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lunes, 19 de enero de 2026

O Captain, my Captain!

Hacía más de veinte años que no veía El Club de los Poetas Muertos. Lo hice ayer de nuevo porque Maiaki tenía muchas ganas de verla. La primera vez que la vi me causó un profundo impacto. La película formaba parte de la programación educativa del Instituto donde estudié y recuerdo que nos desplazamos a verla a los cines Duplex de Barakaldo. Caminamos hasta la localidad vecina y el camino de vuelta estuvo repleto de un emocionante debate sobre la película. A muchos nos cautivó y cuando la vi años después con Su, ya en formato dvd en versión original, la magia continuaba intacta. 

Ayer me volví a emocionar con la película. Sigue más vigente que nunca porque trata de temas universales que nunca pasan de moda y porque consigue hacerlo de una forma divertida, elegante y en muchos momentos conmovedora. El film es uno de esos que no olvidas y que conviene ver cada poco tiempo para tener bien presente que es fundamental ser uno mismo, pensar en libertad y no ir en manada, que es maravilloso enriquecerse conociendo y respetando a otras personas y que jamás hay que olvidar la pasión en este mundo a menudo tan gris. 

En cuanto a lo puramente cinematográfico Peter Weir es uno de esos directores fiables a más no poder, capaz de crear bellas imágenes al servicio de la historia y de sacar el máximo partido a un casting espectacular en el que por supuesto destaca Robin Williams dando vida a un maravilloso profesor Keating. Los por aquel entonces muy jóvenes Ethan Hawke, Robert Sean Leonard, Josh Charles se lucieron dando vida a personajes con mucho que rascar aunque mi favorito siempre fue Nuwanda el personaje interpretado por Gale Hansen




viernes, 8 de agosto de 2025

Sigourney

En realidad se llamaba Susan Alexandra Weaver pero se lo cambió por Sigourney nombre de un personaje que aparece en el Gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald. Se cuenta que le gustó su sonoridad y que era muy llamativo. Ya había demasiadas Susan en el teatro. Desde luego es un nombre poderoso, sonoro, pizpireto y le va perfecto. Por si fuera poco Sigourney nació en Manhattan y su primer papel en el celuloide fue en Annie Hall de otro ilustre neoyorquino, Woody Allen. Es seguro que uno de sus personajes más icónicos sea el de la Teniente Ripley en la saga de Alien. Mentiría si escribiese que está entre mis películas favoritas. 

Puede que me cautivase por primera vez en Los Cazafantasmas, donde luce espectacular, pero yo ahí todavía era un terrible infante. Algunos años después ya me enamoró por completo en Armas de mujer... Pero no sería hasta mediados de los noventa cuando caí rendido antes sus interpretaciones en El año que vivimos peligrosamente (recuerdo verla en el programa de televisión Que grande es el cine de Jose Luis Garcí), Dave presidente por un día, La muerte y la doncella, Copycat y sobre todo La tormenta de Hielo de Ang Lee donde comparte protagonismo con Kevin Kline. Algunas de de mis escenas favoritas de su filmografía están en ese film. 

He seguido su carrera desde esa época y todavía hoy en día disfruto con su presencia e interpretaciones. Sin ir más lejos el año pasado estuvo espléndida cuando le dieron el Goya Internacional. Conservaba todo su carisma y esplendor y esta semana he visto una película (Una buena casa) en la que de nuevo comparte protagonismo con Kevin Kline. El film no es una obra maestra, ni mucho menos pero tiene su encanto y su papel es una golosina que Sigourney borda como tantas otras veces. 

miércoles, 3 de julio de 2024

Seven Seconds

En mi más tierna infancia, aficionado como era al cine de Hollywood cuando veía una película de esas que te mantenía en vilo, plagadas de injusticias en la que claramente te posicionabas del lado correcto y cabal, de la justicia, cuando llegaba el final feliz me alegraba, me regocijaba de que los buenos ganaran. No voy a despotricar de casi nada o de muy poco de lo que vi. Y en muchos casos, en una gran mayoría, eran muy buenas películas. Con los años supongo que te maleas. O simplemente estás mejor informado. Y desde que vi la serie The Wire ni os cuento. Lo cierto es que la ficción creada por David Simon es un trabajo a reivindicar hasta el fin de los días. Seven Seconds no llega tal grado de excelencia pero es otra excelente serie, escribiría que junto a Mindhunter lo mejor que he visto nunca en Netlfix

Lo curioso es que comencé a ver esta serie hace más de un año. Tan sólo el primer episodio. Tenía buena pinta pero vete a saber como andaba de sueño o qué me pasaba que no continúe. Hace unas semanas Su y yo decidimos recuperarla. Ha sido todo un acierto. Lo que en principio parecía una ficción sobre un caso de asesinato y su resolución es según avanza mucho más que eso. El racismo, la justicia, las relaciones familiares, las segundas oportunidades, la vida en una ciudad de las no mas agraciadas de Estados Unidos... Todos esos temas y algunos más tienen cabida en una trama que no sólo va atrapando sino que se va moviendo por ricos e inesperados recovecos sin recurrir a lo fácil y a lo tópico. Cuestiones que te hacen pensar en muchos aspectos de esta sociedad capitalista en la que vivimos.  

Uno de los indudables aciertos es el reparto encabezado por Clare-Hope Ashitey en el papel de una fiscal (K.J Harper) cuya vida es un desastre absoluto y que afrontará en principio sin mucha convicción el caso de un atropello de un chico negro. Una de las claves de su evolución la encontraremos en su relación con Michael Mosley (Fish Rinaldi), un policía que al principio parece un sinsorgo de mucho cuidado pero que va a evolucionar de una forma fantástica. Tal vez los personajes de los policías caigan más en los estereotipos pero aún así todos están muy convincentes en sus respectivos roles. Mención especial también para los padres del chico atropellado, Russell Honsby (Isaiah Butler) y Reggina King (Latrice Butler). Ambos evolucionan de una forma creíble y muy bien trabajada en toda la serie. Si quieres ver algo que acabe bien esta no es tu serie. Si por el contrario, eres como yo y te regocijas en un final realista que te hace exclamar !Menuda puta mierda que es casi todo! esto te puede gustar. O no. Yo qué sé. 

domingo, 16 de junio de 2024

Eric

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una ficción televisiva como lo he hecho con Eric miniserie de Netflix situada en el Nueva York de los ochenta. La vida de un célebre titiritero (Vincent), creador de un exitoso programa televisivo da un giro total cuando su hijo (Edgar) de nueve años desaparece un día al ir al colegio. Vincent se siente culpable porque entre otras cosas el día que sucede no le hace caso a su mujer (Cassie), que le repite varias veces que le acompañe al centro escolar pero mucho más porque sabe que es un padre que deja mucho que desear ya que no trata bien ni a su mujer ni a su hijo. 

