miércoles, 20 de marzo de 2019

Ray Lamontagne and the Pariah Dogs. God Willin´& The Creek Don´t Rise

El pasado año fue el de Ray Lamontagne, por lo menos en mi casa. El barbudo de New Hampshire publicó Part of Light que incluí en mi lista de favoritos y además de sacarle jugo a ese escuché y lo sigo haciendo compulsivamente tanto Till The Sun Turns Black, Gossip in The Grain como ahora que me lo han regalado el día del Padre, Trouble. Todos a un excelente nivel pero mi favorito es este apoteósico Good Willin´& The Creek Don´t Rise publicado en 2010 y que aquel año ni olí, ni sabía quién era Ray siquiera. Puede que poco después un colega me regalase Gossip in The Grain al que no hice demasiado caso más allá del encantador single You Are The Best Thing. Pero un día comencé a escuchar de verdad ese Gossip in The Grain y el veneno de la música de este tipo se expandió de forma irremediable. Hasta el punto de que me he hecho con todos los mencionados. Una de esas benditas obsesiones que me asolan. Un no parar, un puto descubrimiento. Ahora mismo uno de mis músicos favoritos, uno de esos por los que haría encaje de bolillos para poder ver en directo. 

La música de Lamontagne se mueve en territorios tranquilos con puntuales e irresistibles arrebatos de furia. Y ambas facetas me flipan. Le comparan con The Band o con Van Morrison, también le meten en el saco de cantautores folk como Nick Drake o Dylan Leblanc. Puede ser. A mi a veces me recuerda al mejor Ben Harper, al más reposado que me gusta tanto como el fiero. Lo cierto es que el amigo Ray se lo curra y suele sorprender. Escuchando sus discos rara vez repite los mismos patrones, siempre da un pequeño giro, un desvió a veces mínimo pero suficiente para no encasillarse. Por ejemplo sus dos últimos discos tienen más que ver con Pink Floyd que con el folk así lo percibo tanto en Ouroboros como en Part of Light. Su música puede que remita a muchos clásicos pero el tío se lo hace de una forma tan personal que el resultado es que él mismo es el género. 

¿Y qué hace de este Good Willin´& The Creek Don´t Rise algo tan especial? Pues además de una ristra de canciones perfectas, diez temas a cada cual mejor sin relleno que lo grabó con unos músicos excepcionales. Pura crema. Me refiero a uno de mis baterías favoritos de todos los tiempos: Jay Bellerose a dos guitarristas con curriculum espectacular Greg Leisz (imposible mencionar la ristra de clásicos en los que ha participado este sujeto) y Eric Heywood (Alejandro Escovedo, Joe Henry o The Jayhawks). Ambos se compenetran a las mil maravillas intercambiándose la pedal steel y la eléctrica. Y sin olvidar a Jennifer Condos al bajo, otra que ha grabado con todo quisqui (Ryan Adams, Joe Henry o Jackson Browne). Imposible imaginar que el amigo Ray haya estado mejor acompañado en su vida. Escuchar a esta troupe en directo tiene que ser la hostia.

En Good Willin´& The Creek Don´t Rise da rienda suelta a su particular mezcla de blues, folk y country-soul todo ello servido con una elegancia sublime. Y lo percibes desde esa inicial Repo Man, un tema con un contagioso toque negroide que me atrapa sin remisión. Le sigue una de las baladas más emocionantes que he escuchado en mi vida. Joder, a ver quién no se derrite ante New York City´s Killing Me. La puta de Oros, qué emoción. La que da título al álbum no le va a la zaga, es igual de sobrecogedora, tanto Heywood como Leisz arropan con su pedal steel a la acústica de Lamontagne y el tema va creciendo hasta el infinito y más allá.
 
Me puedo imaginar sonando a toda mecha en la sala BBK o en el Antzoki Big Steal Or Borrow con ese sugerente inicio de nuevo cortesía de Heywood y Leisz. Y es que a veces no necesitas que un tema sea cañero para percibir una fuerza descomunal que es lo que me ocurre con la música de este sujeto a menudo. En mi cabeza Big Steal Or Borrow es tan cañera como cualquier puto tema de Anthrax o Monster Magnet. Yo sé lo que me escribo ja ja. Por supuesto en todas las mencionadas y las que quedan la interpretación vocal de Lamontagne es contagiosa a más no poder, con esa voz rasgada y esos ocasionales falsetes como en This Love is Over, otra pieza antológica. Su voz transmite en cada palabra que canta. 

Like Rock & Roll Radio es la única canción de todo el disco que Ray no cuenta con la estratosferica banda mencionada anteriormente. No importa el tipo se las apaña con la acústica y mete la armónica en el momento justo para que el tema no decaiga. Antes Old Before Your Time nos ha llevado por la senda más folk con el banjo de Greg Leisz comiéndose la canción y For The Summer es otro de esos temas que me imagino interpretado a cholón, a fuego, a toda máquina en una sala pequeña dejándome llevar por completo.  El cierre con Devil´s In the Jukebox es perfecto. Una coda blues, apegada a la tierra con ese puto sonidazo grueso. Madre del amor hermoso pero como lo flipo con el colgado este.




domingo, 17 de marzo de 2019

BACK TO VINYL: U2. The Joshua Tree

Supongo que una de las giras más exitosas de 2017 fue la que conmemoraba el 30 aniversario de la edición de The Joshua Tree el álbum que sitúo a U2 en lo más alto. No hay como desempolvar un disco de esos míticos y montar una gira para seguir haciendo caja. Lo hacen casi todos. Y por supuesto U2 no iban a ser menos. Desconozco los resultados comerciales (insisto supongo que los irlandeses habrán obtenido pingües beneficios) y los artísticos. Tal vez Bono, The Edge, Larry Mullen y Adam Clayton no estén para muchos trotes o quizá en directo siguen siendo una banda fiable. En estudio sus últimos pasos son anodinos a más no poder como comprobé la semana que salió Song of the innocence. Lo tuvimos puesto varios días en la tienda y aquello era de una sosez supina. 

