johnson. Por supuesto no hace falta escribir que Layla me voló la puta cabeza y por muchas veces que la haya escuchado no me canso. Me parece un tema sublime. Y la coda final la tengo ligada para siempre a mi adorada Goodfellas





viernes, 23 de abril de 2021

25 aniversario de Trainspotting

Este año se cumple el veinticinco aniversario de Trainspotting una de esas películas generacionales que lo peto a mediados de los noventa recaudando millones de dólares, mucho más de lo que costo. Un
 éxito descomunal ligado a una banda sonora en la que por encima de todo destacan dos temas icónicos de Iggy Pop: Lust For Life y The Passanger y en la que por supuesto también tiene su momento Perfect Day de la Velvet Underground. Se puede hurgar más en la banda sonora pero en mi casa siempre relaciono este film con la peculiar figura de la Iguana. 

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi esta película y con quién. Cinco colegas nos juntamos para ir un día de diario a la última sesión. El cine estaba a tope y es de esas ocasiones en las que incluso te pierde diálogos por el atronador volumen de las carcajadas que te rodean. La película arranca como un tiro con el demoledor monólogo de Renton, el personaje magistralmente interpretado por Ewan McGregor, al irresistible ritmo de Lust For Life. No se me ocurre una elección mejor y una forma más poderosa de empezar una película con una secuencia excelentemente rodada y de la que no puedes apartar la vista ni un momento. 

Al reconocimiento popular y unos pingües beneficios se le unieron también las consabidas críticas. La más recurrente, que la película era una apología de las drogas. Recuerdo al director Danny Boyle replicando que dudaba que a nadie que viese la película le entraran ganas de convertirse en yonqui. Y estoy de acuerdo con él.  Boyle retrata en la película la vida de unos cuantos heroinómanos que pasan momentos divertidos, como la mayoría de los jóvenes a esa edad pero que sufren su enganche y lo pagan con creces. No hay ni glamour, ni apología, todo lo contrario hay escenas realmente duras que se te quedaban grabadas a fuego en la retina.

La película se beneficia de las espléndidas actuaciones de todo el elenco. Ya he mencionado a Ewan McGregor pero no se quedan atrás un magnético Jonny Lee Miller en el papel de Sick Boy, el entrañable Spud interpretado por Ewen Bremmer y tiene momentos absolutamente gloriosos Robert Carlyle interpretando el sociópata Francis Begbie. Cuesta elegir escenas favoritas pero sin duda una de ellas es la trifulca en el bar. La gozo. Y no puedo dejar de identificarme con Sick Boy cuando le da la chapa a todo el que se le pone a tira con su bendita obsesión por Sean Connery. Me he visto en esas con Solomon Burke o Rory Gallagher ja ja.




domingo, 18 de abril de 2021

Inquietudes

Desde mi más tierna infancia he sido un tipo inquieto. Ávido por conocer y descubrir. Supongo que cuando eres pequeño eso viene de serie, esa necesidad de aprender a entender todo lo que te rodea. Y por lo general ese deseo de absorber información nos acompaña toda la vida en mayor o menor medida. O tal vez no. En mi caso es un rotundo si. Me sigue privando una buena historia ya sea escuchada, vista o leída. Sucumbo al encanto de la narración. Y esta puede venir en cualquier momento. De juerga a las tres de la mañana, tomando algo a las doce del mediodía, sentado en mi casa tranquilamente leyendo un libro o viendo una película. El filón es infinito. Y se que con está última frase más de un amigo puede hacer un chiste. 

He empezado este post pensando en escribir sobre inquietudes. Acudamos a la definición de la Real Academia de la Lengua Española. ¡Quietos ahí! Que nadie se me asuste. Definición: Inclinación del ánimo hacia algo, en especial en el campo de la estética.  Y esto me ha venido porque ayer recibí en buzón de mi casa el último disco de Alice Cooper cortesía de mi primo Oscar que acompañaba el mencionado álbum con una misiva en la que me contaba entre otras cosas su reciente descubrimiento de una librería en su ciudad especializada en cine que está al lado de la única tienda de cds y vinilos que queda en Pucela. Mola que estén juntas ya eso me parece una dichosa coincidencia. 

