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martes, 21 de abril de 2026

Nick Hornby. Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular

A priori relacionar las trayectorias de Dickens y Prince puede parecer una boutade de dimensiones bíblicas pero en manos de Nick Hornby cobra sentido desde la primera página. El ensayo se configura a partir de varias premisas evidentes; a saber, lo prolíficos que fueron, lo jóvenes que empezaron, la cantidad de horas que dedicaron a su arte y la pelea incruenta y loca que tuvieron cada uno con la industria que les tocó vivir. Y el resultado es un libro ameno, divertido y repleto de atinadas y certeras reflexiones sobre el mundo de la creación. Me lo he leído dos veces seguidas, la segunda solo las partes de Prince, que estoy de un púrpura que no veas. Eso no quiere decir que al vulgar celador creador de este cochambroso blog no le interese Dickens pero hoy en día el baile supera a la lectura y es fuente vitamínica fundamental en mi dieta diaria. Que no te digo que me lo mejores, iguálamelo. 

Las disquisiciones que Hornby plantea sobre los aspectos creativos son la mar de interesantes. En el caso de Prince es muy interesante la reflexión sobre supuesto perfeccionismo ya que como acertadamente señalo su ingeniera de sonido Susan Rogers, el de Minneapolis no lo era en absoluto: Si hubiera sido un perfeccionista, no habría producido tanto... Las cosas le brotaban de forma natural... no podía esperar a la perfección... Ese torrente creativo que le salía a cholón rara vez era cotejado de forma obsesiva por Prince como también indica el músico Terry Lewis quién afirma que Prince nos enseño que la perfección está en la espontaneidad.. De modo que en el estudio que se construyó en su casa comenzó a crear como si no hubiera un mañana. Hornby no entra a desentrañar cuánto de su producción fue excelente, genial, normal o mala...Se nota que le encanta su música y dada su forma de proceder se entiende que habrá de todo pero que lo genial lo era de forma superlativa.

El tema de la precocidad también asusta. Tanto Dickens como Prince crearon algunas de sus obras más emblemáticas antes de los veinticinco. A esa edad ya eran veteranos. Lo cual es un arma de doble filo. Estirar el momento creativo es otra de las cuestiones que aborda con acierto Hornby. Y de nuevo ahí entra la cuestión de los gustos, que como bien señala el autor es subjetiva y siempre lo será. ¿Cuándo empieza el declive en la carrera de Prince, si es que lo hubo? Muriendo con tan solo 58 años es inevitable pensar que todavía le quedaba mucha música por crear y tal vez recorrer caminos diferentes, alejados de todo lo que había hecho. Eso era muy propio del músico de Minneapolis. Puedo imaginármelo grabando un disco de blues crudo, de gospel electrónico o de rock´n roll desaforado... Aunque tal vez si rastreas en su discografía ya encuentras trazas de todo ello...

Produced, arranged, composed and performed by Prince

Más mandanga Púrpura. En el primer disco el pequeño genio norteamericano  se hacía cargo de todos los instrumentos (más de veinte). Todo llevaba su sello. Baterías, guitarras acústicas y eléctricas, bajos, sintetizadores, pianos.... Y toda esa artillería para añadir detallitos: campanillas de viento, glockenspiel, platillos de dedo, palmas,  tambores de agua, bongos, congas, trapecio de cepillo... Un flipado. Un apasionado total de la música que tuvo mucho tiempo para enredar con los instrumentos que había en las casas de los colegas que le daban cobijo. No hay duda de su obsesión musical, al principio de su carrera practicando a todas horas; cuando ya era una megaestrella ofreciendo largos shows en discotecas después de haber actuado en un estadio o en un pabellón. Flipante. Y en esas noches locas de aftershows se echaba a las espaldas además de temas de su repertorio, canciones de Sly & Family Stone, The Rolling Stones, James Brown, Creedence Clearwater Revival, Al Green, The Staples, James Brown, Joni Mitchell... Toda una orgía sonora. 

En cualquier caso ser un multiinstrumentista superlativo, (y Prince lo era como puede que nadie lo haya sido ni lo vuelva ser jamás) no garantiza que seas un compositor fuera de serie. No al menos desde el principio. Y aquí estoy de acuerdo con la reflexión de Hornby de que el primer disco de Prince era un buen arranque, lejos de la genialidad en lo compositivo por mucho que impresionara, y lo hace de veras que el chico que lo graba lo hace todo... Pero tal vez ese detalle en ese momento más que favorecer le perjudicase y fuese algo así como: Mirad soy Prince y vosotros no, ja ja, y toco todos los instrumentos y bailo que lo flipais, mangarranes.... Encontrar el punto en la composición le llevo un poco más de tiempo, bien mirado no demasiado... Algunos señalan Dirty Mind (1980) como su primera gran obra otros creen que Controversy (1981); los más creen que el puñetazo definitivo en la mesa fue con 1999 (1982).

Vuelta a Dickens...

Otra de las acertadas tesis esgrimidas por Hornby es la vital importancia que ha tenido el cine en asentar y volver míticas algunas obras de ambos creadores. Como escribe el autor de este ensayo: Hay algo más que Oliver Twist y Purple Rain tienen en común, además de su perdurabilidad cultural y la juventud de sus creadores: ambas le deben muchísimo al cine. Sin la película Purple Rain es inimaginable que el álbum hubiera tenido el mismo impacto. Y sin el musical Oliver! de Lionel Bart, y el grandísimo éxito de su adaptación cinematográfica dirigida por Carol Reed, es posible que Oliver Twist no se hubiera convertido en la obra más famosa y representativa del autor, por encima de Grandes Esperanzas o David Copperfield.

Seguirá siendo Dickens una de mis asignaturas pendientes... Desde luego la forma en que Hornby acerca al lector la obra del autor británico consigue despertar el interés por su obra pero de momento no encuentro el momento de sumergirme en una de sus largas obras. Con Prince la cosa cambia y cuando tecleo este texto ya me he ventilado varios discos y picoteado a lo loco en diferentes etapas de su prolífica y loca trayectoria. Y el asunto continua. Hoy que se cumplen diez años de su muerte seguro que habrá nuevos podcast a los que hincar el oído. A por ellos. 


viernes, 20 de marzo de 2026

Ciudad muerta. Shane Stevens

Violenta, dura y misógina, con personajes verdaderamente desagradables pero total y absolutamente irresistible para el autor de este cochambroso blog, así es Ciudad muerta de Shane Stevens publicada en la muy interesante Sajalín Editores. Los asuntos mafiosos de New Jersey son el trasfondo ideal para diseccionar uno de los elementos más perturbadores de los seres humanos: la violencia. Atávica, inevitable y pieza angular del sistema capitalista. En Ciudad muerta casi nadie la puede sortear, todo el mundo es víctima de ella o saca provecha de su ejercicio. La vida misma. El Capitalismo por mucho que nos cuenten milongas. Shane Stevens conoce de lo que escribe, parece que de primera mano. Llegué a esta novela por recomendación de Alex G en Redes sociales y porque leí en la contraportada un comentario definitivo de Dave Zeltserman: Un libro brutal y extremadamente violento sobre los aspectos más sucios de la mafia que bien podría haber sido un anteproyecto de Los Soprano.

Esas dos llamadas de atención se complementan con la brutal declaración del autor, Shane Stevens que viene junto a su pequeño extracto biográfico, dice así: Me han disparado, apuñalado, apalizado, gaseado, pateado, azotado, encarcelado y tirado ácido encima. He olido la muerte, visto su sombra y oído su aullido. La violencia ha sido mi pan de cada día desde pequeño, y algo sé sobre ella. Y también sobre el lado siniestro de la violencia, aquella que llevamos dentro. Está justo por debajo de la superficie, al acecho, siempre dispuesta a aplastar y destruir. Un testimonio desgarrador que fue el acicate definitivo para que me lanzase sin remisión a su lectura. Y el resultado ha sido brutal. 