De modo que me olvido de los U2 actuales. Realmente es una banda de la que me desentendí por completo hace años pero no reniego de varios de sus discos. Para nada. No los escucho como a finales de los ochenta y principios de los noventa (que era a todas horas) pero si estoy en un garito y suena cualquier tema de The Joshua Tree, Rattle & Hum o Achtung Baby los sigo disfrutando y mucho. Aunque mi exposición a su música ha disminuido mucho un par de veces o alguna más al año hago sonar a tope uno de los discos mencionados. Mi favorito siempre fue The Joshua Tree. Incluso cuando salió la edición conmemorando el 20º aniversario ( si también celebraron esa fecha) me regalaron la consiguiente caja conmemorativa. Una edición a la que fui sacando partido con el paso de los años. 

Poco queda por escribir sobre The Joshua Tree. En mi caso mi fascinación por este álbum viene del mismo momento de su publicación. Y todavía me acuerdo cuando dos años después de la misma mi tío Julio me compró el vinilo en El Corte Inglés. Un disco que escuche compulsivamente y del que lejos de renegar sigo aplaudiendo cada uno de sus cortes. Es más incluso la trilogía inicial, radiada hasta la saciedad me parece sublime. Y eso es algo que no me sucede con los singles sobreexpuestos de otras bandas. Por ejemplo no soporto Walk of life o Money for nothing de Dire Straits, ni Roxanne de The Police, ni Born in the USA de Bruce Springsteen (el mejor momento para ir al baño en sus conciertos). 

Pero The Joshua Tree es mucho más que esas tres canciones tan famosas. Todos los cortes rayan a una altura espectacular ahí esta la cortante Bullet The blue sky a la que le sigue una de mis favoritas de su amplio repertorio Runnig to stand still con una excelsa interpretación vocal de Bono una constante en todo el álbumLa cara B es para enmarcar con algunos de los momentos más sobrecogedores en la carrera de estos tipos: Red Hill Mining Town, In God´s Country o Trip Through your wires hubiesen podido ser unos singles tan atómicos como los Where the streets have no name, I still haven´t found what I´m looking for y With or without you. Y no es ningún farol.



Mentiría si no escribiese que One Tree Hill es una de mis canciones favoritas y no sólo de este disco o del conjunto de las rodajas de los irlandeses. De la puta historia, para que nos vamos a engañar. Ni se las veces que la pude pinchar y todavía hoy me emocionó con la coda final: Oh, great ocean, Oh great sea, running to the ocean, running to the sea... Según la Wikipedia fue lanzada como single pero sólo en Nueva Zelanda y Australia y está dedicada a Greg Carroll. Un tema que rompió moldes fue Exit, con una hipnótica progresión que desemboca con los cuatro músicos dándole caña al asunto.

Un aspecto importante del álbum, vital es la producción a cargo del zumbado de Brian Eno y Daniel Lanois. Lejos de moverse en los resbaladizos terrenos de los ochenta el disco tiene un sonido muy bueno en el que se aprecian con nitidez todos los instrumentos y en el que la mezcla me parece cojonuda. Esta tarea corrió a cargo de Steve Lillywhite y el tipo se luce, la verdad. Se aprecia todos los instrumentos en igualdad de condiciones. Es innegable la importancia de la guitarra de The Edge, un sonido peculiar, personal, reconocible y que siempre me encandiló pero no menos fundamental es la perfecta sincronización de la sección rítmica con Adam Clayton al bajo y Larry Mullen Jr a la batería. Lo dicho jamás renegaré de este vinilo. 



domingo, 10 de marzo de 2019

BACK TO VINYL: Etta James. At last!

Una de las pocas cantantes que por trayectoria y calado en la música popular que se me ocurre podría hacer sombra a la inigualable Aretha Franklin es sin duda Etta James. Desconozco si se admiraban, pasaban la una de la otra o simplemente ni se conocían. Pero considero que tal asunto podría dar para una buena serie de ficción. Chaladuras que tiene uno. En cualquier caso Etta James en mi casa está muy cerca de Aretha y tiene unos cuantos discos que son tan sublimes como las grandes obras de Franklin. At Last! sin duda es una de esas rodajas apoteósicas en la brillante trayectoria de Etta James

Esta primera obra para el sello Argo se reedito después en el sello Chess de Chicago nos muestra muchas de las excelencias de la sin par Etta James. Su facilidad para maravillarnos en clásicos números de querencia jazzy (A Sunday Kind of Love o Stormy Weather), el torbellino imparable cuando abordaba números R&B como I just want to make love to you o la forma inigualable de transformar el tema At Last en la puta mejor canción sobre la faz de la tierra. Recuerdo que la primera vez que escuché esta canción fue en la serie Doctor en Alaska y días después me compré mi primer recopilatorio de esta mujer. 