Entres los puntos fuertes de la serie esta el elenco actoral encabezado por un excelente Benedict Cumberbatch (Vincent), Abby Hoffman (Cassie) o John Doman (Robert Anderson). Tal vez los rostros más conocidos junto al pequeño pero impactante y maravilloso papel interpretado por Clarke Peters (George). Peters ya se ganó el cielo con su papel de Lester Freamon en The Wire. Los rostros nuevos que no conocía y me han encantado en esta trama son los de McKinley Belcher III (Ledroit) y Erika Soto (Tina) pero en conjunto todos los actores brillan a gran altura. 

Algunas de las críticas que ha recibido la serie hacen referencia a que es demasiado ambiciosa, a que trata demasiados temas no logrando abarcarlos con la profundidad requerida. Lo cierto es que la trama va mucho más allá de la desaparición del niño y mete el bisturí, en mi opinión de forma acertada para el formato miniserie en los problemas que acechaban aquellos años a la ciudad de Nueva York: gentrificación, vagabundos por las calles y los subterráneos, homofobia, corrupción policial, diferencias de clases, racismo.. Nada que no siga vigente y que no tenga que ver con el Capitalismo que lo fagocita todo.  

Entre los grandes aciertos de la serie está la evolución de los personajes desde el protagonista, un Vincent que tendrá que pasar por lo más bajo para darse cuenta de que necesita ayuda, pasando por el inspector Ledroit tal vez el personaje con más aristas y que más juego da según avanza la trama. Otro aspecto fundamental es la recreación de las calles de la Nueva York de esa época tantas veces vistas en diferentes ficciones a lo largo de los años y que el menda no se cansa de ver. En definitiva, Abi Morgan la directora de Eric ha conseguido un producto televisivo de mucha calidad, entretenido y que a la vez da que pensar y mucho en los temas antes mencionados o en las relaciones personales, paterno filiales y de convivencia o en lo importante que es tener empatía. 





lunes, 22 de mayo de 2023

Irrational Man

Hubo un tiempo en que no faltaba a mi cita anual en el cine con Woody Allen. Seguía su obra con genuina devoción, no me perdía ninguna de sus películas y leía todo lo que encontraba sobre su vida y obra. Siempre me han atraído los temas que tocaba el neoyorquino y rara vez me decepcionaba. Mi interés decayó considerablemente cuando estrenó Vicky Cristina Barcelona. Por esa época época hubo una saturación excesiva de información sobre Allen y la película debió de ser de las más flojas en la filmografía del director. Ni la llegue a ver. Después de esa me perdí unas cuantas más. Algunas no me llaman la atención pero las que he visto han mantenido sólida e imperturbable mi admiración por Woody. Mirando el catálogo de Netflix vi que estaba Irrational Man que escapó por completo a mi radar. Comprobar que los actores principales era Joaquin Phoenix y Emma Stone fue suficiente para decidirme por ella. Y me encantó.

La película arranca con la llegada de Abe (profesor de filosofía de prestigio) a un campus donde va a impartir clase ante la algarabía del alumnado y de sus propios compañeros. La presentación que hace Woody del personaje fantásticamente interpretado por Joaquin Phoenix me parece gloriosa. Como en otras ocasiones Allen nos presenta a un personaje torturado que esta pasando por una muy mala época. A Abe (Joaquin Phoenix) le ha ha abandonado su mujer y su mejor amigo ha muerto en la guerra de Irak. La expectación que hay en torno a su figura es explicada en unos cuantas sencillas y perfectas escenas y pronto entran en acción los otros dos personajes protagonistas: una enigmática y sugerente Rita (soberbia Parker Posey) y una encantadora y atractiva alumna, Jill, interpretada por una radiante Emma Stone

Tal vez una de las claves del film es que el trío protagonista está excelso. Es un elemento fundamental y suele ser habitual en las películas de Woody Allen pero es que aquí me parece un acierto la elección y por supuesto las interpretaciones de los mencionados Emma StoneParker Posey Joaquin Phoenix. La trama como en otras ocasiones en las películas de Woody Allen indaga en los recovecos del alma humana, sus contradicciones y lo hace alternando la comedia negra con el drama sin resultar en ningún momento aburrido ni pretencioso. Es un bendito equilibrio que te hace gozar del mejor Woody Allen ese que se inspira en uno de sus escritores favoritos (Fiodor Dostoyevski) para hurgar en los vericuetos del alma humana. Excelente. Y como es costumbre la música a la altura. 

domingo, 25 de septiembre de 2022

Labor Day

Ni me acuerdo desde hace cuanto Kate Winslet es una de mis actrices favoritas de la historia. Pero seguro que no es desde Titanic ja ja. Eso lo tengo claro. Tras ver ver Labor Day lo tengo aún más nítido así como que esta película se ha convertido en una de esos film especiales, que lo tiene absolutamente todo para volarme la cabeza. Una historia singular, emotiva y penetrante llevada a la pantalla con toda la clase del mundo por Ivan Reitman del que anteriormente había visto las también muy notables Juno y Up In The Air. Por el tono, por la forma de narrar la historia y por los paisajes incluso, emparentaría esta película con joyas como Tomates verdes fritos, Cadena Perpetua o Revolutionary Road

A veces sé de forma harto fiable cuando una película va a captar por completo mi atención y los primeros fotogramas de Labor Day acompañados por la voz en off de uno de los protagonistas de la historia ha sido una de esas veces. La trama del film se sitúa a finales de los ochenta, concretamente en 1987 y cuenta la historia de un adolescente de 13 años, Henry Wheeler (Gattlin Griffith) que vive con su madre divorciada y acuciada por una profunda depresión y por agorafobia, una espectacular como siempre Kate Winslet en el papel de Adele. La vida de estos dos personajes transcurre tranquila hasta la sorprendente aparición de Frank Chambers (Josh Brolin). El punto de partida puede resultar ciertamente inverosímil. Y ahí puede radicar el principal escollo. Si lo pasas la película te puede encantar de lo contrario tal vez la consideres un pastiche melodramático. Y lo paso de sobra y lo saboreo de principio a fin.


Entre los muchos aciertos de la película esta la actuación de sus tres protagonistas a cual mejor y la forma en la que el director sortea el melodrama cursi o empalagoso en pos de unos personajes profundos con una carga emocional tremenda y con matices creíbles. El pasado de todos ellos es mostrado en elegantes flashbacks que actúan de subrayado a un presente que poco a poco el espectador va comprendiendo. También es muy elegante y sutil la forma en la que el director apuesta por el acercamiento físico y emocional de los personajes interpretados por Josh Brolin y Kate Winslet

Puede que en el fondo esta película tan sólo sea un cuento con moraleja, una historia sencilla, puede que irreal que nos habla de la necesidad que tenemos los humanos de conectar unos con otros, de lo desesperante que puede ser la soledad o de la acuciante necesidad de afecto y protección que todos en mayor o menor medida necesitamos. Es una película en el fondo retro, un relato que no casa con los tiempos locos, de exposición continúa y redes sociales a todas horas en el que vivimos pero yo le doy la bienvenida. Y muy a gusto, la verdad.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Miguel Ángel Villena. Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente

