Hace apenas un par de horas que ha finalizado el primer concierto de la gira de Israel Nash por la Península. El Kafe Antzokia ha recibido hoy la contundente y por momentos lisérgica descarga de Nash y su banda perfectamente compenetrada. El nivel ha sido excelso durante todo el bolo llevando su música por múltiples recovecos con un inicio más centrado en temas de su último álbum, el estupendo Ozarker y dando rienda suelta a su veta más atmosférica y floydiana según avanzaba el show.
A eso de las 20:00 de la tarde de forma puntual tras una pequeña introducción por parte de los fantásticos músicos que secundan a Nash han sonado los primeros acordes de Can´t Stop seguida de Ozarker ambas canciones muestras del mejor pop rock que tan bien sabe hacer Israel Nash. Temas tarareables que se te quedan con una facilidad pasmosa característica clarísima de su último disco. A esa sencillez bien entendida se le han ido sumando las diferentes capas y matices en los que han jugado un papel estelar la banda formada por Eric Swanson (pedal steel, piano, coros y guitarra), Curtis Roush (guitarra y coros) y un baterista espectacular del que desconozco el nombre al igual que el del bajista. En cualquier caso ambos extraordinarios. Debe de ser una gozada para Israel Nash disponer de un combo tan solvente capaz de dar lo que pide a cada tema.
El concierto ha durado algo más de hora y cuarenta minutos que se me han pasado volando. Ninguna fisura y momentos verdaderamente sublimes. Mis favoritos han sido la emocionante interpretación de Lost in America al principio sólo con Swanson (piano) e Israel Nash (guitarra y voz) al que casi al final del tema se les ha sumado toda la banda encajando cada uno con un estilazo y clase tremendos; unas estratosféricas Shawdoland y Pieces del último álbum y esa Mansions que ha resonado por cada rincón del Antzoki. Israel se ha mostrado comunicativo y ha hablado en más de una ocasión para presentar diferentes canciones de las buenas vibraciones que le producía la sala donde estaba y el personal y se ha conjurado con su banda para dar rienda suelta a toda la música que tienen dentro y el asunto ha fluido de principio a fin. Es una de esas veces en las que he sentido que estaba en el lugar oportuno en el momento adecuado y encima mejor acompañado imposible. Rock´n Soul.
Hace unas semanas The Black Crowes anunciaron fechas de su próxima gira europea. La única parada en la península tendrá lugar en el Teatro Romano de Mérida un auditorio con capacidad para unos tres mil espectadores. El precio de las entradas causó cierto revuelo ya que las más baratas eran de 100 euros. Nada comparable a la que se ha montado en redes tras el anuncio de las dos fechas programadas por Pearl Jam en Barcelona en el mes de julio. El asunto adquiere tintes más dramáticos dada la colonia de fans de los de Seatle por estos lares. Más si cabe cuando hace treinta años Pearl Jam planto cara a Tickesmaster porque consideraba excesivo el precio de los gastos de gestión por las entradas. No voy a comentar las cifras de hace treinta años porque nos entraría la risa.
El asunto del precio de las entradas se ha ido por completo de las manos. Ya hubo una polémica similar con los precios para los shows de Bruce Springsteen el pasado año y lejos de mejorar todo este tinglado va a peor y me temo que va a ir a mucho peor. El Capitalismo lo fagocita todo, absolutamente todo y nadie escapa a sus garras. Los intermediarios se frotan las manos. Reconozco que es algo que me asquea hasta límites insospechados. He caído dos veces pero se acabó. Ni me planteo seguir esa dinámica. Y será por dinero ja ja. Lo que está claro es que todo el mundo en mayor o menor medida cae en el juego... Es el mercado, amigos, decía un asqueroso de uno de los partidos más corruptos de la historia.