La trama de la novela gira en torno a la encarnizada lucha por el poder en New Jersey. Joe Zucco y Alexis Machine se la disputan sin miramientos, el primero es un mafioso de la vieja escuela guiado por los códigos y normas propias de ese tipo de organizaciones y el segundo es un despiadado hombre capaz de saltarse todo eso para asaltar el reino de los cielos. Como consecuencia se suceden los enfrentamientos, brutales y desgarradoramente escritos por un Stevens que se nota que conoce de lo que escribe. Conforme avanzaba en su lectura más claro tenía que nadie iba a salir indemne de la terrorífica espiral de violencia. Te va a marcar de por vida. 

Apenas hay esperanza y posibilidad de huida para los personajes de esta novela. Nadie escapa de un destino implacable. Me costaría elegir algún personaje que me caiga bien, por el que tenga cierta empatía. Tal vez la novia de Harry Strega, un esbirro del escalafón más bajo que aspira con más violencia a subir puestos, pero aún así su trazo al igual que el de resto de personajes femeninos no sale tampoco demasiado bien parado. Reconozco que por momentos he sentido un asco inmisericorde por cómo describe la psique femenina el autor pero supongo que en ese mundo lo contrario sería intentar ser políticamente correcto y este libro es todo menos eso. Al parecer Stephen King es un furibundo admirador del mismo y le rindió homenaje en La mitad oscura incluyendo al mafioso Alexis Machine como personaje de los libros de crímenes que escribe Thad Beaumont .

viernes, 13 de febrero de 2026

Barrett Martin. The Greatest Band That Ever Wasn't...

El pasado 27 de noviembre tuve la fortuna de ver en directo a Drink The Sea el proyecto liderado por Barrett Martin y Alain Johannes que también cuenta en sus filas con Peter Buck, Duke Garwood, Abbey Blackwell y Lisette Garcia. Llegué justo apenas diez minutos antes de que comenzase el show y la primera persona que vi fue a Barrett Martin colocando en un pequeño stand los discos de la banda y sus libros, ya ha escrito cuatro. Tras el bolo, con el subidón de un gran concierto me compré su libro sobre Screaming Trees, un volumen dividido en treinta y tres pequeños relatos sobre su estancia en la banda y también sobre sus incursiones en Mad Season y otros proyectos, pero en esencia se centra sobre sus andanzas con Lanegan y los hermanos Conner. De principio a fin el libro es una gozada, escapando por completo de la típica biografía sobre un grupo. Además de un colosal baterista y compositor, Martin se revela como un excelente contador de historias, dando siempre con la tecla adecuada para crear relatos divertidos, con alma y sumamente interesantes. 

El libro está escrito con un contagioso sentido del humor y repleto de anécdotas hilarantes, descacharrantes y emotivas a partes iguales. A diferencia, del también excelente Sing Backwards and Weep de Mark Lanegan, Barrett Martin opta por un enfoque diferente y partiendo de pequeñas historias construye una obra deliciosa, un pequeño tesoro que esconde múltiples referencias musicales, personales e incluso filosóficas que no puedes dejar de leer. Todos los capítulos merecen la pena y el nivel no baja en ningún momento. Me encanta como lo cuenta Martin, incluso los momentos de mayor tensión entre los componentes de los Screaming Trees están narrados con las dosis justas de humor, empatía y una fina sabiduría. Dudo que el libro se traduzca al castellano pero merece mucho la pena leerlo en inglés. 


Me resulta muy complicado escoger mis capítulos favoritos porque insisto todos tienen mucha sustancia y están escritos con grandes dotes narrativas. En ese aspecto el nivel es similar al de Mark Lanegan pero abordando todas las historias con otras perspectiva, es más creo que es un complemento perfecto a Sing Backwards and Weep. No puedo terminar este pequeño texto sin hacerme eco de mis dos capítulos favoritos: The Classroom At The Back Of The Bus y Sweet Oblivion. En el primero un modesto Barrett Martin nos cuenta toda la música que absorbió en la parte de atrás del bus gracias a Mark Lanegan y los hermanos Conner que le mostraron la grandeza de estilos muy diferentes a los que el escuchaba. Hay que tener en cuenta que el baterista había estudiado música clásica y jazz, sabía leer partituras pero en lo que a rock se refiere como el mismo confiesa estaba en pañales. Es emotiva la forma en la que cuenta el entusiasmo que le mostró Lanegan por músicos como Jeff Buckley, Tim Hardin, Bob Dylan, Townes Van Zant o Nick Drake y cuando le dejó el Physical Graffiti de Led Zeppelin a los que apenas había escuchado. 

Todo lo relacionado con la creación de Sweet Oblivion es fascinante. Aquel fue un disco clave en la carrera de Screaming Trees ya que como cuenta Barrett Martin el grupo estaba ante la presión del sello Epic que prácticamente les había dado un ultimátum si no superaban con creces las ventas de Uncle Anesthesia, su primer álbum para una mayor. El disco fue grabado en los estudios Baby Monster en el barrio de Chelsea en Nueva York. Martin y Van Conner se alojaron en el hoy glamouroso hotel Gramercy Park Hotel que en aquellos años era bastante sucio y destartalado. Los componentes de la banda frecuentaban el bar del hotel que estaba en un sótano y se tomaban unos tragos antes y después de la grabación alternando con otros músicos. Martin relata esas esas escenas de forma tan vívida y auténtica que parece un relato dickesiano. Lo relacionado con la música, con la creación del álbum también esta muy bien detallado, ponderando la producción de Don Flemming y la excelente mezcla de Andy Wallace responsable de ese proceso también en el Grace de Jeff Buckley o el Nevermind de Nirvana. Cuando escucharon su mezcla para la canción No One Knows supieron que habían acertado de pleno. Que ese era el tono. 

Despido este largo post con el párrafo que cierra ese capítulo, una traducción cercana y certera que puedes escuchar en el magnifico podcast Bienvenido a los 90 de Robert Martínez : Ese fue el poder de los Screaming Trees cuando hicimos Sweet Oblivion en el crudo invierno neoyorquino de 1992. Trajimos el fuego y lo capturamos en cinta magnética, en tiempo real, con swing y soul. Es un álbum sobre el amor, la esperanza, la posibilidad del futuro, con un abandono intrépido que dice: "Lo voy a dar todo, aquí y ahora, porque no tengo nada que perder y todo que ganar". Éramos los perdedores absolutos, pero también los campeones del pueblo, y por eso seguimos en sus corazones.


lunes, 26 de enero de 2026

Lucinda Williams. No compartas con nadie los secretos que te conté

Hoy cumple setenta y tres años Lucinda Williams. La primera vez que escuché su voz fue en You're Still Standin' Therela canción que cierra I Feel Alright, mi álbum favorito de Steve Earle. Es una interpretación espectacular; Lucinda pronuncia cada palabra de su estribillo de una forma atrayente y sensual a más no poder. Caí rendido y junto a su versión de Return of the Grievous Angel junto a David Crosby para el disco tributo a Gram Parsons sigue siendo una de mis interpretaciones favoritas de su larga carrera. Apenas dos años después del disco de Earle llegó el que cambió la vida de Lucinda, Car Wheels On A Gravel Road. Con ese álbum logró el reconocimiento de la crítica y unas ventas considerables, las mejores de largo de su trayectoria. Está claro que hay un antes y después tras su edición..

De todo eso y mucho más escribe Lucinda Williams en No compartas con nadie los secretos que te conté editado por Liburuak hace tres años. La vida de esta cantante oriunda de Lake Charles no fue un camino de rosas y como bien indica en varias ocasiones es puro gótico sureño con los habituales ingredientes del género: abusos sexuales, racismo, conservadurismo rancio, oasis de libertad en medio del caos... La cantante nos cuenta de forma ágil, sin ínfulas literarias pero con determinación y sin andarse por las ramas como fue crecer en un hogar en el que su madre estuvo casi siempre incapacitada por su enfermedad mental y en el que su padre lidió con el asunto como pudo. Y no siempre de la mejor manera. Desde muy pequeña Lucinda tuvo que apañárselas por su cuenta y eso marcó su carrera y forjó su carácter. 