Este año se celebra el centenario del nacimiento de Luis García Berlanga, mi director favorito del cine español y uno de los más grandes en la historia de este arte. Con motivo de esta efémeride durante todo el año se han sucedido las exposiciones, debates e innumerables referencias a este cineasta valenciano que como muy bien subtitula Miguel Ángel Villena en su libro fue un creador irreverente entre otras muchas cosas. El autor de este volumen, galardonado con el XXXIII Premio Comillas, realiza un exhaustivo y atractivo repaso a la vida y obra de Luis García Berlanga

Miguel Ángel Villena se ha documentado profusamente sobre la vida de Berlanga, se ha entrevistado con más de treinta personas que le conocieron y ha revisitado sus películas para armar un libro que se lee del tirón con mucho interés y en el que confluyen perfectamente la parte biográfica con la profesional, de hecho como sucede siempre ambas están unidas. Berlanga siempre gozó de una posición privilegiada para llevar a cabo su sueño que no era otro que ser director de cine. Por parte materna, Luis García Berlanga tenía el sustento más que asegurado y nunca le falto de nada. De hecho sus estudios de cine y estancia en Madrid corrían a cargo de la familia. No hay duda de que el hombre aprovechó perfectamente esa oportunidad para desarrolar una filmografía más que excitante con cuatro o cinco largometrajes míticos e imprescindibles en la historia del cine español. 


Uno de los temas que más me llamaban la atención antes de leer el libro era la relación entre Luis Garcia Berlanga (autodenominado anarquista burgués) con Juan Antonio Bardem (comunista). Comenzaron su andadura cinematográfica juntos codirigiendo Esa Pareja Feliz y colaborando en Bienvenido Mr Marshall pero pronto sus caminos se separaron no tanto por sus divergentes opiniones políticas sino sobre todo por concebir el cine casi de forma antagónica sin que ello reste un ápice de grandeza a ninguno de los dos. En mi opinión Berlanga tuvo una carrera mas sólida, más buenas películas pero Bardem tiene dos obras maestras (Muerte de un ciclista y Calle Mayor) que no tienen nada que envidiar a las grandes películas de Berlanga (Bienvenido Mr Marshall, Plácido o El Verdugo).

Otro de los aspectos interesantes que se mencionan en el libro es por qué el cine de Berlanga nunca tuvo el éxito internacional que alcanzaron los otros dos creadores más laureados de España: Luis Buñuel y Pedro Almodovar. En este sentido el director manchego señala que era muy difícil subtitular el cine de Berlanga con esos grandiosos planos secuencia en los que todo quisqui esta hablando. Y creo que es un diagnóstico certero. Resulta complicado imaginar siguiera como se pueden poner subtitulos a ciertas escenas de Plácido o de La Vaquilla por mencionar dos de las que contienen algunos de los planos secuencias más caóticos en la filmografía del director valenciano. 

El autor del libro logra que tras leerlo te entren unas ganas tremendas de visionar las grandes películas de Berlanga que no sólo han envejecido la mar de bien sino que son un compendio irresistible del comportamiento humano con todas sus miserias, contradicciones y recovecos posibles sin que por ello no haya un cariño genuino hacia los personajes. Y para dar vida a esos personajes, Berlanga contó con una pléyade maravillosa de actrices y actores españoles que encajaban a la perfección en el cine de Luis García Berlanga que además tuvo en el guionista Rafael Azcona al compañero perfecto para contarnos de la forma más cachonda la vida misma. 



viernes, 23 de abril de 2021

25 aniversario de Trainspotting

Este año se cumple el veinticinco aniversario de Trainspotting una de esas películas generacionales que lo peto a mediados de los noventa recaudando millones de dólares, mucho más de lo que costo. Un
 éxito descomunal ligado a una banda sonora en la que por encima de todo destacan dos temas icónicos de Iggy Pop: Lust For Life y The Passanger y en la que por supuesto también tiene su momento Perfect Day de la Velvet Underground. Se puede hurgar más en la banda sonora pero en mi casa siempre relaciono este film con la peculiar figura de la Iguana. 

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi esta película y con quién. Cinco colegas nos juntamos para ir un día de diario a la última sesión. El cine estaba a tope y es de esas ocasiones en las que incluso te pierde diálogos por el atronador volumen de las carcajadas que te rodean. La película arranca como un tiro con el demoledor monólogo de Renton, el personaje magistralmente interpretado por Ewan McGregor, al irresistible ritmo de Lust For Life. No se me ocurre una elección mejor y una forma más poderosa de empezar una película con una secuencia excelentemente rodada y de la que no puedes apartar la vista ni un momento. 

Al reconocimiento popular y unos pingües beneficios se le unieron también las consabidas críticas. La más recurrente, que la película era una apología de las drogas. Recuerdo al director Danny Boyle replicando que dudaba que a nadie que viese la película le entraran ganas de convertirse en yonqui. Y estoy de acuerdo con él.  Boyle retrata en la película la vida de unos cuantos heroinómanos que pasan momentos divertidos, como la mayoría de los jóvenes a esa edad pero que sufren su enganche y lo pagan con creces. No hay ni glamour, ni apología, todo lo contrario hay escenas realmente duras que se te quedaban grabadas a fuego en la retina.

La película se beneficia de las espléndidas actuaciones de todo el elenco. Ya he mencionado a Ewan McGregor pero no se quedan atrás un magnético Jonny Lee Miller en el papel de Sick Boy, el entrañable Spud interpretado por Ewen Bremmer y tiene momentos absolutamente gloriosos Robert Carlyle interpretando el sociópata Francis Begbie. Cuesta elegir escenas favoritas pero sin duda una de ellas es la trifulca en el bar. La gozo. Y no puedo dejar de identificarme con Sick Boy cuando le da la chapa a todo el que se le pone a tira con su bendita obsesión por Sean Connery. Me he visto en esas con Solomon Burke o Rory Gallagher ja ja.




sábado, 10 de abril de 2021

Loving

Termino de ver Loving y me sigue sorprendiendo que lo que se cuenta en el film sucediese en Estados Unidos hace tan poco tiempo. Y es que por muchos libros o ensayos que haya leído sobre la segregación racial, por muchas películas y documentales que haya visto sobre el tema, en definitiva por mucho que indague en este vergonzoso asunto sigue siendo sorprendente. Incluso hoy en día se siguen sucediendo atrocidades impensables en el supuesto lugar de la democracia por antonomasia. Quiero pensar que la situación ha mejorado porque peor sería imposible pero no deja de perturbarme que todavía haya lugares donde suceden esas atrocidades.

En Loving Jeff Nichols nos cuenta con pulso firme, sin estridencias y con un estilo pausado y emotivo sin caer en el pasteleo la historia del matrimonio interracial Loving. Richard y Mildred se casaron en Washington DC porque en Virginia donde vivían esa unión estaba prohibida. Una noche, debido seguro a un chivatazo, el sheriff del condado irrumpe en su habitación y les mete en la cárcel alegando que la ley prohíbe el matrimonio entre personas de diferente color. Para librarse del calabazo Richard y Mildred se deben declarar culpables y no volver a pisar su estado natal en veinticinco años. Se les obliga a vivir en otro lugar. Y esto aunque parezca increíble sucedió hace apenas cincuenta años. 