Antes de dar al play Detroit Stories se me ha ocurrido juntar estas líneas como tributo a mi primo con quien comparto una genuina e insaciable curiosidad. Nos mueven inquietudes similares. Reconozco que yo últimamente me especializado en carroña y derivados (y nunca tengo suficiente) pero en mis mejores días soy incluso capaz de devorar cosas de más calado como yo que sé El Hereje de Miguel Delibes o Ciudades rebeldes de David Harvey. Eso si, con mucha calma que no se le pueden pedir grandes dispendios a un celador con alma de estibador. 

A veces mi primo me cuenta que tiene tal cantidad de material pendiente de disfrutar que le viene la ansiedad ja ja. Benditos problemas del primer mundo je je. Hace tiempo que vivo en un continuo estado zen en el que disfruto de cada momento cultural, lo gozo en solitaria dicha y luego a veces junto unas líneas en este cochambroso blog o mando un mensaje a algún amigo. Compartir y el feedback siempre es importante, vital escribiría yo. Y si, en ocasiones piensas en la cantidad de material por degustar que queda y piensas joder necesito una puta excedencia de cinco años para todo esto ja ja. 

De modo que una vez más y no será la última voy a degustar el nuevo disco de Alice Cooper que siempre es bien recibido en mi casa. Y tengo ese cosquilleo que siempre me acompaña, ese eterno picorcillo signo inequívoco de inquietud. Siento una eterna admiración por al amigo Vincent Damon Furnier. Me encanta su música y conecto con el sentido del espectáculo, del show que tiene el bueno de Alice, siempre al servicio de fantásticas canciones mucho más variadas que la imagen que se proyecta de su figura siempre asociada al heavy. 

sábado, 10 de abril de 2021

Loving

Termino de ver Loving y me sigue sorprendiendo que lo que se cuenta en el film sucediese en Estados Unidos hace tan poco tiempo. Y es que por muchos libros o ensayos que haya leído sobre la segregación racial, por muchas películas y documentales que haya visto sobre el tema, en definitiva por mucho que indague en este vergonzoso asunto sigue siendo sorprendente. Incluso hoy en día se siguen sucediendo atrocidades impensables en el supuesto lugar de la democracia por antonomasia. Quiero pensar que la situación ha mejorado porque peor sería imposible pero no deja de perturbarme que todavía haya lugares donde suceden esas atrocidades.

En Loving Jeff Nichols nos cuenta con pulso firme, sin estridencias y con un estilo pausado y emotivo sin caer en el pasteleo la historia del matrimonio interracial Loving. Richard y Mildred se casaron en Washington DC porque en Virginia donde vivían esa unión estaba prohibida. Una noche, debido seguro a un chivatazo, el sheriff del condado irrumpe en su habitación y les mete en la cárcel alegando que la ley prohíbe el matrimonio entre personas de diferente color. Para librarse del calabazo Richard y Mildred se deben declarar culpables y no volver a pisar su estado natal en veinticinco años. Se les obliga a vivir en otro lugar. Y esto aunque parezca increíble sucedió hace apenas cincuenta años. 

Nichols opta por narrar la película de forma calmada y sosegada incidiendo en la vida tranquila de la pareja cuyo único delito era quererse. El director otorga tanta importancia a los silencios y las miradas como a los diálogos y huye de las estridencias y los melodramas baratos para configurar un film preciso y precioso, encantador, que se apoya en las excelsas interpretaciones de Ruth Negga y Joel Edgerton. Impresionantes ambos. Así, nos muestra con vocación antropológica la vida de dos personas en un entorno rural. Ese aspecto esta magníficamente retratado por Nichols que elige cada plano y secuencia en base a esa premisa pasando de lo cotidiano a lo universal. La película está muy alejada de los filmes con juicios grandilocuentes y se centra en la pareja, sus inquietudes y anhelos, la forma en que reaccionan ante una situación dantesca. Y a partir de lo cotidiano construye un discurso universal y refleja el conflicto social y político que desgraciadamente aunque en menor medida sigue vigente.

Es necesario resaltar la encomiable labor de los protagonistas magníficamente secundados por el resto del reparto. Un acierto que atañe también a los actores en los roles de los abogados que llevan al caso al Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Acertadamente Nichols no rompe la dinámica de la película con su aparición y sigue con su estilo cercano. Ambos actores (Nick Kroll y John Bass) continúan con el tono sencillo de la historia, lejos de los aspavientos tan típicos de los momentos judiciales. Todo un acierto. Nichols es capaz de conmoverte con una película sencilla y cercana en la que sientes que esa historia que te cuentan le podría pasar a cualquiera, incluso a ti.