Hasta que se asentó Lucinda llevó una vida nómada, de aquí para allá debido al trabajo de su padre. Vivió en Louisiana, Georgia, Utah, Nueva Orleans, Chile o México... Eso de no ser de ningún sitio y de todos a la vez. Puede que eso le viniese bien para picotear en diferentes estilos musicales y para comprender diferentes formas de vida. Aunque la música siempre estuvo ahí, tardó mucho en asentarse en un negocio plagado de machos alfa pagados de sí mismos y con escasa empatía por las mujeres. Lejos de amilanarse, Lucinda se hizo más fuerte y a base de perseverancia consiguió labrarse una carrera musical consistente y terminar siendo una de las cantantes y compositoras más admiradas del mundillo musical. Tuvo que lidiar con mucha mierda en ese sentido y lo cuenta con desparpajo y una rabia contagiosa. 

No sabría por dónde empezar para enumerar mis momentos favoritos. Me quedo con una chica que admiraba a su padre, el poeta Miller Williams, que en la infancia de Lucinda celebraba fiestas literarias en su hogar y que a pesar de vivir en muchas zonas segregadas no se amilanaba ante los racistas. A Mr Williams no le importaba recibir insultos y amenazas, tenía amigos negros y les ayudaba en una época muy sórdida para tales menesteres. De hecho una de las personas más cercanas del padre de Lucinda fue George Haley, hermano del autor de Raíces. Uno de los abuelos de Lucinda interpretaba los textos religiosos de forma revolucionaria y se convirtió en un cristiano radical favorable a los sindicatos apoyando a las personas más necesitadas. Todo lo que cuenta sobre él es fascinante. 

En el plano musical las disquisiciones de Lucinda son muy interesantes. Me encanta cómo explica la búsqueda de su propio sonido en cada disco. Y me fascina cuando entra en detalles sobre la industria musical, en cifras concretas de los contratos que fue consiguiendo... Y es que la cantante de Lake Charles compatibilizó muchos años trabajos de todo tipo (¡desde dependiente en tiendas de discos hasta vendedora de salchichas en supermercados!) La primera luz en las tinieblas llegó cuando fichó por el Rough Trade Records, sello británico de punk que a finales de los ochenta había abierto una pequeña sede en San Francisco. Le ofrecieron un adelanto de quince mil dólares para grabar el disco, el homónimo y muy recomendable Lucinda Williams en el que figura Crescent City que se coló en la banda sonora de Northern Exposure, Doctor en Alaska por estos lares. 

Tras ese disco Lucinda siguió en muy buena onda con el muy estimable Sweet Old World de nuevo en perfecta sintonía con Guf Morlix (guitarrista y productor del álbum) hasta que su relación colapsó cuando grabaron el imprescindible Car Wheels On A Gravel Road. En ese momento se produjo una fisura entre ambos insalvable, tanto que muchos años después siguen sin dirigirse la palabra. Es más Lucinda regrabó el disco Sweet Old World en 2017 retitulándolo This is Sweet Old World. Ni idea de porqué hizo eso pero me quedo con el de 1992. A partir de la publicación de Car Wheels On A Gravel Road todo fue sobre ruedas en la carrera de Lucinda. Es muy interesante también todo lo que cuenta sobre Essence con la aparición fundamental de Bo Ramsey y Charlie Sexton a las guitarras, Tony Garnier al bajo, Jim Keltner a la batería y las imprescindibles armonías vocales de Jim Lauderdale

Su siguiente paso fue igual de excitante variando su sonido y dejando aflorar insospechadas influencias. De hecho cambió su equipo colaborativo y en World Without Tears es Doug Pettibone quien se encarga de las guitarras con Taras Prodaniuk al bajo y Jim Christie a la batería. Todo lo relacionado con este álbum es fascinante y rompedor y la propia Lucinda se hace eco de una reseña escrita por Ann Powers (página 214) que es de lo mejor que he leído en mi vida sobre la música de Lucinda. World Without Tears conforma junto a Essence y Car Wheels On A Gravel Road una trilogía imbatible.

Como no podía ser de otra forma en toda biografía hay un lado Cuore. Ahí estoy en mi salsa y animo a Lucinda a que nos cuente más. Sus relaciones con diferentes músicos y personas cercanas al negocio podrían dar para otro libro. Y como no, el momento álgido son sus escarceos con Ryan Adams. Menuda pareja. Ese momento en que Lucinda se medio enrolla con Ryan y en la fogosidad del trance le muerde el labio saliendo el amigo Ryan despavorido... Tela. El único fallo del libro, más bien de la traducción es cuando se nombra mal a Jesse Malin en la la página 233 (de mi vieja amiga Jesse Main, que era la vocalista de gran banda de punk neoyorquina D Generation). Espero que en las siguientes ediciones lo hayan corregido. 

No puedo pasar por alto como cuenta Lucinda su encuentro con Bruce Springsteen en la gira de Devis & Dust. Con pase de backstage conocieron al músico de New Jersey que luego les invitó a cenar y cuando Springsteen se despidió, el que ahora es marido de Lucinda Tom Overby se acercó y le dijo: Vi una entrevista tuya hace muchos años en la que decías que el rock´n roll se coló en tu casa y te arrancó de ella, y solo quería decir que tu hiciste lo mismo por mí. No estaría aquí sentado si no fuera por ti. Ahí se enamoró Lucinda de Tom. Que no te digo que me lo mejores, iguálamelo. 

jueves, 23 de octubre de 2025

Ronnie Lane Ooh La la!. Vida y obra de un (Small)Face. Javier Cosmen Concejo

Jamás pensé que se iba a editar un libro en castellano sobre la vida y obra de Ronnie Lane. En los últimos años por estos lares se han publicado un buen número de volúmenes musicales sorprendentes y no esperados, al menos por el menda; Dust My Broom. La historia de Elmore James y Robert Johnson de Gonzalo de la Torre Puig, Alma vagabunda. La vida de Curtis Mayfield de Todd Mayfield y Travis Atria, Caballos salvajes de Jordi Pujol Nadal o Sing Backwards and Weep de Mark Lanegan son algunos de los que más he disfrutado. Ya me resulta agradablemente sorprendente que una editorial apueste por comprar los derechos de un libro publicado originalmente en inglés y mucho más que otras editoriales apuesten por manuscritos realizado por autores españoles que seguro dedican mucho tiempo a artistas con, a priori, un tirón comercial muy limitado como Gram Parsons, Robert Johnson o Ronnie Lane. Así que somos afortunados.

Me enteré de la publicación de este libro por las, tan a menudo denostadas redes sociales. Algún algoritmo hizo muy bien su trabajo y me saltó una noticia con la edición de este libro. En cuanto llegó a la sección de libros de la FNAC acabó en mi poder. Y lo he devorado en pocos días dado mi entusiasmo y pasión infinita por la obra de Ronnie Lane, uno de esos músicos por los que tengo una especial predilección. He acompañado su lectura con la enésima escucha de Small Faces, The Faces y sus discos en solitario e incluso el que editó a pachas con Pete Townshend. Y me reafirmo, su sensibilidad compositiva es mágica para mi. Sus canciones tocan mi fibra sensible de una forma abrasadora. 

Conocía muchos aspectos de la carrera de Ronnie Lane pero no tantos de su vida. El libro muy bien escrito por Javier Cosmen Concejo indaga tanto en aspectos musicales como en los relativos a la forma de ser y a las inquietudes vitales de Lane. Reconozco que en ese aspecto le tenía tanto o más idealizado que por su música y leer este libro me ha hecho reflexionar sobre ese aspecto, sobre la idolatría a veces desmedida o ciega que tenemos por ciertos artistas. En la faceta musical, que al final es la que más me importa, sigo teniendo a Lane en un pedestal pero en lo que respecta a su vida, a esa forma de caminar libre y sin ataduras por el mundo, el libro me ha servido para presentar un mosaico rico y variado que hace que veas las cosas con más perspectiva. 