Una de las bazas imparables de Etta James era su versatilidad. Capaz de navegar por diferentes estilos aportando en cada uno su inequívoca personalidad. En At Last nos percatamos de ello. Es un disco variado que no se decanta por ningún género y que lejos de por ese motivo carecer de unidad el empaque se lo da la poderosa voz de James. Una mujer capaz poner todo el sentimiento del mundo en cada toma. Alguien que se sumergía en la canción en cuestión otorgándole un plus. Si además estaba bien rodeada nada podía fallar. Es el caso de At Last! Una vuelta el vinilo por todo lo alto. 




lunes, 4 de marzo de 2019

Warrior Soul. Mendigo Barakaldo 03/03/19

Es probable que la anterior vez que pisé el Mendigo acabase potando. Con suerte fuera del local y sin ayuda. Estamos hablando de por lo menos veinte años. Supongo que Kory Clarke hace un par de horas tras terminar el show que Warrior Soul han ofrecido en el bar Mendigo habrá terminado parecido a mi con la notable diferencia de que este sujeto tiene más de cincuenta y yo no era más que un inconsciente veinteañero. 

Pues bien este elemento se ha cascado hace unas horas uno de esos conciertos tan queridos para mi. Toda una declaración de rock sucio y salvaje, sin imposturas, dándolo todo desde el minuto uno. Deliciosamente imperfecto y totalmente imprevisible. A eso de las 20:40 ha aparecido la banda dándole duro y apenas un minuto después un Kory tambaleante ha saludo a las primeras filas se ha acercado al micro y ha empezado a cantar con una voz cazallosa a más no poder. La madre que lo parió. 

Dicharachero e hilarante por momentos entre canción y canción ha abierto a todo trapo con American Idol o eso creo recordar y en todo momento era imposible quitarle la vista de encima a este tipo en continua ebullición. Sus compañeros de banda a veces le miraban sorprendidos, otras desconcertados, a ver por dónde iba a salir y ha salido por todo lo alto con hard rock directo, con ramalazos punkarras y con el personal entregado. Han caído algunos temas de su clásico Spage Age Playboys y tengo la sensación de que bastante de Back on the lash su último álbum hasta la fecha. Lo mejor de todo es que han estado casi hora y cuarenta minutos a toda intensidad. Mucho más de lo que esperaba. Lástima que el bolo no haya caído en sábado. He salido con la misma eufórica sensación que tuve tras ver a The Black Halos en el Antzoki hace casi tres años




viernes, 1 de marzo de 2019

Marah. East/ The Demon of White Sadness

Algunos de los conciertos más apoteósicos que he visto en mi vida han sido en garitos pequeños, muy pequeños. Un buen bolo de rock´n roll  en las distancias cortas rodeado de amigos  no tiene precio. También la he gozado en recintos más grandes sobre todo si he podido estar en las primeras filas pero nada puede competir con un buen show in your face, a escasos metros. Noches etílicas, radiantes, de esas que no quieres que acaben nunca. Y lo hecho de menos. Sigo disfrutando de la música en directo y espero seguir así por muchos años. Pero no sé porqué hoy he tenido un furibundo ataque de nostalgia y me he acordado de una banda que era la rehostia en esos antros pequeños. Las dos primeras veces que tuve la suerte de ver a Marah me volaron la puta cabeza. Les tengo muy perdida la pista, de hecho no creo ni que  existan pero dejaron un legado que en mi casa suelo recuperar a menudo en días soleados como hoy. Siempre tengo un hueco para 20000 streets under the sky e If you didn´t laugh, you´d cry. 




sábado, 23 de febrero de 2019

Robert Hilburn. Johnny Cash

Uno de los indiscutibles iconos musicales y culturales de Estados Unidos es sin duda Johnny Cash. El Hombre de Negro despunto a mediados de los cincuenta en el sello Sun bajo el auspicio de Sam Phillips, conoció la gloria absoluta a finales de los sesenta con sus dos discos grabados en las prisiones de Folsom y San Quintin, tuvo su propio programa de televisión con un considerable éxito, comenzó a zigzaguear a mediados de los setenta, naufragó hasta límites insospechados en los ochenta y surgió con más fuerza que nunca bajo la batuta de Rick Rubin a mediados de los noventa con la impoluta saga American Recordings. Todo ello y mucho más está maravillosamente glosado en esta monumental biografía escrita por Robert Hilburn que tuvo el privilegio de cubrir el concierto en la prisión de Folsom para el periódico Los Angeles Times. Lo edita Es Pop ediciones lo que es garantía de calidad. Una editorial imprescindible, un puto milagro en este país. 

Hilburn nos cuenta de manera arrebatadora la vida y obra de Johnny Cash a lo largo de más de seiscientas páginas y cuando terminas no quieres hacerlo porque el resultado es despampanante. El trabajo de documentación es exhaustivo, inmejorable y el autor sabe dosificar la información de forma brillante, encajando las palabras como en la mejor literatura. El volumen combina a la perfección los aspectos musicales con los vitales, unos no se entienden sin los otros y juntos dan forma a una especie de novela río, tan buena como cualquiera de las míticas que se te pase por la cabeza.