Nichols opta por narrar la película de forma calmada y sosegada incidiendo en la vida tranquila de la pareja cuyo único delito era quererse. El director otorga tanta importancia a los silencios y las miradas como a los diálogos y huye de las estridencias y los melodramas baratos para configurar un film preciso y precioso, encantador, que se apoya en las excelsas interpretaciones de Ruth Negga y Joel Edgerton. Impresionantes ambos. Así, nos muestra con vocación antropológica la vida de dos personas en un entorno rural. Ese aspecto esta magníficamente retratado por Nichols que elige cada plano y secuencia en base a esa premisa pasando de lo cotidiano a lo universal. La película está muy alejada de los filmes con juicios grandilocuentes y se centra en la pareja, sus inquietudes y anhelos, la forma en que reaccionan ante una situación dantesca. Y a partir de lo cotidiano construye un discurso universal y refleja el conflicto social y político que desgraciadamente aunque en menor medida sigue vigente.

Es necesario resaltar la encomiable labor de los protagonistas magníficamente secundados por el resto del reparto. Un acierto que atañe también a los actores en los roles de los abogados que llevan al caso al Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Acertadamente Nichols no rompe la dinámica de la película con su aparición y sigue con su estilo cercano. Ambos actores (Nick Kroll y John Bass) continúan con el tono sencillo de la historia, lejos de los aspavientos tan típicos de los momentos judiciales. Todo un acierto. Nichols es capaz de conmoverte con una película sencilla y cercana en la que sientes que esa historia que te cuentan le podría pasar a cualquiera, incluso a ti. 






viernes, 15 de noviembre de 2019

Los Santos Inocentes

El otro día en uno de esos raros zappings televisivos que suelo hacer pillé Los Santos Inocentes y como me pasa siempre me enganché de nuevo. Debo haber visto la película más de diez veces. Y no me canso. Es una obra perfecta. No es sólo que esté entre las mejores películas de la historia del cine español, esa categoría se le queda corta, es una puta maravilla del séptimo arte a nivel mundial. El material en el que se basa es muy potente. Una excelente novela de Miguel Delibes, mi autor favorito en lengua castellana. 

Hace un par de domingos emitieron en La 2 en el programa Imprescindibles un documental sobre Miguel Delibes. Muy recomendable. Y fue en ese espacio donde me enteré de que Delibes había tenido el manuscrito de Los Santos Inocentes en un cajón durante mucho tiempo. No se sentía cómodo exponiendo todo ese material ya que estaba basado en una experiencia real. Al parecer la familia Delibes solía pasar algún verano en una finca de unos familiares en Extremadura y el bueno de Miguel se basó en esa peripecia vital para configurar el aterrador relato que presentó en esa obra. Pero le costó dar el paso de publicarla. Sentía cierto pudor y amargura, pensaba que iba a molestar a esos parientes como al parecer así fue. El mundo ganó una poderosa obra literaria y luego una excelsa película.
Imposible interpretar mejor a un ser tan despreciable
 
La novela fue adaptada al cine por Mario Camus que cuenta en su haber con otra prodigiosa adaptación de la estupenda La Colmena. No es sencillo dar con la tecla adecuada para llevar a buen puerto una novela al cine. Aquí Camus consigue realizar una película espectacular, fiel al texto literario y que cuenta con una baza fundamental: un reparto excelente. Uno de los secretos de esta película es la extraordinaria labor de los actores y actrices que participan. Paco Rabal y Alfredo Landa ganaron ex aequo el premio al mejor actor en el cicatero festival de Cannes pero ese galardón lo podría haber ganado también perfectamente Juan Diego que borda el papel de un señorito facha y asqueroso, un ser despreciable incapaz de tener empatía con nadie, arruinando la vida al personaje interpretado por Alfredo Landa (Paco El Bajo).

Cogí el pase televisivo en la escena en la que los señoritos y señoritas de la finca están de sobremesa con un embajador al que le muestran los progresos de la chusma. Ese momento en el que un ufano y altanero Juan Diego le espeta con chulería al embajador que cuente por ahí lo que se hace por esos lares. Es entonces cuando aparecen los personajes interpretados por Alfredo Landa y una espléndida Terele Pavez para escribir su nombre en una libreta y demostrar al embajador en cuestión que los señoritos dan educación a la plebe. Que un diez por ciento de lo que se ve en la película sea verdad es inquietante que el noventa por ciento pueda ser verdad es aterrador.


martes, 30 de enero de 2018

Detroit

Aunque reconozco que la primera media hora de Detroit no me estaba enganchando la perseverancia ha sido recompensada con creces. Los primeros fotogramas de este film parecen un documental sobre los disturbios de Detroit acontecidos en 1967. Un estilo hiperrealista, sin apenas diálogo y sin personajes que lleven la película. Pero poco a poco eso va cambiando y visto el resultado final me parece una forma estupenda de comenzar, una presentación potente, ir de lo general, del contexto a lo individual a lo concreto para centrarse en varios personajes.

El film comienza con la redada de la policía en un bar sin licencia de Detroit y ahí ya nos muestran la brutalidad impune de los gendarmes y la tensión racial palpable. Los disturbios que se muestran al comienzo hacen pensar que la película se va a centrar en eso pero da un giro muy interesante y bien llevado con la aparición de un grupo de jóvenes negros que forman el grupo The Dramatics dos de cuyos componentes se quieren enrollar con un par de chicas blancas alojadas en el motel Algiers y es ahí donde comienza la pesadilla para unos cuantos jóvenes negros y esas dos chicas sometidos a la brutalidad policial.

La película consigue violentarte, indignarte y ponerte de mala hostia ante tanta injusticia. Los hechos acontecidos en el motel Algiers son expuestos con crudeza, tal vez esto en si no tenga especial mérito pero si que lo tiene el retrato de alguno de los personajes, en especial el interpretado por Algee Smith, su historia es la que más conmueve del metraje. Alguien que salva la vida en una situación límite pero al que lo acontecido en Algiers le pesará el resto de su vida hasta el punto de abondar lo que más quiere por un perfil mucho más bajo. 

Debido al título me esperaba un film mucho más coral, centrado en los disturbios de aquel año en Detroit, que se explicasen con más detalle, sin simplificar tanto, y lo que se hace en la película es centrarse en un hecho concreto (el del Motel Algiers, que habría sido mejor título). En cualquier caso recomendable film con una banda sonora deliciosa.




viernes, 15 de diciembre de 2017

Las ventajas de ser un marginado

Basada en la novela del mismo título y dirigida por el propio autor de la misma, Las ventajas de ser un marginado es una deliciosa película sobre una época convulsa en la vida de cualquiera: la adolescencia. Es un tema explorado en muchas películas y un terreno pantanoso en el que es complicado no caer en la sensiblería o en lo superficial sin ahondar en el meollo de la cuestión. Stephen Chbosky sabe dar con la tecla adecuada para mostrarnos a unos adolescentes que comienzan su paso a la vida adulta, un camino como el de todos plagado de dificultades, decepciones y alegrías. Un período al que algunos adultos quitan importancia pero que es vital. Viendo está película empatizas con los adolescentes, te ves con esos años lo que supone un triunfo absoluto para Chbosky que es capaz de contarlo todo de forma sutil y misteriosa, sin alardes, dejando espacio para cada escena, mostrando simpatía por todos los personajes. 