En lo musical la figura de Lane tal vez estuvo siempre a la sombra del cantante de turno, Steve Marriott primero, Rod Stewart después, pero lo cierto es que ambos se beneficiaron del talento compositivo de Lane, capaz de compartir tareas vocales en canciones espectaculares en las que las voces de ambos y la del propio Lane encajaban a la perfección. Hay muchos momentos brillantes en el libro, mis favoritos sin duda están ligados a los años en los Faces, una banda omnipresente en mi hogar, de las clásicas que más escucho con diferencia porque cualquier día mejora con sus tonadas. Me quedo con una frase que le dijo el productor Glyn Johns a Rod Stewart cuando éste estaba teniendo más éxito con su carrera en solitario que con los Faces, y el bueno de Rod trataba a los componentes de los Faces como si fuesen su banda de acompañamiento: En lo que a mi respecta, eres el maldito cantante de este grupo así que cierra la boca y continúa. Ja, ja, ja.

También es muy interesante la trayectoria de Lane en solitario, dando bandazos de un lado a otro con una propuesta muy arriesgada y totalmente fuera de la realidad, pero el amigo Lane era un espíritu libre al que era difícil convencer de que a veces se metía en empresas increíbles. También es muy sorprendente todo lo relativo a la enfermedad de Ronnie Lane y a los caminos que éste emprendió para intentar no ya curarse, sino tener una calidad de vida digna. En ese aspecto he flipado con los personajes a los que recurrió para tratar de mejorar. Sin spoilers. Descubridlo vosotros mismo y haceros con este libro que merece mucho la pena. 




domingo, 28 de septiembre de 2025

El consentimiento. Vanessa Springora

En apenas tres tardes he devorado El consentimiento, el debut literario de Vanessa Springora que se editó hace cinco años, pocos meses antes de la pandemia, y que sacudió de arriba a abajo la sociedad francesa. Y no es para menos. Porque lo que cuenta Vanessa en esta extraordinaria novela es desgarrador, un tema por el que demasiadas veces se pasa de soslayo o no se aborda como se debiera. Quiero pensar que algo cambió tras la publicación de esta excelente novela. El tema del que trata sigue desgraciadamente de actualidad. De hecho hace unos días hubo una manifestación en el Congreso pidiendo que los delitos de abusos contra menores no prescriban. 

Bien, de eso nada más y nada menos trata la novela de forma brillante y con un armazón literario de órdago. Es evidente que el lector no puede sustraerse a unos hechos terribles como también es manifiesta la habilidad de Springora para tratar ese tema y numerosos y peliagudos recovecos que le rodean con lucidez y con un irresistible torrente de palabras. La autora hace especial énfasis en como durante unos años la intelectualidad francesa de izquierdas no sólo miro para otro lado con estos asuntos sino que increíblemente perpetró cosas tan horribles como firmar una carta abierta que se publicó en Le Monde en 1977 a favor de la despenalización de las relaciones sexuales entre menores y adultos. Nauseabundo. 

Abordar un tema tan turbulento de forma tan lucida como lo hace Springora es algo más que encomiable porque su habilidad literaria está fuera de toda duda. En esta pequeña novela la autora nos cuenta como con trece años conoció y cayó en las redes de un prestigioso escritor francés, Gabriel Matzneff que además se jactaba en su literatura de sus escarceos con adolescentes, vanagloriándose y trufándola de un halo místico que desgraciadamente tenía sus acólitos. De hecho por estos lares, hubo un desgraciadamente célebre escritor ya fallecido que escribió cosas deplorables sobre sus conquistas adolescentes en Japón. Puto asco.  

La autora cuenta su historia con determinación, sin rodeos, entrando en detalles y se hace preguntas a priori tan de sentido común que resulta chocante y absolutamente increíble que no sólo no se hicieran en su época sino que en tiempos pretéritos se le diese pábulo a conductas deplorables. Porque el consentimiento nunca puede ser dado por un menor desprovisto por completo del desarrollo humano e intelectual necesarios. Que sin duda la responsabilidad cae siempre en el adulto y que querer vender otra cosa es mezquino y está fuera de la ley. Hay pasajes verdaderamente aterradores en esta pequeña novela, momentos que hacen que te revuelvas y no des crédito a semejante esperpento. Por ejemplo, uno de los que más me llamó la atención es cuando la protagonista acude a la casa de un filósofo rumano, Emil Cioran que poco menos le indica que tiene que estar agradecida de ser la musa de Matzneff que debería ser un honor ser elegida por alguien así. Para flipar.

martes, 5 de agosto de 2025

La extraordinaria vida de Little Richard. Mark Ribowsky

En apenas cuatro días me he ventilado La extraordinaria vida de Little Richard escrito por Mark Ribowsky, autor también de otros libros desgraciadamente no traducidos al castellano como The Supremes: A saga of Motown Dreams, Success and Betrayal o Signed, Sealed, Delivered: The Soulful Journey of Stevie Wonder a los que ya me gustaría hincar el diente. En cualquier caso el de Little Richard se lee de un tirón, de forma frenética, tal y como era su música a mediados de los cincuenta; un torbellino imparable de dimensiones bíblicas, algo catártico y rompedor que perdurará por los siglos de los siglos. El autor con habilidad literaria y pasión por la música de este hombre, nos cuenta todo sobre Richard Wayne Penniman y desde luego el título no exagera lo más mínimo.

Es curioso comprobar como  a pesar del impacto que supuso la música de este hombre y sus compinches (lo puso todo patas arriba y sin duda abrió el camino para otros) su discografía es un what if de manual... Porque más allá de los dos primeros discos, que en realidad eran recopilatorios de los singles más populares de sus comienzos, Little Richard ya sea porque no elegía bien el productor, los músicos, el estudio o simplemente porque era un tarambana de mucho cuidado jamás logro tener un discografía sólida, contundente... Vivió y así se relata de forma estupenda en el libro de su apabullante directo. Y es que sobre las tablas tenía pocos rivales y de sus modus operandi tomaron buena nota James Brown o The Beatles.

Ribowsky se detiene profusamente en casi todas las grabaciones acometidas por Little Richard y también en sus abundantes y delirantes devaneos sexuales, aspecto con el que parecía estar en una lucha constante el bueno de Ricardito. La lucha constante entre la religión y el rock como camino pecaminoso me ha recordado a Fuego eterno. La historia de Jerry Lee Lewis de Nick Tosches aunque el de Tosches es muy superior, con mucha más enjundia. Como también le sucedió a Jerry Lee Lewis, Little Richard encontró en Inglaterra una aliada fantástica para las giras que eran lo que le daban de comer. Hay unas cuantas anécdotas cachondas sobre el poderío de Ricardito sobre las tablas. Y es que el muy cabrón sabía a ciencia cierta que el que saliese después de el a tocar lo tenía más que crudo. ¿Se acordará Yoko Ono de lo que les pasó a ella y a su célebre marido en un festival en Toronto? Seguro que si. Ja, ja. 

Otra conexión suprema es la que existió entre Jimi Hendrix y Little Richard. El célebre guitarrista de Seattle estuvo durante un tiempo en la banda de Ricardito y su resumen es el siguiente: Mal pagado, mala vida y quemado. Ja, ja. En fin que trabajar con Little Richard no parecía fácil en absoluto. Hay muchos ejemplos de su actitud desafiante, cambiante y peligrosa no sólo sobre el escenario sino cuando se bajaba de el. Otras veces le daba por el Señor ja ja. Lo cierto es que me he echado buenas risas con muchos pasajes a cual más rocambolesco y loco. La mayoría tienen que ver con el enorme ego de este sujeto. La lectura ha culminado poniendo toda pastilla Here´s Little Richard y eso amigos sigue siendo un artefacto colosal cuyo impacto perdura en nuestros días.

martes, 11 de marzo de 2025

Caballos Salvajes. Jordi Puyol Nadal

Los turnos de noche en el hospital son muy largos. Conviene tener cerca un buen libro. En un par de noches me he deleitado con la lectura de Caballos Salvajes escrito por Jordi Puyol Nadal y que se detiene en los cinco últimos años de la vida de Gram Parsons, indiscutible icono del country rock. El libro está construido a modo de biografía oral recogiendo jugosos testimonios de muchos de los que de una u otra forma colaboraron con Parsons, escribieron sobre él o músicos a los que la obra de Gram influyó de manera decisiva. Esas contribuciones son decisivas y la propia prosa y opiniones del autor del libro recogidas en la parte final son excelentes. Comulgo totalmente con su forma de ver el asunto.

