Un amigo y yo no nos ponemos de acuerdo en cuál es el mayor declive artístico de la historia de la música. El asunto está entre U2 y Red Hot Chili Peppers. Tal vez no sea para tanto y nuestra inquina sea excesiva, quizá porque ambas bandas significaron mucho en nuestra adolescencia y también en la edad adulta o puede que realmente no exageremos. Basta con escuchar todo lo que han publicado Red Hot Chili Peppersa partir de Californication y U2 a partir de All That You Can´t Leave Behind, el primero publicado en 1999 en el 2000 el de los irlandeses. Incluso que nombre ambos discos le puede crear urticaria a más de uno ja ja. Pero mentiría si no escribiese que encuentro unos cuantos temas muy buenos en ambos aunque no lleguen en conjunto a la altura de sus grandes obras.
Después un desierto más grande que el de The Joshua Tree y mira que no me canso de ese disco jamás y sé que en ese asunto puedo estar más sólo que la una. Pero me da igual ja ja. Por alguna extraña razón llevo un par de días escuchándolo compulsivamente a todo volumen al igual que Rattle & Hum (a este le tengo que dedicar una entrada). Jamás renegaré de esa etapa de U2 como tampoco lo hago de algo tan grande como Blood Sugar Sex Magikni de Freaky Styley, The Uplift Mofo Party Plan o Mother´s Milk Que ambas bandas la cagasen después hasta límites insospechados no invalida unos cuantos años en los que estaban on fire total. Conviene quedarse con lo positivo que es mucho en al caso de ambos combos y parar cuando ya no te interesan más. Hoy en día nada de nada pero siempre es un placer pinchar Achtung Baby o Blood Sugar Sex Magik
Supongo que una de las giras más exitosas de 2017 fue la que conmemoraba el 30 aniversario de la edición de The Joshua Tree el álbum que sitúo a U2 en lo más alto. No hay como desempolvar un disco de esos míticos y montar una gira para seguir haciendo caja. Lo hacen casi todos. Y por supuesto U2 no iban a ser menos. Desconozco los resultados comerciales (insisto supongo que los irlandeses habrán obtenido pingües beneficios) y los artísticos. Tal vez Bono, The Edge, Larry Mullen y Adam Clayton no estén para muchos trotes o quizá en directo siguen siendo una banda fiable. En estudio sus últimos pasos son anodinos a más no poder como comprobé la semana que salió Song of the innocence. Lo tuvimos puesto varios días en la tienda y aquello era de una sosez supina.
De modo que me olvido de los U2 actuales. Realmente es una banda de la que me desentendí por completo hace años pero no reniego de varios de sus discos. Para nada. No los escucho como a finales de los ochenta y principios de los noventa (que era a todas horas) pero si estoy en un garito y suena cualquier tema de The Joshua Tree, Rattle & Hum o Achtung Baby los sigo disfrutando y mucho. Aunque mi exposición a su música ha disminuido mucho un par de veces o alguna más al año hago sonar a tope uno de los discos mencionados. Mi favorito siempre fue The Joshua Tree. Incluso cuando salió la edición conmemorando el 20º aniversario ( si también celebraron esa fecha) me regalaron la consiguiente caja conmemorativa. Una edición a la que fui sacando partido con el paso de los años.
Poco queda por escribir sobre The Joshua Tree. En mi caso mi fascinación por este álbum viene del mismo momento de su publicación. Y todavía me acuerdo cuando dos años después de la misma mi tío Julio me compró el vinilo en El Corte Inglés. Un disco que escuche compulsivamente y del que lejos de renegar sigo aplaudiendo cada uno de sus cortes. Es más incluso la trilogía inicial, radiada hasta la saciedad me parece sublime. Y eso es algo que no me sucede con los singles sobreexpuestos de otras bandas. Por ejemplo no soporto Walk of life o Money for nothing de Dire Straits, ni Roxanne de The Police, ni Born in the USA de Bruce Springsteen (el mejor momento para ir al baño en sus conciertos).