Uno de los aciertos indiscutibles del film es el casting. Desconozco si los protagonistas estaban curtidos ya en el medio o eran debutantes pero aquí logran dar credibilidad a cada escena en la que aparecen logrando la cercanía de las grandes ocasiones. Viendo la película y aunque la temática no tenga mucho que ver he tenido parecidas sensaciones a cuando vi Jóvenes prodigiosos de Curtis Hanson una de esas películas que conviene volver a ver si o si.



Otro aspecto que me he ganado del film es la importancia que se le otorga a la música. La que escuchan los personajes tiene un rol primordial. Una de las escenas más emocionantes es al ritmo de Heroes de David Bowie y otro momento muy chulo es cuando suena a tope Low de Cracker en una de esas fiestas en las que a todos nos gusta perdernos de vez en cuando y más si es a ritmo de rock por lo menos en mi caso. 

El film cuenta la historia de Charlie (Logan Lerman) un joven que cuenta a través de unas cartas a una persona sin identificar sus peripecias vitales en los años de Instituto. Una época convulsa en la que intenta encajar como casi todos lo hemos hecho refugiándose en los espíritus más afines. La película es una maravillosa exaltación de la amistad, un chute vital entre tanta peli de adolescentes casposa, facturada con sumo gusto y fantásticamente interpretada. Para poner en los institutos. 



viernes, 8 de diciembre de 2017

Stranger Things

Una de las series que más ruido mediático ha generado en los últimos años es Strangers Things. Netflix ha apostado fuerte por esta ficción televisiva y ha tirado la casa por la ventana en publicidad tanto en los medios tradicionales como en las hoy en día indispensables redes sociales. Tal vez no juegue en la liga de Juego de Tronos en cuanto a bombardeo pero poco le falta. En la calidad ni entro porque la serie de la HBO no es de mi interés. 

Algunos críticos han machacado a conciencia a Strangers Things. Lo más recurrido es que se trata de un refrito de los ochenta que hace algo más que tomar cosas prestadas de obras tan dispares como Los Goonies, E.T o Cuenta conmigo, es decir, que se sumerge sin ningún tipo de rubor en el universo de Stephen King o Spilberg saqueando a gusto y montando un puzzle curioso. Puede ser. No soy tan severo.

Vistas las dos temporadas me quedo sin duda con la primera, la segunda se me ha desinflado demasiado pronto cuando todo se hace más explícito pero para que nos vamos a engañar he pasado unas horas divertidas que no es poco. No juega en la liga de esas series que me vuelven loco y que puedo revisitar o incluso pillar un capítulo suelto y volverlo a ver porque hay mucha miga. Los creadores avisan con una tercera parte. De hecho con el éxito que tienen lo raro sería lo contrario pero mucho van a tener que estrujarse la materia gris para salir airosos con una trama que parece agotada. Veremos.


domingo, 30 de julio de 2017

Master Of None

Una inesperada, refrescante y diferente serie se ha colado en mi casa este verano. Master Of None ha resultado perfecta para esta época del año, esa en la que parece que todo es más relajado, el ritmo es más pausado y a priori no se quieren grandes comeduras de coco. Pero eso es la superficie. Si rascas encuentras más por lo menos en esta deliciosa Master Of None.

El planteamiento es sencillo. El protagonista es Dev un joven de origen hindú que trata de hacerse hueco como actor en NYC. Pero no le resulta fácil y acaba siempre encasillado en papales reservados para esa minoría étnica. Dev, magníficamente encarnado por Aziz Ansari que además es el creador de la serie, vive sólo y trata de encajar en el mundo que le ha tocado vivir, tiene los habituales encontronazos con sus progenitores muy anclados en la cultura de origen y tiene unos cuantos amigos a cada cual más peculiar. Puede que incluso muy estereotipados pero funcionan gracias a unos guiones imaginativos, que tratan temas universales sin demasiadas infulas pero con grandes resultados.

Puede verse claramente cuáles son los referentes de Ansari. Uno de ellos sin duda Woody Allen o determinadas comedias locas independientes que no gozan de muy buena crítica pero Aziz logra tejer unas historias honestas salpicadas con un constante humor, muy básico a veces, bruto en otras, entrañable casi siempre. Diálogos con chispa y una sensación de que a veces estás viendo a personajes que parecen cartoons, con una tendencia a la exageración en ocasiones que a mi me resulta la mar de divertida sobre todo en las escenas compartidas por el protagonista y uno de sus mejores amigos, Arnold (tremendo Eric Wareheim). 

La primera temporada me gustó lo suficiente como para continuar viéndola pero reconozco que no fue hasta el sexto episodio titulado Nashville cuando no caí rendido a sus pies. A partir de ahí la serie es cada vez mejor y la segunda temporada simplemente exquisita con un primer episodio de esos para revisionar varias veces. El titulo proviene de la frase hecha Jack of all trades, master of none. Brindo por Master Of None.


domingo, 22 de enero de 2017

Cafe Society

Tenía ganas de volver a gozar con una buena sesión de cine de sábado a la noche. Y qué mejor elección que Woody Allen. Café Society ha resultado ser una de las películas más encantadoras del cineasta neoyorkino. Un film que le muestra en un estado de forma estupendo. Desde los familiares créditos iniciales he tenido la esperanza que luego se ha hecho realidad de hallarme ante otras de esas joyas del séptimo arte que consigue realizar Allen. Nada falla en Café Society, todo está en su sitio. El mejor Allen ha vuelto. He tenido la misma satisfactoria sensación de cuando leí Brooklyn Follies de Paul Auster. Dos autores sabedores de donde están sus puntos fuertes, dándoles cancha sin miedo y logrando una obra final a la altura de sus mejores trabajos.

En Café Society Allen de nuevo logra que Nueva York brille como en sus mejores films, que sea tan protagonista de la historia como los propios actores. Nadie ha retratado de forma más bella esa ciudad, de postal sí, alejada de los suburbios pero auténtica a su manera. El tantas veces mostrado contrapunto con Hollywood tiene aquí una importancia capital. Las imágenes son reveladoras al respecto y algunas de ellas están entre las mejores que ha rodado Woody Allen en su vida. Y la música por supuesto está elegida al detalle, en eso nunca hay dudas. La historia es sencilla a más no poder y en ocasiones ahí reside el encanto. Esta película sería un inicio perfecto para alguien que nunca haya visto ningún film de este autor. 