Antes de continuar que nadie piense que descuido mis deberes profesionales. En cuanto suena un timbre o algún compañero me solicita para cualquier tarea acudo raudo y veloz, tanto que ni te lo creerías. Hay rayos que dejan menos estela que yo. Y mucho menos glamourosa. Glamour no le faltaba a Parsons. Eso piensan la mayoría de sus acérrimos seguidores, esos que podrían militar en una secta y que opinan que Gram prácticamente inventó un género el solito. Porque los hay. De eso también se da cuenta, y muy bien en el libro, tanto en las reflexiones finales del autor como en unos cuantos testimonios de los implicados. 

Cada capítulo del libro está estructurado de la siguiente forma; una introducción a cargo del autor en la que expone que ocurrió en un periodo concreto, seguida de los testimonios bien de los implicados o de las opiniones de autores o músicos conocedores de la obra de Parsons como Sid Griffin, Chuck Prophet, Jim Lauderdale o Mark Olson. Y no se hace redundante, sino todo lo contrario ya que el autor se limita a exponer los hechos y es gracioso comprobar como la película siempre varía según quién te lo cuente o a quién preguntes. Es un forma muy sencilla a la par que poderosa de contar una historia. 

Hay varios hechos claves en la vida y obra de Gram Parsons. Me centraré en los que más me han gustado y llamado la atención. Por ejemplo la relación entre Parsons y Keith Richards de la que mucho se ha escrito y especulado. No voy a hacer spoiler pero conecto mucho con las reflexiones que al respecto realiza el autor en la parte final del libro. Siempre planeará la sombra de Parsons en temas como Sweet Virginia o Wild Horses. En lo musical parece que había una conexión casi mágica entre ambos pero también esta por medio Mick Jagger y sus supuestos celos. ¡Mick celoso! ¡Eso no puede ser! Jamás de los jamases, ja ja. En todo caso el resto de la chusma le envidia a él.

Está muy bien contada la historia musical de Gram Parsons y Emmylou Harris. La perfecta compenetración musical entre ambos. De esta cuestión diría que hay consenso. Y basta escuchar cualquier tema que grabaron juntos para percatarse, de que en efecto, ambos habían nacido para cantar juntos. La muerte de Parsons dejo muy tocada a Harris pero la chica supo encarrilar todo su potencial en una carrera más que interesante. La parte en la que se glosa la creación de los discos GP y Grievous Angel está muy bien contada. Es curioso comprobar como alguien que hacía algo más que flirtear con las drogas fue capaz de sacar adelante dos discos espléndidos rodeado de varios músicos clave en la carrera de Elvis Presley como James Burton o Glenn D. Hardin.

Me han parecido especialmente atractivas y certeras todas las intervenciones de Sid Griffin, Barney Hoskins y Jim Lauderdale. Conecto totalmente con sus aportaciones en temas musicales y vitales. Hay reflexiones muy certeras sobre el tema de las drogas. Sobre su romantización, esa idea equivocada a más no poder de que ciertas sustancias incentivan y ayudan a crear... El final de Parsons como el de tantos otros está marcado por una adicción incontrolable que le privó de haber compuesto mucho más material del que hizo. Son también muy interesantes los apuntes sobre la vida de Parsons, un tipo que tenía la vida resuelta desde la cuna y como eso de alguna manera le marcó y no precisamente para bien o al menos no le supo sacar el innegable potencial que tenía esa situación. Voy ahora con las valiosas aportaciones de mis favoritos:

Sid Griffin

Experto en la figura de Gram Parsons, autor de una biografía sobre el músico y del guion del documental Fallen Angel de la BBC (que también en su día compre en DVD), Griffin es además componente del grupo The Long Ryders. Sus intervenciones son jugosas a más no poder e indudablemente certeras. Sid no duda sobre la grandeza musical y su influencia en el mundo del country rock y he descubierto gracias a el que Grievous Angel era el álbum favorito de Tom Petty.  Pero aunque le guste y mucho la música de Parsons no se muestra ciego y reconoce que Gram perdió mucho el tiempo y no supo sacar todo el jugo que tenía a su talento. Y se muestra claro y contundente sobre el abuso de las drogas y su romantización. Conecto totalmente con sus testimonios.

Barney Hoskins

¿Qué decir de Barney? Sin duda uno de mis escritores favoritos sobre música. Enormes sus libros Tom Waits, la coz cantante y Hotel California: Cantautores y vaqueros cocainomanos en Lauren Canyon. Aquí sus apariciones son colosales. Por ejemplo cuando se está tratando de la posibilidad de que Gram y Keith Richards grabasen un álbum juntos, Hoskins dice: En la neblina de los ópiaceos y la euforia de la coca, estoy seguro de que Keith lo decía en serio... No he podido descojonarme con tamaña aseveración. Pero para que el lector vea que no sólo me quedo con la mandanga, me encanta cuando Hoskins se refiere a Emmylou Harris como una persona crucial en el renacimiento de Gram Parsons

Jim Lauderdale

Todos los testimonios de Lauderdale demuestran el profundo y sincero amor que tiene Jim por la música de Gram Parsons. No cabe duda de que fueron una influencia decisiva en su profusa discografía. Y como estudioso de toda la obra de Parsons, Jim pondera y se deshace en elogios a los músicos que participaron en GP y Grievous Angel. Sabe muy bien que la grandeza de la música a menudo, casi siempre de hecho es un asunto de equipo. Varias personas dando lo mejor de sí mismo en unas buenas canciones. No puedo terminar sin referirme a que Jim Lauderdale es uno de los mejores compositores de la historia. Un tapado cuya carrera merece ser reconocida y no puedo sino declarar sin ningún tipo de rubor que Lauderdale superó a su influencia con creces y que ahí sigue grabando música maravillosa.  






jueves, 2 de mayo de 2024

En memoria de Paul Auster

La primera novela que me leí de Paul Auster fue Mr. Vértigo. Tenía veinte añitos y frecuentaba la biblioteca de mi pueblo en teoría para estudiar pero terminaba más tiempo leyendo revistas y libros de cine y entreteniéndome con novelas de variada índole. Muchas veces mi método era el más sencillo del mundo. Simplemente leía la contraportada del libro en cuestión y si el argumento y como te lo vendían me atraía me lanzaba a por ello. La de Mr. Vértigo decía así: El deseo de volar. Un huérfano de nueve años. La ciudad de Saint Louis. Los años veinte. Un judío de origen húngaro, mitad místico, mitad prestidigitador. Una granja perdida en las praderas de Kansas. Ritos iniciáticos. Una anciana india que trabajó en el espectáculo de Buffalo Bill. Un joven etíope. El Ku Klux Klan. Las feria, los circos. El despertar de la sexualidad. La Depresión. Hollywood. Los gángsters de Chicago. Un jugador de béisbol en decadencia.. 

Aquello fue música para mis oídos y su lectura me atrapó de tal forma que caí rendido ante lo que Paul Auster contaba y sobre todo por cómo lo contaba. Durante mis años universitarios mi pasión por este escritor neoyorkino rozó lo obsesivo. Fui leyendo todo lo que cayó en mis manos y compartí mi deleite con Su. Devoramos su obra con frenesí y absoluto placer. El comienzo fue bueno pero lo que vino después mucho mejor. A Mr. Vértigo le siguieron El Palacio de la luna, Leviatán, La música del azar. Algunas otras pero me detengo en estas tres porque son mis favoritas. De esas novelas que te gustas tanto que relees. Y lo mejor de todo que cuando lo haces sientes la misma magia que la primera vez. En pandemia devoré de nuevo El Palacio de la luna tal vez su obra más emblemática y ahí seguía el cosquilleo ante esas historias entrelazadas, ante esa forma de atraparte con las palabras. El primer resbalón fue Tombuctú con la que no llegué a conectar pero Auster recupero su mejor versión con El libro de las ilusiones.