Hilburn intercala testimonios de sus múltiples entrevistados con su prosa pero indudablemente ésta tiene más peso y se torna definitiva. Hay anécdotas de todo tipo. No puede faltar la cuota de destrozos en hoteles y actitud pendenciera en la que al parecer también Johnny Cash fue pionero. La dependencia de Cash de las anfetas está glosada con todo lujo de detalles. Y en este asunto como en tantos otros Hilburn no parece dejarse nada en el camino. Al igual que hizo Zanes en la biografía de Petty las partes oscuras lejos de estar sepultadas están tan expuestas como todo el brillo musical de la carrera de Cash. Y ese es un aspecto que se agradece. Nada de medias tintas ni paños calientes. A fuego.

Como tantos otros de mi generación conocí la música de Johnny Cash a raíz de la publicación de la serie American Recordings. Aquellos discos me volaron la cabeza y lo siguen haciendo cada vez que los pongo. En el libro hay un capítulo que se titula Rick Rubin y no es para menos porque el barbas rescató a Cash de la más absoluta miseria artística. Era difícil caer mas bajo de lo que estaba Cash en aquellos años. Toda esa etapa está prodigiosamente documentada y escrita en el libro de Hilburn. Es alucinante el contraste que se dio en los días en que Johnny Cash estaba grabando con Rubin. Al mismo tiempo para mantener a toda la troupe que dependía económicamente de él, Cash estaba confinado en un pueblo perdido del medio oeste americano, pasto de una nostalgia rancia y chusca. Daba concierto para doscientas personas en un tinglado medio turístico y estaba deseando salir de allí para grabar con Rubin. Es demencial. Su hija Rosanne Cash afirma rotunda que Rubin le salvó la vida. Y tal como está contada esa parte tienes esa sensación, no se trata sólo de música, es la música como salvación, como redención, como una segunda, tercera o cuarta oportunidad. Un capítulo estremecedor.

Pero antes de llegar a una coda artística final brillante a más no poder se recorren los casi cuarenta años de carrera. La primera etapa en Sun es fantástica, la vitalidad y el empuje de Cash a mediados de los cincuenta y en buena parte de los sesenta ya en el sello Columbia tiene muchos picos altos pero está también salpicada de zonas oscuras. Y Hilburn no esconde nada. Muchas anécdotas relacionadas con el exacerbado consumo de anfetas por parte de Cash son increíbles. Lo lees y piensas en cómo pudo llegar este tipo hasta los setenta y un años. Parece un milagro. Algo que seguro le gustaría pensar al propio Cash, ferviente religioso, de esos que viven con la culpa por caer en las tentaciones. 

Muchas personas que rodearon a Cash a lo largo de su carrera tienen un carisma casi tan grande como el propio Hombre de Negro. Por ejemplo tanto la aparición en escena de Kris Kristofferson como la de Marty Stuart son antológicas. El capítulo en el que sale por primera vez Kristofferson es una delicia, es más cuando lo estaba leyendo no podía dejar de pensar que la propia vida de Kristofferson y todas sus peripecias merecerían también otro libro como el de Cash. De Stuart me gusta su personalidad. Arrebatadora. Afirma en un momento del volumen que Cash estaba rodeado de empleados y más empleados, gente que decía a todo que sí para conservar su puesto en el tinglado. Stuart se muestra combativo y no duda en hablar claro al Hombre de Negro.

Pensaba que la peor época de Cash se ceñía exclusivamente a la década de los ochenta pero su declive comenzó mucho antes. A mediados de los setenta ya empezó a dejar la música a un lado. Comenzó a centrarse en el rollo religioso. Es una parte que me ha resultado especialmente sórdida. Ese tema lo domina todo hasta el punto de involucrarse en la creación de una película sobre Jesucristo, a compartir numerosos actos con el predicador Billy Graham, a situar la religión en el centro de su vida. Esos años que van del 73 hasta que finaliza su contrato con Columbia son en lo artístico un páramo casi absoluto. Ni mencionar su etapa en Mercury con discos sin vida, vacíos, sin nada que rescatar.


Otro aspecto que da mucho juego, fundamental es la relación de Cash con su primera mujer, Vivian Liberto y luego con June Carter. Con la primera tuvo cuatro hijas con las que en muchos momentos mantuvo una difícil relación , un aspecto que torturaría a menudo a Cash, y con la segunda el camino está plagado de picos y bajos, con momentos de absoluta locura. También tiene mucha importancia el tema de la delicada salud de Johnny Cash, una constante en su últimos tres lustros de vida con continúas entradas y salidas del hospital. De hecho cuando Cash murió parecía mucho mayor de lo que era. Los últimos momentos en la vida de Cash son sobrecogedores. Lo mejor, lo realmente sorprendente y aplastante es que lograse grabar en esos últimos años sus mejores discos. Una idea que Rubin le lanzó desde el principio, diciéndole: quiero grabarte tu mejor disco. Y el baRbas lo consiguió, ya lo creo que si.











viernes, 15 de febrero de 2019

Cracker. Kerosene Hat

Kerosene Hat fue el primer disco de Cracker que entró en mi casa. Pertenece a esa época en la que solía quedar con dos colegas de mi pueblo con los que intercambiaba material. Esos tiempos en los que grabábamos cds e incluso fotocopiábamos en color las portadas. Suena a Pleistoceno. Uno de estos amigos me dijo prueba con estos, creo que te van a gustar. Y lo hicieron. Especialmente me golpeó fuerte el que fue el single del disco, Low, la clase da canción que escuchaba en bucle y que grababa en los recopilatorios en cinta que solía hacer. Ahí nunca faltaba. 