Los mejores ingredientes del cine de Woody Allen están presentes en cada fotograma del film. Los hilarantes diálogos entre los progenitores del protagonista me han hecho desternillarme de risa, los planos de NY a la vuelta del protagonista a la ciudad tras su paso por Hollywood te dejan embobado, y el final de la película es para enmarcar. Todo rodado con un gusto exquisito y contando con unos actores a la altura de las circunstancias. Tanto Jesie Eisenberg como Kristen Stewart están estupendos y muestran una química total en todas las escenas que comporten. Todos los secundarios parecen haber nacido para estar justo ahí en ese momento. Por no hablar de la pequeña pero antológica aparición de Tony Sirico (el gran Paulie de Los Soprano) en un par de entrañables escenas. Bravo por Woody que es la voz en off de la película, detalle que me ha parecido fundamental.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Gavin Edwards, Como ser Bill Murray

En apenas dos meses han coincidido en el mercado dos libros dedicados a Bill MurrayYo Bill Murray de Marta Jiménez y Como ser Bill Murray de Gavin Edwards. El segundo me lo acabo de leer y ha sido otro viaje divertido, por momentos alucinante, que me ha servido para conocer más anécdotas delirantes protagonizadas por el bueno de Bill. Edwards colaborador entre otros medios de la Rolling Stone se ha entrevistado con muchos compañeros de reparto de Murray, con directores de sus películas y con algunos de los protagonistas de esas rocambolescas historias protagonizadas por este peculiar tipo. Además entrevistó al propio Bill en el marco del Festival de Toronto de 2014 cuando celebraban el Día Bill Murray. Ahí queda eso.

Si el libro de Marta Jiménez merece la pena el de Gavin Edwards es imprescindible. Está escrito con el estilo adecuado para que todo el universo Murray resplandezca más si cabe. Lo que ves en la pantalla en las películas en las que aparece Murray es pecata minuta comparado con su modus operandi en la vida real. Ahí lo da todo. Si habitualmente una de las críticas más nocivas que les suelen hacer a los actores es que se interpretan a si mismo a Murray eso le parece un halago. Igualito que le sucedía a Robert Mitchum

Edwards estructura el libro en diez capítulos basados en la filosofía Murray. Todos ellos están explicados y salpicados de diferentes anecdotas. Y se hace difícil escoger porque todas son jodidamente buenas. Algunas surrealistas, otras descacharrantes, todas sorprendentes. Voy a contar aquí tres de ellas que tienen relación con la música. Porque la música une a la gente. O al menos así debería ser.

En un largo viaje que Bill Murray tenía que hacer de Oakland a Sausalito el actor entabló conversación con el taxista y este le confesó que era un saxofonista frustado. Su trabajo en el taxi le robaba catorce horas diarias y rara vez podía ensayar. Entonces Murray le preguntó qué donde tenía el saxo y el taxista le contestó que en el maletero. Murray le propuso conducir el mientras el taxista iba tocando el saxo en el asiento trasero. Resulta que el tipo era muy bueno con el instrumento y eso hizo que la situación se alargara. Tanto que Murray invitó a cenar al perplejo taxista que acabó soplando el saxo en un asador de Oakland a las dos y cuarto de la madrugada. Los dos se lo pasaron pipa y Bill declaro: Fue una noche preciosa. Creo que cualquiera hubiera hecho lo mismo. Creo que cualquier persona, en un momento así, conecta y hace algo parecido.



El batería de The RootsQuestlove había escuchado historias sobre las legendarias fiestas de cerveza que Bill Murray preparaba en Williamsburg y sobre otras anecdotas poco comunes del actor. Pero lo que de verdad le sorprendió es que el actor le siguiese a tres sitios raros de Brooklyn donde Questlove ejercía de Dj. Questlove declaró: Yo no me creía que fuera el. Siempre era el último en irse. Eso era lo raro. Estamos hablando de una fiesta de mil personas, y cuando daban las siete de la mañana el seguía ahí.

Mi favorita para el final. Andrew Groothuis trabajó en 2001 como ayudante personal de uno de los actores de la película Moonrise Kindgom de Wes Anderson.  Groothuis llevaba trabajando en el mundo del cine más de ocho años y las estrellas no le impresionaban pero tenía ganas de conocer a Bill Murray porque como confiesa en el libro es uno de los actores por los que pagaría una entrada de cine. 

Groothuis no quería abordar a Bill Murray en los descansos del rodaje porque el actor en esos momentos estaba siempre con su hijo Cooper. El encuentro con el actor no acaba de producirse. Una noche aprovechando que el actor del que era asistente se fue a dormir Groothuis se quedó en el bar del hotel en el que se alojaban. Era de noche y no había nadie excepto él, la camarera y el conserje sentado tras su mesa en el vestíbulo. Groothuis le pidió permiso a la camarera para tocar un poco el piano que había en la instancia.

El asistente comenzó a entonar Thunder Road de Bruce Springsteen y a los pocos segundos de una anexa sala de billares que ni sabía que existía apareció Bill Murray con dos mujeres de mediana edad. El actor se dirigió a la camarera y le pidió que les prepararan unos appletinis para todos. Durante cinco horas el improvisado dúo cantó un repertorio variado, desde Billy Joel, pasando por The FoundationsSpringsteen, y por supuesto todas las canciones que Murray había cantado en sus películas....

En un momento dado Groothuis comenzó a tocar el tema de los monitores novatos de Los incorregibles albóndigas, y el actor estalló en carcajadas... Hasta ese tema era capaz de recordar y cantar Murray. Hacia las cinco de la madrugada Bill comentó que tenía que irse a coger un avión. Antes de partir le dijo a Groothuis: Oye, nunca me acuerdo de los nombres, pero me quedo con las caras. Si me ves en cualquier parte, acércate a saludar.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Marta Jiménez. Yo, Bill Murray

De ser el primer rostro en rompe-taquillas como Los incorregibles albóndigas, El pelotón chiflado o Cazafantasmas a actor fetiche de los directores indies por excelencia como Wes Anderson, Jim Jarmuch o Sofia Coppola hay un trecho importante. Para la mayoría imposible. Para muchos inalcanzable. No para Murray que se ha movido como pez en el agua a lo largo de su extensa carrera en ámbitos tan diferentes. Y lo ha conseguido a su manera. Una forma extraña de ganarse la simpatía de numerosos aficionados y el respeto de muchos directores con marchamo de artistas. 

Groundhog day (aquí titulada Atrapado en el tiempo) supuso un punto de inflexión en la carrera de Bill Murray. La cinta dirigida por Harold Ramis suponía la sexta colaboración entre el director y el actor pero a diferencia de las cinco anteriores Atrapado en el tiempo tuvo mejores críticas y cosechó un buen éxito comercial. Hoy en día es una película icónica en la carrera del actor y recurrente en el acervo popular. Uno de esos filmes que no ha perdido la magia, todo lo contrario, su valor ha aumentado y está más vigente que nunca. Curiosamente esta película enemistó a dos amigos, Ramis y Murray que no se reconciliaron hasta muchos años después. 

Murray tiene una legión de seguidores por todos los rincones del planeta. Desconozco si existen biografías del actor en inglés pero he disfrutado de la lectura de Yo, Bill Murray escrito por Marta Jiménez y editado por Banda Aparte Editores (gran nombre, por cierto). Como se nos avisa en la portada con el cachondo y certero subtítulo: Esto iba a ser la biografía autorizada de Bill pero no le encontramos. Ahí radica uno de los puntos que hacen diferente a Bill respecto al resto de actores hollywodienes. Al parecer Murray no tiene agente desde hace años y localizarle para que acepte un papel en una película es todo un reto. Se dan jugosos ejemplos de ello.