Me sucedió algo muy austeriano con Brooklyn Follies. Tenía la edición publicada por Anagrama y la llevé en mi viaje a NYC en junio de 2006. Curiosamente la perdí en la city. Alguien se encontraría una edición en castellano de la novela de Paul Auster. Seguro que fue el día que visitamos la librería Strand y al salir con la compra pertinente y meterla en la mochila se extravió la de Auster. Espero que le viniese bien a quien la encontrase. Brooklyn Follies fue otro punto álgido en la obra de Auster. Esa novela tiene un capítulo titulado Días de Ensueño en el Hotel Existencia. Los seis primeros párrafos están en el top total de mis encuentros literarios con este magnífico escritor que falleció ayer a causa de un cáncer de pulmón que le detectaron hace apenas un año. 

El tabaco estuvo presente siempre en la vida de Auster y también en su obra literaria y en sus incursiones cinematográficas. Su mejor contribución al séptimo arte fue la película Smoke de la que fue guionista y codirector junto a Wayne Wang. Recuerdo ver esa película en el cine con mi amigo Rober y salir los dos prendados ante semejante film que además me sirvió para animarme a escuchar en profundidad a Tom Waits del que sonaba en la última escena de la película Innocent When You Dream. El film reunía a un reparto que estuvo pletórico: Harvey Keitel, William Hurt, Stockard Channing, Asley Judd, Harold Perrinau Jr, Forest Whitaker... Esta es la clase de película que hay que ver al menos una vez al año. 

Esta tarde he escuchado un podcast del programa El Ojo Crítico donde el escritor Enrique Vila-Matas recuerda sus paseos neoyorkinos con Auster y como le conoció. Fue en Nueva York en el otoño de 2007. Ambos fueron los protagonistas de una mesa redonda que organizó el Instituto Cervantes en la NYC. Cuenta Vila Matas que congeniaron muy bien y que tras el evento Auster les invitó a cenar a él y a su editor Eduardo Lago en su casa situada en Brooklyn. A la cena le siguió una interesante charla que se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Me les puedo imaginar enlazando una historia con otra que a su vez lleva a otra que te remite a una o dos más allá. Desde luego a mi me encantaba como contaba historias Paul Auster

lunes, 13 de marzo de 2023

Mark Lanegan. Sing Backwards and Weep (Cantar hacia atrás y llorar)

Hace veinte días se cumplió una año de la muerte de Mark Lanegan. Tras leer Sing Backwards and Weep lo que me parece raro es que este tipo estuviese tanto tiempo en este mundo con la cantidad de drogas de todo tipo y alcohol a mansalva que introdujo en su cuerpo. Y lo extraordinario, casi milagroso es que durante todo ese tiempo (buena parte de su vida) fuese capaz de grabar música tan maravillosa. Sing Backwards and Weep es la crónica de un yonqui capaz de hacer cualquier cosa ( y ahí entra el cóctel habitual de traiciones, barrabasadas varias y mirar para otro lado) por el siguiente pico. Un tour de forcé terrible donde lo domina todo la heroína y sus múltiples aderezos (crack, speedball, fármacos de toda clase). Hubo un momento de la lectura en que era demasiado incluso para mi, un sujeto ávido de carroña.

Si alguien busca conexiones musicales, discos comentados o algo similar tal vez este no sea su libro. No quiere decir que Mark no nos muestre su pasión por la música y por ciertos artistas (Jeffrey Lee Pierce, Johnny Cash o Nirvana) ni que no haya interacción y muy potente con otros músicos, desde sus compañeros de grupo, pasando por Kurt CobainLayne Staley pero lo cierto es que la adicción de Lanegan lo tiñe todo de negro. Parece que durante mucho tiempo no hubo un momento de paz en su vida. Todo se reducía a conseguir pasta para el siguiente pico. Y es desolador. Es gracioso ponerte ahora la actuación de Screaming Trees en el programa de Jools Holland y saber que hasta cuatro horas antes de la actuación Mark se había arrastrado por cualquier barrio chungo en busca de mandanga. 

Lanegan no trata de vendernos la típica historia de sujeto proveniente de familia desestructurada caído en desgracia. No pone esa excusa y bien que podría hacerlo porque tuvo que lidiar con mucha mierda desde pequeño pero lejos de presentarse como víctima es como si nos dijese: Hola soy Mark Lanegan y soy escoria, no hago nada bien y ni te acerques a mi. El sentimiento de autodestrucción recorre buena parte de las páginas de este libro. Y a pesar de todo ello uno no puede evitar sentir más simpatía si cabe por este tarambana incapaz de darse cuenta del inmenso talento que tenía. 

Es curiosa su historia con los Screaming Trees. Si esta banda significa algo para ti tal vez sientas ganas de haberle arreado un buen ostión al bueno de Mark porque el cabrón despotrica de la música que hizo con sus compañeros como si no hubiese un mañana. Aunque cuando conoce a Gary Lee la primera impresión es positiva en el sentido de que sabe apreciar el torrente creativo del guitarrista pronto se convierten en enemigos irreconciliables y por la boca de Mark sale de todo menos bonito. Congenia más con Van pero no tanto como para establecer una relación potable y si parece más cercano a Mack Pickerel, Barrett Martin o incluso a Josh Homme cuando el pelirrojo acompaño a la banda en la gira de Dust.

En cualquier caso el libro tiene valor literario. Si, si ,no se me está yendo la pinza amigos, Mark escribe realmente bien y es capaz de contar su autodestrucción de forma asombrosa. He leído alguna crítica literaria que compara algunos capítulos del libro con la prosa de Bukowski y desde luego juega en esa liga, en ese nivel, no tengo ninguna duda. Una vez que empiezas a leerlo no puedes dejarlo y te dejas llevar por el lado salvaje, muy salvaje y totalmente autodestructivo de Mark Lanegan



miércoles, 5 de enero de 2022

Barney Hoskyns. Tom Waits, la coz cantante

Recientemente he leído en apenas un par de días Hotel California: Cantautores y vaqueros cocainomanos en Lauren Canyon. Escrito por el periodista británico Barney Hoskyns es un apasionante recorrido por la escena vaquera que tuvo lugar en aquellos mitificados años sesenta y setenta en la soleada California. Uno de los personajes que circula por el volumen es Tom Waits. El de Pomona tenía poco o casi nada que ver con la mayoría de sus contemporáneos (tal vez a excepción de Randy Newman) y desde el principio no encajo en esa escena pero se coló a menudo por el Troubadour y encontró refugio en el mismo sello que los Eagles aunque a Waits escuchar a Glen Frey y cía le pareciese tan excitante como verse la pintura secar ja ja. Por supuesto sus apariciones son desternillantes y dan mucho juego. Se nota que al autor le gusta Waits y tanto es así que se puso manos a la obra para escribir Lowside Of The Road: A Life Of Tom Waits. Pero pronto se dio cuenta de que la tarea no iba a ser nada fácil. 

El libro fue publicado por estos lares en la desaparecida Global Rhythm Press con el título de La Coz Cantante. Me lo regalo Su y se lo envíe a mi primo diciéndome que ya lo pillaría yo más adelante. Cuando fui a por el ya no quedaban y no sólo eso sino que estaba descatalogado. Menudo gilipollas estoy hecho. De modo que ahora que me ha entrado una de esas obsesiones irrefenables que me dan le pedí a mi primo la semana pasada que me lo enviase y como es un tipo muy eficiente me lo hizo llegar por Correos. Y como no podía ser de otra forma me lo he devorado en dos días mientras degustaba compulsivamente la obra de Waits. Todo esto sólo se puede hacer cuando uno está confinado o en su hogar está rodeado por confinados ja ja. 