Siempre me han gustado los conciertos en sitios pequeños, gozar de la música cerca y pasármelo en grande. No necesito mucha parafernalia. El Antzoki es el sitio perfecto para mi. En breve Israel Nash. Muchas ganas. Y a veinte euritos. A lo de los Cuervos le vi cierto sentido por ser en el lugar que era, al fin y al cabo los vas a ver de cerca y puede ser una experiencia diferente (aunque sigue siendo muy caro) pero lo de Pearl Jam o Bruce Springsteen es una locura... Y lo más sangrante de todo es que pagas ahora más que nunca cuando los artistas en cuestión ni de coña están en su prime. Pero a veces se comenten locuras y se cae en la trampa. El autoengaño funciona de maravilla ja ja. De todas formas confieso que a estas alturas no ver a Pearl Jam no me causa ningún trauma. Me jodió mucho más perderme a Allison Russell el año pasado en Madrid, Chris Stapleton el próximo otoño en Dublín o sin ir más lejos a Shawn James que en breve pasará por Zaragoza, Madrid y Barcelona y me es imposible asistir. Allá cada cual con sus movidas ja ja.
El otro día cuando fuimos a ver a Jesse Malin a la Crazy Horse de Bilbao mientras esperábamos en la cola de entrada Su comentó: Pero si casi somos los más jóvenes. Y estamos más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. Ahí lo dejo, ja, ja. No parece haber relevo para el rock´n roll. Es más yo diría que a este tipo de bolos siempre vamos los mismos. Ya éramos casi los más yogurines hace veinticinco años y seguimos siéndolo ja ja. En fin tal vez tenga que acudir a un concierto de Greta Van Fleet, DeWolf, Band Of Skulls o yo que sé Los Zigarros aunque sólo sea para comprobar si hay gente más joven que nosotros entre el público. Reconozco que de los mencionados los únicos que me ponen realmente son Dewolf que me tienen ganado para su causa con el tremendo Wolfpack.
En cualquier caso lo que está más que claro es que el rock es salvo contadas excepciones más underground que nunca. Y lo que parece entusiasmar a la chusma hoy en día va por otros derroteros. Me viene a la mente la lapidaria sentencia que hace un par de semanas un cliente le lanzo a un compañero de la sección de música de la FNAC, le dijo, si no te gusta Rosalía o C Tangana eres un Polla Vieja. Ja, ja y requeteja. Presente ¿Cuál será el equivalente femenino? Old Dicks de este mundo uníos. Es curioso porque parece que por pelotas te tiene que gustar la del Motomami y que si no no ten enteras de la vaina. Hay youtubers que te lo explican clarito ja ja. Recuerdo que no hace tanto un buen amigo me confesó que había visto a Rosalía en un festival y que se montaba un buen espectáculo y tal... Luego me confeso que estaba colocado jaja. Pero en fin allá cada cual. Yo a lo mío. Ahí les dejo miserables roedores con un par de pontificadores septuagenarios, un par de cuarentones que me tienen loco y unos tipos de Chicago que ya llevan más de veinte años haciendo música y cada vez mejor. ¡Viejunos Power!
En las últimas semanas estoy viviendo un constante y gozoso descubrimiento de discos publicados el pasado año y que estoy catando ahora. Tanto es así que planeo un anexo a mi clásico Top Seventeen 2021. Y cuidado que me pueden salir otros diecisiete para mi algarabía sin límites. Y sin duda uno de los que podría estar ahí y en las primeras posiciones es Topaz de Israel Nash. Llevo unos cuantos días absolutamente prendado de este artefacto. Tan sólo había escuchado Divinding Lines y Pressure en un podcast de El Maquinista de la General allá por marzo. La primera me flipó y me propuse darle cancha pero luego por unas u otras circunstancias tiré hacia otras cosas. Pero le tenía pendiente y sabía que antes o después me lanzaría a por el.