Este disco se publicó en 1993 en plena época grunge y aunque parezca mentira a Cracker se les relacionaba de alguna forma con aquellas bandas por singles como Low y tres años después especialmente por I hate my generation, tema que Perez Brian ponía una y otra vez en su programa de 4 a 3 de Radio 3. En cualquier caso fue algo efímero, cuestión de cinco minutos pero que coincidieron con el momento de máxima popularidad de la banda. Y es que Kerosene Hat casi llegó al platino en USA. Poca broma y su máximo esplendor comercial que poco a poco fueron perdiendo, no así el artístico. 

A pesar de ese fuerte golpeo con Low o Get Off This, Kerosene Hat al igual que buena parte de la discografía de esta banda la he ido padaleando con los años. Y es que Cracker se ha convertido con el paso del tiempo en una de mis bandas favoritas. De las que más discos escucho enteritos a menudo. De esos que nunca te abandonan. Puede que el punto de inflexión fuese cuando les vi en el Festival Azkena de 2003. Allí empezó un idilio que a día de hoy alcanza cotas inverosímiles. Y es que lo flipo con esta banda. Siempre les tengo presentes. Quiero que hagan gira todos por estos lares todos los putos años. Con indescriptible fortuna de verles en salas pequeñas, a escasos metros. Una puta locura.

Para muchos Kerosene Hat es su mejor disco. Para mí un día lo es al siguiente ese puesto lo ocupa otro, tal es el nivel de casi todos. Quizá Gentleman´s Blues sea imbatible. Aunque insisto cuando escuchas otro te dices este también. De lo que no cabe duda es de que este álbum está repleto de temazos, auténticos clásicos que la banda suele ejecutar en directo: Low, Get Off This, Sweet Potato o la celéberrima Euro Trash Girl, que figura como track oculto. Y si, todos esos singles están chulos aunque confesaré que si no tocan Euro Trash Girl en sus conciertos no voy a ser yo el que la pida. Pero hay mucho más. 

Esas canciones que en aquellos tiempos sumergido en plena era grunge no saboreé tanto o no al menos como muchos años después. Me refiero a delicias como Take Me Down to the Infirmary, Nostalgia, Sick of Goodbye o I want everything que tuve la suerte de disfrutar en su concierto de hace un par de años en el Antzoki. Temas repletos de matices, eclécticos, difíciles de encajar en ningún estilo, algo que tal vez a nivel comercial percibo que les ha perjudicado. Y es que Cracker es un grupo peculiar cuya sinergia entre sus dos líderes, Lowery y Hickman, es difícil de igualar. Unos tipos que se complementan a la perfección y que han sacado adelante una carrera en la que perderse una y otra vez. Unos auténticos supervivientes a los que es un placer seguir. Y si, lo voy a escribir de nuevo y no será la última. Cracker Forever!!!





domingo, 10 de febrero de 2019

BACK TO VINYL

Este año voy a inaugurar una nueva sección en este cochambroso blog. Esta vez va en serio, seré constante. Los domingos es el día ideal. Es la jornada libre, esa en la que se dispone de más tiempo. En mi caso al menos suele ser el día que más discos escucho en casa, tranquilamente. Recientemente nos hemos hecho con un equipo de música de segunda mano que tiene plato para vinilos, formato que abandoné cuando me emancipé de casa de mis progenitores. Hace 19 años casi nadie compraba vinilo, estaba más que sepultado. El formato ya estaba casi desaparecido así que cuando me compré el equipo de música para mi nuevo hogar decidí no poner plato. 

El formato rey en mi casa es el Cd. Me he acostumbrado y me gusta pero poco a poco me ha vuelto el gusanillo por disfrutar de los vinilos. No tengo una extensa colección. Es más no me gusta el término colección porque lo que entra en casa es para ser escuchado. Ni soy completista ni jamás me ha ido el tema de las ediciones raras ni chuflas de esa. Respeto al que quiere tener todo de Neil Young  pero eso no va conmigo. Reactor o Trans sólo cogerían polvo en mis baldas. De modo que está vuelta es tranquila y sin perder la chaveta. La oportunidad de comprar vinilo surge cuando tenemos 3x2 en la tienda, cuando se deprecian o recurriendo al mundo del soul y jazz donde hay mejores precios y tengo un filón amplio. Sin ir más lejos los tres vinilos que salen en la foto me han salido por 28 euros. Así si puedo comprar pero invertir 30 euros en el Liquid Spirit de Gregory Porter o 29 por Freedom´s Globin de Ty Segall por mucho que me gusten, ni de coña.

La discusión sobre la calidad del sonido viene de lejos y suscita polémica entre los sibaritas de la alta fidelidad. La plebe no distinguimos tanto. Sospecho que lo que realmente tiene importancia es tener un buen equipo de música y tanto el cd como el vinilo suenan bien, mejor que el mp3 que tampoco suena tan mal. En el tema de la conservación no hay color, el cd aguanta mejor el paso del tiempo y no requiere un cuidado excesivo. El vinilo es mucho más delicado hay que limpiarlo bien, tener más cuidado y su conservación es más compleja. Es más cada vez que pones un vinilo poco a poco su calidad se va desgastando. Todavía estoy esperando a que se me estropee un cd. Ni uno se me ha roto. De modo que lo escrito, Back to Vinyl con mucha calma, escuchando los que ya tengo y adquiriendo gangas cuando las haya. Salud!









viernes, 8 de febrero de 2019

Examen de conciencia

Esta tarde se ha celebrado una manifestación en la Plaza San Pedro de Deusto en apoyo a las víctimas de abusos sexuales acontecidos en los años ochenta en el colegio Salesianos de ese barrio bilbaíno. Uno de los lemas es que la verdad no prescribe. Así debería ser pero desgraciadamente legalmente la protección a las personas que sufren esta situación deja mucho que desear. Y por supuesto comparada con algunos países europeos más preocupados por el tema es de risa. Como tantos otros asuntos que suceden por estos lares. Para más inri, esta mañana he escuchado en la Ser a un representante de la iglesia vizcaína que declaraba que no iban a acudir a la convocatoria porque los viernes es un día de mucha labor y no les encajaba. Para flipar. 