Como he indicado antes Hoskyns comprobó enseguida que escribir un libro sobre la vida y obra de Waits iba a ser muy compliado. El músico no tenía ninguna intención de colaborar y no quería que nadie juntase unas cuantas letras sobre sus andanzas por este mundo. Hoskyns explica en la introducción como un día estaba todo contento porque había conseguido una cita con Keith Richards que estaba dispuesto a hablar de su colaboración en Rain Dogs y Bone Machine. Al día siguiente le llamaron de la oficina de Richards indicándole que Waits y Brennan preferían que no hablase con ningún periodista sobre él. Eso mismo le paso con muchos otros músicos que colaboraron con Waits. Suena todo a Mafia Calabresa. Perfecto. Encaja a las mil maravillas en el universo Waits.


A pesar de todas estas trabas afortunadamente Hoskyns no se rindió y se puso a ello. Contactó con unos cuantos colaboradores de Waits sobre todo de su etapa en Asylum y consiguió armar un libro apasionante sobre la obra del gruñon de Pomona. Partiendo de una clara admiración por la carrera de Tom Waits pero sin deja de ser crítico y ofreciendo un completo y preciso análisis de todos sus discos y sus peculiares contribuciones cinematográficas. Como escribo siempre para llevar a cabo una tarea de estas dimensiones además de documentarse mucho (y el autor lo ha hecho de lo lindo) hay que saber hilar las historias y en eso Hoskyns es un maestro dotando al libro de un robusto armazón literario. Barney escribe muy bien, es mordaz, agudo y sabe sugerir más que mostrar. Su prosa es contagiosa y el libro se lee de un tirón. Si eres un zumbado como el menda te lo ventilas echando viruta. 

El libro no escatima en elogios a Waits pero no elude las sombras y las polémicas que rodean la figura del cantante. Una de las más perdurables es la división entre los que se quedan con la etapa Asylum y los que prefieren la de Islands para adelante. Y luego estamos los más afortunados como el autor de este cochambroso blog que se regocija cual cerdo en el lodazal en ambas. Un recuerdo muy claro que tengo de cuando pude ver a Tom Waits en directo es que el personal estaba más que entregado. Quiero decir si sale Tom Waits y hace unas pedorretas con el sobaco la chusma hubiesemos aplaudido igual. Es más estoy convencido que hubo gente que compró esas camisetas con cuatro chorretones... En el puesto de merchan ponía diseñadas por Tom Waits. 30 pavos. Mi colega Rober y yo nos miramos y nos descojonamos. Maldito Filibustero!!!! 

El autor no elude la supuesta impostura de Waits de sus tiempos en el Tropicana o su posterior personaje de tipo gruñon y aislado en un remoto pueblucho de vete a saber donde. Y ambas son  dos interesantes reflexiones al igual que el eterno debate de qué música es mejor si la más clásica de la primera etapa o la del Reino de la Cacharrería de la segunda. Si que estoy de acuerdo con Hoskyns en señalar que en Real Gone y algunas canciones de Orphans había cierta autoparodia y Waits forzaba demasiado... Interesante. 

Se me hace complicado juntar unas líneas resumiendo o destacando algo del libro porque el conjunto es abrumador y merece la pena desde la primera a la última página. Por lo que voy a estructurar este post citando a los personajes principales o los que mas impacto me han causado empezando por el inimitable y firibustero de Tom Waits. Esto va a ser largo.

Tom Waits

El autor se muestra entusiasmado por la obra de Waits. Mi percepción es que le gustan las dos etapas de Tom por igual aunque en un momento dado escribe que ninguna canción de Tom Waits de la etapa Islands en adelante le conmueve tanto como Tom Traubert´s Blues, Kentucky Avenue o Broken Bicycles. Discrepo. Lo que si hace Hoskyns en mi opinión como buen periodista es en hurgar en las contradicciones del músico. Nadie escapa a ellas y todos los culos cagan mierda. Waits sale bien parado casi siempre pero también a veces se le ven las costuras. Lo que es innegable es que Tom Waits tiene una verborrea espectacular. Me he desternillado de risa con sus múltiples metáforas y comentarios sobre los más variados temas. No sabría ni por donde empezar. Pero ahí van unas cuantas perlas:

Sobre su gira teloneando a Frank Zappa: Todas las noches Waits tenía que salir ante el público de Zappa. Y le caía de todo. El bueno de Frank parecía disfrutar con los padecimientos de Tom que lo cuenta así de cachondo: Me usaba para tomar la temperatura, metiéndome por el trasero de la vaca y luego sacándome.

Sobre su estancia en Nueva York: No acababa de encajar con el carácter de la ciudad. Necesitaba algo que fuera un poco más...no tan volátil. Según dijo la ciudad le hizo desarrollar el síndrome de Tourette. Me ponía a soltar obscenidades en medio de la Octava Avenida.

Sobre sus influencias musicales: James Brown, Captain Beefheart y Top Jimmy & The Rhythm Pigs

Una noche de 1962 Tom Waits tuvo la suerte de ver en directo a James Brown & The Famous Flames. Nos metimos por la valla trasera con unas cizallas. Nunca me lo he pasado mejor. Era como si te hubieras chutado o tomado una pastilla. Parecía una de esas asambleas revivalistas, con un pastor demente hablando en lenguas muertas desde el púlpito.


Una de las bandas favoritas de Waits era Top Jimmy & The Rythm Pigs que al parecer se montaban una buena juerga encima del escenario. El guitarrista Carlos Guitarlos Ayala llegó a colaborar en el mítico Swordfishtrombones. Y Van Halen tienen una canción dedicada a Top Jimmy en su álbum 1984. Conexión Tom Waits/David Lee Roth. Yo siempre la he visto clara ja ja. Al igual que la importancia vital que tuvo Jersey Girl en la carrera de Springsteen. Waits se unió a Bruce en el Sports Arena a cantar la canción juntos. Tom declaró: Ya he hecho por él todo lo que podía. Ahora va por su cuenta

De Beefheart Waits apunta: Una vez que has escuchado a Beefheart cuesta mucho limpiartélo de la ropa. Te mancha, como el café o la sangre. Según Tom la que le descubrió la música de Captain fue su mujer Katheleen Brennan que en cuestiones musicales era mucho más ecléctica que el. 

Sobre salir de gira: Conseguí un bajista negro, un saxo tenor siciliano y un batería mitad cheroqui mitad afroamericano. Podemos actuar en cualquier barrio del mundo.

A veces, cuando pienso en salir de gira, prefiriría ser atacado por un banco de mixinos. Los mixinos son criaturas marinas que se comen a otros peces de dentro afuera. Eso es lo que a veces te hacen las giras. 

Sobre las indicaciones que hace a los músicos: Este apartado es especialmente desternillante. El bajista de jazz Clark Suprynowick cuenta que la forma que Waits tenía de dirigir a la banda era propia de una persona del teatro. Y dice: Entraba en la cabina de grabación y escuchaba una toma que acabábamos de hacer. Entonces salía y miraba a Ralph y le decía ¡Suena demasiado amistoso!¿Podemos hacerlo más antisocial?

Y al loro con esta. Tras una de las primeras tomas de Good Old World (Waltz), Waits salió de la cabina y empezó a arrastrase por el estudio como si tuviera un pie deforme: ¡Chicos, Chicos! les imploró a los músicos. ¡La cosa tiene que cojear un poco! Suprynowick comenta que encontró muy educativa la forma de indicar de Tom. El bajista, cofundador de la Bay Area Jazz Composer Orchestra, afirma: A veces para obtener el resultado que buscas de la música, es la única manera de lograrlo. Hay cosas que no se pueden capturar con cosas como crescendo o disminuendo. 