Recientemente Su me contó que un día en la tienda un cliente le preguntó por este disco y daba la casualidad de que le encontró la última copia que quedaba. Y en los tiempos que corren, dadas las irrisorias ventas era un oportunidad única. El tipo en cuestión le dio efusivamente las gracias diciéndole que era uno de los discos que más le había gustado de los últimos años, que era lo más parecido al nivel de Neil Young en los setenta cuando estaba on fire. De modo que ese comentario y mi buen recuerdo de esos dos temas han hecho que lo escuche en el tubo primero y después aprovechando una jugosa oferta con el Bono Denda me lo haya pillado en vinilo junto al There´s Riot Goin´On de Sly & Family Stone y el Neither Fish Nor Flesh de Terence Trent D´Arby. Todo por 41 euros. Salí de Power Records con un gran sonrisa.
La primera vez que escuché a Israel Nash llevaba el Gripka en su apellido. Mi camello me grabó un disco que me gusto mucho, Barn Doors And CroncreteFloors de hecho tenía momentos sublimes. Incluso le vi en directo en la sala Azkena en un buen concierto al que tal vez le falto algo de punch, más duración un poco más de salir a conquistar a la audiencia. Después sinceramente le perdí la pista pero nunca es mala hora para recuperarla y más con un disco tan espléndido como Topaz que sinceramente me tiene loco. Es la misma eufórica sensación que tuve con el Part Of The Light de Ray Lamontagne con el que tiene cierta conexión.
La sombra de Neil Young sigue siendo alargada sobre todo en esas guitarras acústicas que tan bien suenan y en la propia voz de Israel pero este disco en mi opinión va mucho más allá de la bendita influencia del canadiense. Sólo hace falta escuchar la inicial Dividing Lines para percatarse de ello. Una de esas canciones arrebatadoras provista de una excelsa y emotiva interpretación vocal y jugosamente sazonada con unos coros muy emocionantes en la parte final a cargo de Rockyanne Bullwinkel y Jenny Carson que le dan cierto aire floydiano. Me tiene loco. Si a eso le añadimos una excelente sección de vientos a cargo de Derek Phelps (trompeta), Joe Woullard (Saxo barítono) y Jason Frey (Saxo tenor) pues tenemos el cóctel perfecto que se repetirá en la tercera pista Down In The Country tan buena como la primera y con los mismos ingredientes.
No me olvido de la segunda pista Closeren una línea algo diferente donde juega un papel fundamental la atmósfera que proporciona el órgano de Edward Brailiff Una pequeña obra de arte. Música para sentirla de arriba a abajo. Al igual que los dos temas que completan la cara A: Southern Coasts y Stay, este último un tema que si te dicen que es un éxito de uno de los grandes de los setenta te lo crees. Esa parte final con la guitarra deudora del mejor David Gilmour me tiene prendado por completo y de nuevo se le suman de forma sutil e inmejorable la sección de viento perfectamente ajustada sin restar ni un ápice, dejando a la canción fluir. Esos dos últimos cortes me recuerdan a los mejores momentos de Ray Lamontagne. No en vano por aquí esta Seth Kauffman que se encarga de la batería, percusión y algún bajo, un excelente músico que ya colaboró con Ray en Part Of The Light.
La cara B no baja el pistón ni por un momento. Ahí está ese bella apertura con Canyonheart un tema que reúne como otras canciones del álbum un perfecto compendio de folk, cierto aire soul y momentos progresivos pero sin abrasar al personal. Una brutal combinación que le vuelve a emparentar con mi adorado Ray Lamontagne. Tanto Indiana como Howling Wind son evocadoras a más no poder, la clase de canciones que recompensan con creces las escuchas atentas. Sumergirse en discos así es una auténtica delicia, una experiencia sonora poderosa que requiere tener buenas canciones de las que este disco va sobrado y músicos competentes y con alma que las hagan volar alto. Aquí se dan ambos aspectos. El final con Pressure es un ejemplo tan bueno como cualquiera de las otras nueve.