Pero The Joshua Tree es mucho más que esas tres canciones tan famosas. Todos los cortes rayan a una altura espectacular ahí esta la cortante Bullet The blue sky a la que le sigue una de mis favoritas de su amplio repertorio Runnig to stand still con una excelsa interpretación vocal de Bono una constante en todo el álbum. La cara B es para enmarcar con algunos de los momentos más sobrecogedores en la carrera de estos tipos: Red Hill Mining Town, In God´s Country o Trip Through your wires hubiesen podido ser unos singles tan atómicos como los Where the streets have no name, I still haven´t found what I´m looking for y With or without you. Y no es ningún farol.
Mentiría si no escribiese que One Tree Hill es una de mis canciones favoritas y no sólo de este disco o del conjunto de las rodajas de los irlandeses. De la puta historia, para que nos vamos a engañar. Ni se las veces que la pude pinchar y todavía hoy me emocionó con la coda final: Oh, great ocean, Oh great sea, running to the ocean, running to the sea... Según la Wikipedia fue lanzada como single pero sólo en Nueva Zelanda y Australia y está dedicada a Greg Carroll. Un tema que rompió moldes fue Exit, con una hipnótica progresión que desemboca con los cuatro músicos dándole caña al asunto. Un aspecto importante del álbum, vital es la producción a cargo del zumbado de Brian Eno y Daniel Lanois. Lejos de moverse en los resbaladizos terrenos de los ochenta el disco tiene un sonido muy bueno en el que se aprecian con nitidez todos los instrumentos y en el que la mezcla me parece cojonuda. Esta tarea corrió a cargo de Steve Lillywhite y el tipo se luce, la verdad. Se aprecia todos los instrumentos en igualdad de condiciones. Es innegable la importancia de la guitarra de The Edge, un sonido peculiar, personal, reconocible y que siempre me encandiló pero no menos fundamental es la perfecta sincronización de la sección rítmica con Adam Clayton al bajo y Larry Mullen Jr a la batería. Lo dicho jamás renegaré de este vinilo.
Han pasado veinte años desde que se publicó The Joshua tree, el disco que situó a U2 en el nivel más alto de su carrera, tanto comercial como artísticamente. Hasta aquel momento el grupo irlandés gozaba de un amplio respaldo popular pero este álbum los colocó en la liga de los más grandes. Esa en la que te conoce todo el mundo, incluida la gente a la que no le gusta la música. En la que tú música suena en todas partes y a todas horas.
Y transcurridas dos décadas sigue siendo el mejor disco de U2, una maravilla de principio a fin. Uno de esos trabajos en los que todo encaja a la perfección. En su día fue calificado como el álbum americano del cuarteto irlandés. Las referencias a EE.UU se veían en la portada (tomada en el desierto californiano), en la temática de algunas letras: Bullet the blue sky o In God´s country y en un sonido que aunque personal tomaba la esencia de la mejor música americana: blues, soul, country y folk.
El disco se inicia con la impresionante trilogía Where the streets have no name, I still haven´t found what i´m looking for y With or without you, tres canciones que se incrustaron en el imaginario colectivo con fuerza y que veinte años después siguen sonando tan frescas como entonces. Además de unas extraordinarias canciones, U2 se apoyaron en la sabia producción de Brian Eno y Daniel Lanois.
Pero hay mucho más, mi favorita siempre ha sido One tree hill, una delicia dedicada al asistente personal de Bono, Greg Carroll fallecido un año antes. O Exit, una de las canciones favoritas de Axl Rose, un tema de corte más experimental, con unos crescendos sublimes y una guitarra de The Edge portentosa. La cara b del disco, no tan sobreexpuesta como los que fueron singles es reveladora del momento inspirado que vivían Bono, The Edge, Adam Clayton y LarryMullen Jr.
Lamentablemente, U2 se han convertido en un grupo complaciente, de escaso interés, con un Bono pasado de vueltas y alejados de la musa inspiradora que les llevó a obras tan antológicas como The Joshua tree, Rattle and Hum o Achtung Baby. Pero, no importa cualquier momento es bueno para poner el vinilo de The Joshua tree y disfrutar de la música de un grupo en estado de gracia. Y jamás me he cansado de escuchar a mi tío sus batallas sobre el mítico concierto que el grupo irlandés dio en un abarrotado estadio Santiago Bernabeú el 15 de julio de 1987. Eso si que debió ser la hostia.