Murray ha construido una carrera alocada con momentos sublimes y películas malísimas pero su carisma permanece intacto. Marta Jiménez nos lo cuenta de forma divertida en Yo, Bill Murray. La autora se hace eco de las hilarantes anécdotas protagonizadas por Bill a cual más cachonda y sorprendente y las salpica con acertados comentarios sobre una filmografía irregular pero con momentos sublimes. Circulan muchas historias sobre Murray por las redes sociales aunque el actor no tenga cuenta en twiter, ni facebook ni nada que se le parezca. Se dice que tapa con las manos los ojos a los transeúntes y cuando estos se dan la vuelta el actor les espeta: Nadie va a creerte. O cuando entra en un restaurante y roba patatas fritas a cualquier comensal repitiendo de nuevo: Nadie va a creerte o como cuando se presentó en las obras de la nueva sede de The Poets House en NY ataviado con un gorro de albañil y se puso a recitar un poema de Emily Dickinson ante la atónita mirada de los obreros...

A Murray la critica no le empezó a tomar en serio o algo parecido hasta que apareció en Lost in Translation de Sofia Coppola, film que gozó en su día de mucho prestigio y que reconozco no me entusiasmo más allá de la interpretación de Bill Murray. Pero el actor debe su fama a cuando a principios de los ochenta lo petó con los alocados flilmes dirigidas por Harold Ramis. Muchos años después de la mano de Wes Anderson apareció en unas cuantas películas que han tenido siempre un aura divertida y el apoyo de cierto sector crítico. 


La autora del libro apunta que Murray tiene la habilidad de haber elegido a lo largo de su carrera jugosos papeles secundarios casi cameos provistos de diálogos certeros que le han hecho la aparición estelar de la película en cuestión. Especialmente destacados los de Ed Wood (Tim Burton) o  Craddle Will Rock (Abajo el telón) de Tim Robbins y absolutamente disparatado pero con un encanto singular el de Space Jam donde hace de si mismo. En realidad según la crítica siempre hace de si mismo a lo que el actor responde que es lo más complicado que hay en la vida. 

Uno de los aspectos más interesantes de Murray es su carácter huidizo e imprevisible. Tras el pelotazo con los Cazafantasmas en 1984 desapareció del mapa cuatro años, algo poco habitual, por no decir inaudito. En pleno éxito y cuando podía haber seguido la inercia de esa película se piró a Francia a estudiar Filosofía y a vivir sin prisas, sin llamadas telefónicas, ni nadie que le diese la brasa. No recuerdo desde cuando no tiene agente pero una de sus máximas es: Las personas que realmente tienen interés en ti acaban encontrándote tarde o temprano. Rock´n roll!!!!


domingo, 18 de septiembre de 2016

Trumbo

Basada en la biografía que sobre Dalton Trumbo escribió Bruce CookTrumbo, la película es una aceptable adaptación del mencionado libro. Inevitablemente se quedan cosas en el tintero pero ya sabemos como es Hollywood y lo difícil que es trasladar a la gran pantalla un abundante material literario. El director Jay Roach elige un camino adecuado para sintetizar lo más destacable de la apasionante historia de Dalton Trumbo. Si se quiere profundizar, vista la película lo mejor es leerse el maravilloso libro de Bruce Cook. Algo que recomiendo de todas todas.

La película lógicamente se centra en el momento en el que Dalton Trumbo fue citado ante el Cómite de Actividades Antiamericanas. En los primeros fotogramas se dan pinceladas de la exitosa carrera de Trumbo a punto de firmar el contrato que le convertía en el mejor guionista pagado de Hollywood. El film se centra en el paso de Trumbo por la cárcel y su posterior salida cuando se hace un hueco trabajando para los hermanos King a la sombra, sin que su nombre figurase en los créditos. Y haciendo tan buen y abundante trabajo que pronto conseguirá más empleo para sus colegas represaliados de la lista.

Uno de los aciertos de la película es el casting. Bryan Craston se mete con verdadera devoción en la piel de Dalton Trumbo y es secundado con maestría por Helen Mirren en el papel de la nociva Hedda Hopper, John Goodman en el del productor de serie b Frank King o Dean O´Gorman en el joven Kirk Douglas. Lástima que no se haya sacado el mismo jugo a Diane Lane que a Hedda Hopper. Su personaje debería haber dado mucho más juego. Claro que puedo estar condicionado por la lectura del libro de Bruce Cook donde Cleo tiene mucho peso y protagoniza una singular historia de amor con Dalton Trumbo.

La verdad es que cuando leí el libro de Bruce Cook pensé que había material para realizar una brillante serie de televisión. En esta época dorada para ese medio (sobre todo en Estados Unidos y el Reino Unido) hubiese sido la caña que alguien se hubiese atrevido a contar de principio a fin la historia completa de Dalton Trumbo. En cualquier caso la película es un buen vehículo para conocer una parte muy importante de la historia de este sujeto y recordarnos de paso hasta donde pueden llegar los fachas en este jodido mundo.



jueves, 28 de julio de 2016

Bob Woodward. Como una moto. La vida galopante de John Belushi

Durante mucho tiempo una mis secciones favoritas de Popular 1 y que con más ansia esperaba leer todos los meses era el NMJ escrito por el ínclito César Martín. En él The Man glosaba la vida y obra de músicos, actores y daba rienda suelta a su peculiar prosa tratando temas de lo más variopintos. Uno de los que más me impacto fue el dedicado a John Belushi. Varios datos se me quedaron grabados: la encarnizada rivalidad entre Belushi y Chevy Chase, la profunda amistad con Dan Akroyd y el inquietante dato de que la noche antes de su muerte Belushi se inyectó heroína al parecer animado por De Niro. Eso y mucho más se cuenta en formidable libro Como una moto. La vida galopante de John Belushi (el original se tituló Fast Times and short life of John Belushi).

Woodward hizo un trabajo espléndido valiéndose para ello de numerosas entrevistas con los protagonistas directos del meollo, la mejor forma de acabar armando un libro sólido que se lee de un tirón y en el que casi todos los implicados colaboraron con la notable excepción del huidizo Robert De Niro. Ninguna sorpresa al respecto. La vida de John Belushi está perfectamente descrita en el título original del libro y también en la edición en castellano. Belushi nunca tenía suficiente con nada. Quería probarlo todo y se ponía al borde del abismo prácticamente todas las noches que salía que eran la mayoría. 

En el libro Woodward glosa sin censuras ni remilgos la historia de Belushi. Sus despampanantes y vitalistas inicios en el mítico Saturday Night Live, su amistad con Akroyd, la pasión sin límites que John ponía en casi todos los trabajos que abordaba. Aunque el asunto de la adicción a las drogas está ahí, desde el comienzo, según se avanza el libro el declive de Belushi es tal que cualquiera hubiese adivinado su trágico final. En especial la tercera parte del libro es un tour de force drogata de dimensiones biblícas con el consabido final. Una pena. El potencia del Belushi era ilimitado. 