En este desastroso contexto Examen de conciencia es un necesario y lúcido documental disponible en la plataforma Netflix sobre una de las lacras más tapadas en la sociedad actual: los abusos sexuales, las violaciones cometidas por curas en diferentes instituciones escolares repartidas por toda la geografía española. Una vergüenza sangrante que en este espacio se aborda con las palabras adecuadas sin subterfugios mediante los explícitos testimonios de unas cuantas personas que sufrieron abusos sexuales. El peso narrativo del documental lo lleva una de esos niños ahora adulto que pasó por esa terrible situación, Miguel Hurtado, una persona comprometida, luchadora que ha decidido contar su historia y de paso ayudar a personas que como él tuvieron la mala fortuna de encontrarse con seres abominables cuyos delitos encima han prescrito. 

El documental aborda la cuestión sin miramientos, entrando en los detalles de tan escabrosas historias, dando la voz a las víctimas y mostrando la penosa actuación de la Iglesia. El modus operandi de la institución eclesiástica es siempre el mismo, rara vez discuten la veracidad de los abusos, se limitan a pedir perdón, a recolocar al párroco que cometió la tropelía en cuestión en otro lugar cuando no a condecorar a semejantes personajes con distintos premios y honores. Mientras la tan cacareada tolerancia cero contra la pederastia que pregona el Papa Francisco no es más que una operación cosmética que conviene desmontar cuanto antes. Por eso y por muchas razones más Examen de conciencia es un documental necesario, vital para dar a conocer una historia que no se debe repetir jamás. El miedo que ha sentido mucha gente que ha padecido lo indecible debe ser pasado a los criminales que hayan cometido tales tropelías. Espero que esos malnacidos no puedan conciliar el sueño.


sábado, 2 de febrero de 2019

¿La inminente muerte del cd?

A diario por mis manos pasan cientos pero dicen que les queda poco, muy poco. Varios artículos le han puesto fecha y todo. En 2022 parece que los cds pasarán a mejor o peor vida, quién sabe. Lo cierto es que el declive del formato es imparable. Aún cuando todavía se venden millones de unidades la industria discográfica ha virado irremediablemente al streaming. Hace tiempo que los enemigos ya no son ni la piratería, ni las descargas digitales sino Spotify y Youtube. Contra esos no hay quien luche. La batalla está perdida. Es mejor aliarse con el enemigo que considerarlo como tal.

Investigo sobre el tema porque siempre me ha interesado y porque el otro día en una entrevista que estaba leyendo en Popular 1 el redactor Luis Aragón señalaba el 2022 como la fecha señalada. Por la red circulan varios artículos en ese sentido. En el blog de Rockrollmotherfuckers su autor también da prácticamente por finiquitado el formato aunque como casi siempre hay voces discordantes que nos recuerdan que esta muerte ha sido anunciada desde hace una década y todavía siguen entre nosotros. Lo más rocambolesco del caso es que el cd va a morir por el streaming y el formato físico que va a prevalecer va a ser el vinilo. Hay que joderse. Desterrado en los noventa ha vuelto aunque su retorno ni de lejos roza las cifras de las ventas de cd ni creo que las consiga. Y hay mucho postureo, pero mucho.

El futuro que ya está aquí nos señala consumidores encantados con su suscripción a Spotify y sibaritas con poder adquisitivo escarbando en las cubetas de vinilo que pagarán a precio de sangre de unicornio. La plebe rastreará las cubetas de segunda mano. Mientras el formato cd, ese que triunfó por todo lo alto en los noventa y la siguiente década será pasto de rednecks, ja ja. En fin ojalá me equivoque y convivan todos los formatos, eso sin duda sería lo mejor para el consumidor pero mucho me temo que las armas están preparadas y la sentencia de muerte sólo espera a ser ejecutada. Aunque este mundo está tan jodidamente loco que cuando se destierre el cd tal vez empiece a ser considerado objeto de culto. Y entonces se paguen cifras astronómicas por ellos. Eso si que sería rocambolesco.






jueves, 31 de enero de 2019

Derek Trucks Band with Solomon Burke. Like Anyone Else


There are times I do, there are times I don't

First I say I will, then I say I won't, make up your mind
Heaven knows I can, then I say I should
Then I start to doubt if I really could oohhh oohh
So turned around, so turned around, so turned around
Figure it out babe

Think about it baby
I'm just trying to understand ohh
Just really, really who I am
Ohh oh who I am oh lord lord lord now
Is there any truth, is there any doubt

Born of the flesh, Trying to figure out my purpose in life
I feel I wanna be a servant of the cause
Got to change my ways, tribulation loss
Starting right now, right now, right now, right now, right now
Realizing baby

Working and working and working it out working it out baby
Cause I got to leave here -?
I really wanna know who, who I am
Oh

lunes, 21 de enero de 2019

10 aniversario de Es Pop Ediciones

El pasado mes de diciembre Es Pop Ediciones cumplió diez años. Con la que está cayendo en el mundo cultural y más concretamente en el editorial me parece la mejor de las noticias. Casi un milagro. Tiene un catalogo sorprendente y a todas luces exquisito. Todos los libros editados están muy cuidados y responden a los gustos e inquietudes de su responsable Óscar Palmer Yañez. Este sujeto se curra en solitario todo lo que sale y pone todo su empeño. El resultado es apabullante. 