Sobre su boda: Mi mujer llevaba cincuenta pavos en el bolsillo y yo veinte. Ella pensó que aquel no era un buen comienzo. Pero, ya ves, funcionó. Hay bodas muy caras que sólo duran un par de semanas


Kathleen Brennan

La presencia de Kathleen Brennan es fundamental en la vida de Waits. La conocío cuando trabajó para Coppola en la banda sonora de Corazonada y su vida cambió para siempre. En el libro abundan los testimonios que afirman que esta mujer salvó su carrera, le dio el empuje necesario para deshacerse de su personaje de borrachín al piano y para buscar nuevos retos. Y estos testimonios los realizan personas que por estos cambios salieron perjudicadas ya que Waits cortó de raíz con su pasado como el productor Bones Howe, el pianista Mike Melvoin o el bajista Jim Hughart. O sea que un tanto y muy gordo para ella. 

Este testimonio de Waits es esclarecedor: Ella fue la que empezó a escuchar música estrafalaria. Me dijo: Puedes tomar esto y aquello y juntarlo todo. Hay un lugar en el que todas esas cosas se solapan. Grabaciones de campo, Caruso, música tribal, discos en idioma lituano, Leadbelly.... Puedes juntarlo todo en un crisol. Y como señala el autor Hoskyns, Kathleen apremió a su marido a ahondar en sus polaridades: ampliar el abismo entre lo hermoso y lo feo, lo tierno y lo abrasivo, lo melódico y lo disonante. La música debería reflejar el hecho de que la vida puede ser extraña y grotesca.  

Además de sus contribuciones en el plano creativo su labor fue fundamental en el aspecto monetario. Hoskyns cuenta que el padre de Brennan era contable y ella le invitó a husmear en las cuentas de su mánager Herb Cohen y claro salió la habitual historia de geta que se queda con dinero por aquí, dinero por allá. El asunto terminó con una demanda que ganó Waits vital para su estabilidad financiera. 


Herb Cohen

En toda buena historia sobre un músico no puede faltar un mánager avispado casualmente judío que tanga un poco por aquí un poco por allá. La descripcion que Barney Hoskyns hace de Herb Cohen es buenísima y se completa con testimonios tan perturbadores como los del productor Jerry Jester: Herbie daba mucho más miedo de lo que la gente pensaba. Creían que era un tipo judío, regordete y bonachón pero era absolutamente arrollador a la hora de batallar. Quiero decir...tenía una caja de granadas en el maletero de su coche. 

Bones Howe

Todo un caballero. Las impresiones sobre este tipo son inmejorables. Fue el productor de ocho discos seguidos de Tom Waits. Era un productor al que le gustaba el jazz y que todos esos años supo sacar rendimiento a Waits por mucho que ahora el de Pomona reniegue de todos esos discos. Cuando terminó su colaboración con Tom porque este quería probar otras cosas Bones no tuvo una mala palabra con Waits y tan sólo le dijo que si alguna vez quería volver a grabar como antes que le llamase que dejaría lo que estuviese haciendo en ese momento para grabar un otro disco con él. Un Gentleman. 


Rickie Lee Jones, Chuck E Weiss

A Rickie Lee Jones le siguen preguntando por su romance con Tom Waits. Y no le gusta nada que lo hagan. Y se cuestiona por qué nunca le preguntan a él. En cualquier caso tuvieron una relación muy intensa y casi siempre estaban acompañados por Chuck E Weiss excéntrico personaje que se dedicaba a.... NADA. Un vividor. Uno de los pasatiempos favoritos de este trío era colarse en los jardines de las estrellas de cine y pintar los enanitos de esos lugares de negro porque según Weiss: Antaño habían sido negros. Pero en lugar de quitarlos los pintaron de blanco. Así que Rickie, Tom y yo los volvíamos a pintar de negro. De ahí pasaron directamente a robar los enanos. 

Keith Richards

No podía faltar nuestro pirata favorito. Cuando Tom Waits iba a grabar Rain Dogs desde Island Records le preguntaron a qué músico quería invitar respondió socarronamente que a Keith Richars y le dijeron que le llamase ya mismo. Y le trajeron. Fue con un arsenal de mástiles y amplificadores y con su técnico de guitarra. Conectaron. Y su contribución en el disco es suprema. Ahí está Keef dando su toque a Big Black Mariah y Union Square así como aportando el sólo de la maravillosa Blind Love.

Waits flipaba con Richards y su aguante con el alcohol. Jugaba en otra liga: Llevaba aquellos zapatos viejos... parecía que un perro los hubiera mordisqueado. Y, eh, bebía aquel whisky amargo Rebell Yell... y parecía un pirata. Cuando uno de los baterías del disco Stephen Hodges le pregúnto a Waits cómo había conseguido que Keith tocase en el disco Tom le respondió que los Rolling Stones le debían dinero. 



martes, 4 de mayo de 2021

Andreu Cunill. Espiritus en la oscuridad

Empezaré por el final. En el epilogo de Espíritus en la oscuridad, Eduardo Ranedo señala que hay muy poco material publicado sobre soul en España, es más que hay escaso interés en bucear en un legado muy atractivo más allá de los totems de rigor. Incluso apunta un tanto irritado que a veces perdemos la cabeza con algunos sucedáneos actuales muy inflados por cierta prensa. Y puede que tenga razón en ambos aspectos. Aunque reconozco que en mi caso ni de coña porque no sólo no tengo pereza en sumergirme en material de décadas pasadas si no que es mi droga dura. No tengo fin. 

Lo cierto es que aunque en los últimos años se han publicado muchos más libros de música que hace unos lustros el soul es uno de los estilos más abandonados. Una pena. No tiene ningún sentido que artefactos como Sweet Soul Music o Dream Sam Cooke de Peter Guralnick, Divided Soul The life of Marvin Gaye de David Ritz, Soulsville: The Story of Stax Records de Rob S Bowman o In the Midnight Hour: The Life Soul of Wilson Pickett  de Tony Fletcher no estén publicados en castellano y en las librerías encuentres veinticinco libros diferentes sobre los putos One Direction pero vivimos tiempos confusos. 



Espíritus en la Oscuridad es un libro escrito por un fanático de los sonidos negros y así lo reconoce en la Introducción. Andreu Cunill no quiere dictar sentencia ni pretende realizar un exhaustivo repaso al soul si no que se deja llevar por sus gustos personales para acercarnos de modo apasionado y muy divertido a unas cuantas referencias a las que tengo unas ganas enormes de echar los oídos encima. Algunas de las que conozco, la mayoría, me han proporcionado muchos momentos de placer, con otras que estoy descubriendo me estoy llevando sorpresas, casi siempre agradables. Hay un filón enorme de discos por descubrir. Una veta por explorar ad infinitum.

El autor comenta en la Introducción cómo le sobrevino su pasión por el soul y aledaños y como el disco I´m a loser de Doris Duke fue de alguna el germen, el inicio de esta aventura. Y es un comienzo sumamente atractivo. Porque el disco de Miss Duke es un ejemplo perfecto de esos álbums enterrados en las catacumbas con un poderío tremendo y que a poco que se les de cancha con una buena exposición se hacen su hueco como puede experimentar cuando trabajaba en la Fnac y pedí de importación varios discos que figuran en este volumen. Los ponía en la tienda y se hacían su hueco, se terminaban vendiendo. Algunos de los que cayeron fueron Soul Fever de Marie Queenie Lyons, Everything is Everything de Donny Hathaway, What Color is Love de Terry Callier o The Soul of a Bell de William Bell



El libro está dividido en cinco capítulos tomando como referencia la geografía estadounidense ya que cada territorio tenía su propia idiosincrasia con innumerables puntos en común. Es una excelente forma de recorrer ese inmenso país acercándote a los artistas más importantes de cada lugar. Además cada capítulo en cuestión tiene una excelente introducción en la que se mencionan los sellos más importantes y los músicos más relevantes de la escena contextualizando el conjunto y haciéndolo sumamente atractivo para sujetos como el que escribe absolutamente prendados de la soul music. El último capítulo está dedicado al soul en el exilio, a obras que tienen una fuerte conexión con Europa, especialmente con Londres. Un filón infinito.