A Belushi le intentaron ayudar pero eso era el asunto más complicado del mundo. La época en la que mejor estuvo fue cuando le pusieron un asistente personal, Smokey Wendell ex marine que se ocupaba de seguirle a todas partes y le alejaba del exacerbado consumo trincando toda la droga que le ofrecía cualquiera que se cruzaba con él. Y cuando un agotado Smokey dimitió del trabajo más difícil del mundo se comenzó a escribir el final de Belushi. 

El libro está trufado de delirantes y surrealistas anécdotas protagonizadas por Belushi y sus compinches y se recuerdan con especial tino algunos de los sketches más rompedores protagonizados por John, desde su mítica imitación de Joe Cocker, pasando por el célebre samurai o recordando cuando le hacían cantar vestido de abejas. Por supuesto la irrupción de Belushi y Akroyd con los Blues Brothers está presente aunque en mi opinión es en ese aspecto donde el libro se me queda un poco cojo. La propia historia de los Blues Brothers tal vez diese para otro libro. 




Los últimas días de John Belushi están contados con todo lujo de detalles gracias a la ingente cantidad de entrevistas que el autor Bob Woodward realizó para dar forma a este libro. El tour de force final de Belushi te deja un sabor amargo, desolador. Hay anécdotas graciosas y delirantes pero la mayoría las asocio a la época de SNL, Blues Brothers y sus primeras películas porque el final es muy triste. Un tipo totalmente perdido y nadie a su alrededor capaz de ponerle freno. De la parte final se me ha quedado grabada charla entre la esposa de Belushi, Judy y  Dan Akroyd un día antes de la muerte de John para tratar de sacarle del caos en Los Angeles, desgraciadamente no lo consiguieron y una patética escena en la que Belushi tras reunirse con el productor Eisner y su mujer, antes de que estos se marchasen en taxi les ruega que se queden un poco más con el porque en el restaurante en el que estaban reponían uno de los mejores sketches de Belushi en la época de SNL y éste reacciona emocionado al verlo. La mujer del productor no puede dejar de pensar que lo que acaba de ver es igual que una de las patéticas escenas de El crepúsculo de los dioses

Incluso Robin Williams, ocasional compañero de juergas de Belushi, estuvo la noche antes de su fallecimiento con John y en el libro se cuenta que siempre tuvo el sentimiento de que pudo hacer algo por salvar la vida de Belushi y que esa sensación le acompaño toda su vida hasta el punto de que dejó el consumo de drogas sacudido por el triste suceso.

Woodward también se hace eco de la estrambótica conexión punk de John Belushi, obsesionado con la música del grupo Fear a los que de alguna forma apadrinó consiguiendo que actuasen en una ocasión en el SNL liándola parda. Belushi no perdía la menor ocasión de dar a conocer la música de este combo que llevaba a todos los lugares y ponían en cualquier reunión sin importarle quienes fuesen sus interlocutores.

sábado, 12 de marzo de 2016

Bruce Cook. Dalton Trumbo

El próximo 22 de abril se estrena por estos lares Trumbo la película basada en la biografía de este prestigioso novelista y guionista de Hollywood que tuvo la desgracia de caer en las redes del autodenominado Cómite de Actividades Antiamericanas en aquella infame Caza de Brujas de los años cincuenta en la que se purgó a todo aquel que se negó a testificar y delatar a compañeros que perteneciesen al Partido Comunista. El film está protagonizado por Bryan Craston y promete mucho. La biografía que me acabo de leer es un material excelente en el que basarse. La clase de libro que lees y relees porque va más allá de una mera biografía.

La biografía de Dalton Trumbo se publicó en Estados Unidos en 1977 un año después de la muerte de este irrepetible guionista. Aquí se editó el pasado mes de noviembre y supongo que con el estreno de la película el libro recibirá un empujón. Desde luego merece la pena. De hecho lo sitúo al lado de Olvidame cariño de Robert Mitchum y Los Trapos Sucios de Motley Crue como la trilogía perfecta para mi casa. Bruce Cook comienza el libro visitando la casa de Dalton Trumbo para entrevistarse con el y su esposa Cleo que jugará un papel fundamental en la vida de este sujeto.


El triste episodio de la Caza de Brujas está contado al detalle y por más que leo y veo documentales sobre el asunto no deja de asombrarme hasta donde puede llegar la cerrazón y maldad de ciertas personas. Meter a la cárcel a alguien por sus ideas, es más por no querer contestar a la pregunta de si es comunista o no. Todo un delirio que lamentablemente sucedió y hundió las carreras de decenas de personas. Pero una de ellas no fue Dalton Trumbo. Trumbo  fue un valiente, un pionero que superó todas las adversidades y salió de la cárcel mas fuerte que nunca aunque le costase ver de nuevo su nombre en los créditos de una película.

Además del episodio reseñado la propia vida de Trumbo es fascinante. Era un tipo peculiar que por encima de todo valoraba la libertad y se afanó en preservarla y proclamarla a los cuatro vientos. Bruce Cook, desde la evidente admiración pero sin caer en el baboseo, construye el relato de la vida de Trumbo de forma ejemplar, basándose en entrevistas con Trumbo y con muchos de sus contemporáneos. El libro tiene un enorme trabajo de investigación detrás y un armazón literario robusto a más no poder. De esas lecturas que enganchan, que no puedes dejar y que te acompañan a todos los lados.


La vida de Trumbo es de de película. Desde su infancia llena de dificultades financieras con un padre que por mucho que lo intentaba era incapaz de escapar de su mala suerte, pasando por una juventud de empleo en empleo sin encontrar jamás su sitio hasta que se percató de que era bueno escribiendo para finalizar convirtiéndose uno de los guionistas más reputados y fiables de Hollywood. De hecho durante mucho tiempo Trumbo tuvo una reputación de guionista eficaz y rápido, capaz de arreglar hasta el desaguisado más rocambolesco. Cuando algún guión se atascaba llamaban a Trumbo. Debe ser como hoy en día con Jim Lauderdale. Cuando alguna canción se enreda y no sale llaman a Jim. Por lo menos eso hace Buddy Miller.

El libro está plagado de historias sugerentes y especiales. El episodio de la Caza de brujas ya lo tenía más que trillado y he seguido disfrutando con su relato pero me he encontrado con multitud de aspectos de la vida y obra de este hombre que desconocía por completo. La historia de amor con su esposa Cleo es original a más no poder, su relación con el dinero da para un ensayo y esa vena literaria que nunca llego a desarrollar por completo es objeto de debate. En este aspecto destaca la opinión de Otto Preminger quién señala que Trumbo pudo haber sido un novelista espectacular (más allá de la genial Johnny cogió su fusil) si no se hubiese dejado llevar por la vida de lujo de Hollywood. Tal vez Preminger tenga razón pero su trabajo en el séptimo arte dejo unas cuantas joyas de esas que no te cansas de visionar como Treinta segundos sobre Tokio, Vacaciones en Roma, Espartaco, Éxodo, Papillón o la propia Johnny cogió su fusil que el mismo dirigió.