Estos días estoy enfrascado con la lectura de Johnny Cash de Robert Hilburn que está colmando mis altas expectativas. Recomiendo encarecidamente chequear su catalogo y sumergirse en él. Ya escribí en su día que Los Trapos Sucios Motley Crue de Neil Strauss es uno de los libros más fascinantes que he leído en mi vida. Este volumen inició la andadura de esta editorial a la que deseo con todas mis fuerzas que le vaya bien y siga no diez sino veinte, treinta o cuarenta años más. 

En el apartado de biografías musicales tienen en su catalogo varias que todavía no he leído y de las que me han contado maravillas: Cowboy Song de Graeme Thomson, la autobiografía de Slash y la de Lemmy. Muy divertido el ensayo musical Fargo Rock City de Chuck Klosterman antes o después caerá Todo el mundo adora nuestra ciudad de Mark Yarm y espectacular la biografía sobre Jim Thompson, Arte Salvaje de Robert Polito tan adictiva como las propias novelas del autor. Otro libro impresionante que no me canse de recomendar cuando estaba en la sección de libros de mi actual empresa.

Podría seguir hasta mencionar todo su catalogo y no es un farol. Todos los volúmenes responden a mis inquietudes. Es más debería haber algún mecenas cultural, alguien asquerosamente rico con inquietudes culturales que pusiese millones de euros sobre la mesa y le diese carta blanca a Óscar Palmer para que editase todo lo que se le pase por la cabeza. Pero como no es así ni va a ser (a no ser que a mi me toque la lotería) sólo espero que este reducto milagroso siga por los siglos de los siglos como hasta ahora que ya es la rehostia. 


martes, 15 de enero de 2019

Top Ten Deltonos

Esta mañana me ha llegado al buzón Fuego último disco de Los Deltonos junto al vinilo de Salud! A la tarde me he leído la entrevista realizada por Manel Celeiro a Hendrik Röver para el Ruta 66 así como  los comentarios sobre su discografía o esa columna que se merece por derecho propio GT, ese álbum que Eduardo Izquierdo no se cansa de recomendar. No me extraña a mi me sucede lo mismo. Disfruto de esta merecida entrevista y artículos y lo hago mientras suena a todo volumen Buenos Tiempos otra rodaja por la que siento predilección. Y ayer me encasqueté por millonésima vez Salud! No tengo remedio soy un hombre enfermo. Y ya puestos voy a hacer un Top Ten, algo totalmente innecesario y superfluo pero que me divierte. Y como me sucedió con los Cuervos me he de estrujar mucho la materia gris para escoger sólo diez temas de estos tipos. Es una locura. Una temeridad. Habrá segunda y tercera parte. Fijo. 



Noroeste
















martes, 8 de enero de 2019

Los Deltonos

Por segundo mes consecutivo Ruta 66 consagra su portada a una veterana banda española. Si en diciembre fueron Sex Museum los que tuvieron tal honor la revista saluda 2019 con Los Deltonos. No se me ocurre una elección más atinada y justa tanto por la sintonia del combo cántabro con la publicación como por la posibilidad de dar a conocer el legado de estos tipos que están a punto de sumar una nueva rodaja ya que hoy se publica Fuego, decimocuarto disco de una trayectoria impecable y me temo que muy desconocida.

Ni que escribir tiene ya le he dado al click y aprovechando la oferta he sumado a la colección el vinilo de Salud!, uno de mis favoritos en la carrera de Hendrik y cía. Paladearemos el nuevo y le daremos el tiempo que se merece, por descontado. Llevo unos años en los que Los Deltonos suenan en mi casa a menudo. Y cada día la gozo más. Es el momento de juntar unas letras sobre su anterior disco, el homónimo publicado en marzo de 2017.



El álbum lo compré por su web a principios del mes de abril de año de su edición y me esperaba otro rodaja tan luminosa como Salud! un disco que todavía escucho a menudo. Pero resulta que el camino que tomaron Hendrik Röver y compañía fue más pedregoso y arisco. La fotografía que capturó el momento de la banda puede que saliese más áspera y dura aunque con momentos muy luminosos y con la certera prosa de Hendrik Röver, una vez más demostrando que es un letrista excelso, capaz de dar en el clavo en los tres o cuatro minutos que dura una canción.
Merecida portada rutera


Hay unos cuantos temas que encajarían sin problemas en aquella primera etapa más blues rock como No saber, La Verdad o Caviar, otros, en cambio no desentonarían para nada en los soberbios, GTBuenos Tiempos o Salud!.En el sabio equilibrio entre ambas facetas y algunas más reside el éxito de otro buen disco de Los Deltonos. En la lírica Hendrik sigue tan atinado como siempre. Bien es cierto que en este disco hay dos o tres temas más ligeros, cachondos sin mucha doblez (Más cencerro o Caracartón) pero sigue con su pequeña narrativa ácida y mordaz en temas tan redondos como Tiempos mejores o Al final de la escapada (mis favoritas) y en la tradicional tonadilla anticlerical: Sanmartín.

El sonido del álbum es otro de los puntos fuertes. Me encanta esa contundencia cortante de gemas como ColisiónMagia Impostor.  En todos ellos me gusta mucho la labor del batería Javi Arias, esa pegada seca, una batería de verdad a la que se suma la perfecta compenetración a las guitarras de Fernando Macaya y Hendrik Röver y el bajo de Pablo Z. Colisión es el tema perfecto para entender la sinergia que se produce entre estos cuatros tipos. Una de las canciones más largas de su carrera a la que me costó pillar el punto y que hoy en día es una de mis favoritas. ¡Larga vida a Los Deltonos!



Qué felices éramos cuando vivíamos al sol 
Antes de que el cáncer le cogiera gusto a devorarnos 
Qué felices éramos con sólo respirar 
Antes de que el aire se empeñara en ahogarnos 

Se oyen rumores 
Los tiempos mejores no van a volver 
No ayuda que llores 
Disfruta las flores que quedan de ayer 
Pequeños errores 
Que se hacen montañas para luego caer en silencio... 

Qué felices éramos mojándonos los pies 
Antes de que el agua y su poder nos arrastrara 
Qué felices éramos en nuestra ingenuidad 
creyendo que el tiempo era nuestro y no pasaba 

Qué felices éramos (y) qué lejos queda ya 
Cuando no necesitaba recordarte mis poderes 
Qué felices éramos parece un siglo atrás 
Cuando éramos nosotros los dueños de las redes 

Te tengo (y) lo sabes 
Se queman tus naves enfrente de mí 
Se hunden a pares 
En aguas revueltas que no dejarán de subir 
Rumores 
Los tiempos menores se van a quedar 
Como recuerdo de nuestra pasividad

domingo, 6 de enero de 2019

Queridos Reyes Magos...

Queridos Reyes Magos un año más dado mi excelente comportamiento y lo buen tipo que soy vengo a pedir... Será por pedir. Lo primero y fundamental: Salud, la paz mundial y buenas vibraciones que estoy hasta el gorro de personal cenizo. A partir de ahí unas cuantas chucherías. Encabeza la lista una jugosa biografía sobre Johnny Cash escrita por Robert Hilburn. Y ya. Que es un tocho de cuidado. Bueno que venga acompañada un par de días después con el nuevo disco de Los Deltonos.

Ahora viene lo complicado. Pedid lo imposible, amigos. Sigo queriendo que Buddy Miller y Jim Lauderdale vengan a tocar a Bilbao a la sala BBK (o a otro sitio tampoco me voy a poner estupendo) con sus músicos de confianza y las McCrary Sisters. En mi lista de prioridades en directo continúan The Avett BrothersGregory PorterTom JonesBen HarperTedeschi Trucks Band, Steve ConteJoe HenryFun Lovin´Criminals, Soul Jacket, Julian MaesoWalking Papers (si es posible con Duff), Chris StapletonMavis Staples, Chris Robinson y Sturgill Simpson cuyo A Sailor´s Guide To Earth me sigue volviendo loco.  Y se añaden con inusitada fuerza Ty Segall, Father John Misty y Marcus King Band. Por supuesto esa gira por el viejo continente que no se materializa de Van Halen y John Mellencamp. El jodido Mellencamp que no cruza el charco ni de coña. David Gilmour, que parece que lo quiere dejar, que se casque una gira que pase por estos lares. Alice In Chains cuyo Rainier Fog me tiene obnubilado.

Por supuesto no me importaría repetir con William BellCracker (a ser posible con la teclista, que venga Pistol también si quiere pero las teclas, ese piano!!!), The Jayhawks, Los DeltonosChris IsaakSteve Earle & The DukesNorth Mississippi AllstarsTom WaitsAlice CooperNeil Young & Crazy HorseMichael MonroeSocial Distortion, Tesla y Bruce Springsteen. Tengo mucha curiosidad por ver como se desenvuelven Levi Parham, Ray Lamontagne o Spiritualized a los que el año pasado he dedicado toda mi atención. 

Siguen pendientes muchas biografías, es necesario que se traduzcan a la lengua de Cervantes, encabeza la lista Over the top and back de Tom JonesFortunate Son de John FogertyThe renegades of music & Why we still need the them de Huey MorganDream Boogie: The triumph of Sam Cooke de Peter GuralnickCrazy From the Heat de David Lee RothDon´t let the Green Grass Fool You: A Siblings Memoir about legendary Soul Singer Wilson Pickett de Louella PickettDivided Soul: The Life of Marvin Gaye de David RitzSammy Davis Jr: A personal Journey with my father de Tracey DavisRespect Yourself: Stax Records and the Soul Explosion de Robert GordonSoulsville USA: The story of Stax Records de Robert BowmanHardcore Troubador: The Life and Near Death of Steve Earle de Lauren St JohnTake me to the River: An Autobiography de Al GreenTraveling Soul: The life of Curtis MayfieldIt´s so easy and other lies de Duff Mckagan....

En fin haced lo que podáis. Prioridad absoluta Salud y Paz Mundial. Eso si que es serio. De la megalista lo que se pueda que siempre cae algo. A seguir rockeando como si no hubiese mañana. Sex, love and rock´n soul.

jueves, 3 de enero de 2019