viernes, 11 de septiembre de 2026

Johnny Blues Skies & The Dark Clouds. Mutiny After Midnight

Tan independiente como siempre, más vacilón que nunca y por encima de todo con canciones a rebosar de groove, funk y una urgencia buscada y necesaria para el baile. Así se presenta Sturgill Simpson en Mutiny After Midnight su segunda aventura bajo el alias de Johhny Blue Skies acompañado por The Dark Clouds. Y el menda lo celebra con sus mallas de color purpura en honor a Prince del que Sturgill suele atacar Purple Rain en directo. Es excitante seguir la carrea de este músico porque no sabes por dónde va a salir, casi siempre con sorprendentes resultados. Tras aquel extraordinario A Sailor´s Guide To Earth se desmarcó con un disco robótico, deudor de ZZ Top titulado Sound & Fury. Después uno de bluegrass con el que ciertamente no conecté para sacarse hace un par de años de la manga lo de Johnny Blue Skies con el maravilloso Passage Du Desir Cada día disfruto más con su música y ardo en deseos de verle en directo. A ver si se anima y realiza otra gira europea aunque tenga nulas esperanzas de que pase por aquí. 

Está claro que el country se le queda enano a Sturgill Simpson. Pronto huyó de las coordenadas habituales de Nashville y más todavía con su alias Johnny Blue Skies dando rienda suelta en este álbum a su pasión por sonidos negroides, repletos de funk, incluso con elementos disco, acogidos por el menda con algarabía y entusiasmo. Para abrir boca, el disco comienza, con quizá las dos canciones menos buenas en lo estrictamente musical, las muy trotonas y efectivas Make America Fuk Again y Excited Delirium. Lejos de ponerse filosófico o metafísico  en la primera desgrana una querencia por el fornicio rodeando el asunto de interesantes reflexiones que tendrás que encontrar tú, no te lo voy a dar todo hecho. En Excited Delirium se rebela a todo trapo contra el lamentable ICE ideado por el pernicioso Señor Naranja. 

La primera joya es el tercer tema, Don´t Let Go que por su sonido podría encajar perfectamente en A Sailor´s Guide To Earth. Raíces country tamizadas por un inequívoco regusto soul, un aspecto que la hace imbatible. Bella composición dedicada a su mujer, Sarah. Brilla su voz de barítono acompañada con tino por la pedal steel de Laur Joamets, con los muy sugerentes subrayados del teclado cortesía de Robbie Crowell, coronado por la excelente interpretación vocal de Sturgill y una parte de excitante parte de saxo que le añade un toque distintivo al tema. Me chifla el final de la canción con los coros de Miles Miller (batería) siendo fundamentales como en muchos temas de este hombre. Precisamente en la siguiente canción, Stay On That brillan con luz propia la batería de Miles Miller y el bajo de Kevin Black que se curran un inicio absolutamente funky con el groove subido al infinito y más allá. Una tonada la mar de sexy. La letra puede que sea muy, ¿guarrilla? o soy yo. Ja, ja. 

Viridescent entra como un ciclón y no para hasta el final. Te dejas llevar por su sinuoso ritmo y tiene las partes de guitarra más psicodélicas y diferentes. Me vuelve loco hacia el minuto 3:30 donde de nuevo Sturgill se deja llevar por su influencia de Pink Floyd. Regresamos a la pista de baile con Situation, otra canción bailable a más no poder con mucho ritmo y vacile. De nuevo la sección rítmica con el bajo de Kevin Black y la batería de Miles Miller se luce, incluso en esa parte final, un tanto marciana y cómica donde aceleran el tema de una forma un tanto atropellada que ha terminado por convencerme. Un dejarse llevar total que tiene sentido en la pista de baile. El contraste con lo que viene después es más que curioso. 

De nuevo el espíritu de Pink Floyd está más presente que nunca en Venus, especialmente en ese envolvente primer minuto de canción, y en todo su desarrollo, con otro momento álgido hacia el minuto 3:05, gloria bendita. Otro aspecto fundamental y que le da un toque cool son los coros a partir del minuto cuatro. Así que todo el crédito del mundo a Miles Miller. Espectacular final de canción con de nuevo el saxo de Robbie Crowell haciendo unas pequeñas diabluras que quedan perfectas. La inspiración sigue por todo lo alto con la contagiosa Everyone is Welcome donde brillan las partes de saxo sobre un colchón que ya no sé como calificarlo, country-funk-disco con toques futuristas. Y me quedo tan ancho. Una delicia. La moraleja que saco cuando el disco termina con Ain´t That A Bitch con todo su poderío es que no se puede cerrar un disco con tres temas más inspirados. Algunos críticos han señalado que esta última canción es un cruce loco entre Chic y ZZ Top. Ja, ja. Lo compro. Ya me gustaría cazar a este tipo y su banda en una gira por tierras europeas. 

martes, 8 de septiembre de 2026

Pildoras: Hoy, Nada

Me gustar no hacer nada. Soy muy bueno en el tema. De hecho lo bordo. Aunque como ya sabrás eso es imposible. Porque como sujeto pensante siempre estás haciendo algo. No hay escapatoria. Piensas luego existes. Duermes, luego descansas y estás haciendo algo, de hecho una actividad muy necesaria: dormir. Tengo una capacidad asombrosa de no hacer nada. Es más, le he pillado el gusto, sobre todo si es en horario laboral. Ahí es incluso excitante. Tengo compañer@s que se ponen nerviosos ante la nada. Prefieren hacer algo. Inconcebible que diría Vizzini. La verdad es que tengo mucha paciencia. Esas declaraciones me parecen una provocación... Prefiero hacer algo. Cava hoyos y luego los tapas. Yo qué sé. Como ya sabrás todo tiene que ver con el Capitalismo y hay que hacer algo siempre, o al menos aparentarlo. Que no, leñe. Reivindico mi derecho inalienable a no hacer nada. El engaño de ser productivo a todas horas. Todo ese tiempo que trabajas gratis para las cinco empresas que encabezan la especulación bursátil del mundo sin fabricar nada. 

Según la RAE nada es la inexistencia total o carencia absoluta de todo ser, otra acepción sería Sensación de vacío o inexistencia y la situación o estado de carencia absoluta. La tradición clásica filosófica afirma que el universo está lleno de ser y que la nada absoluta es imposible... Un jardín, muy grande además. Vayamos a referencias culturales. Nada es una novela de Carmen Laforet. La tengo siempre pendiente. También es una canción de Los Deltonos. Nada no tiene buena fama porque siempre es mejor estar haciendo algo o aparentarlo, sobre todo en el trabajo. La nada absoluta toda para mi. Me veo con esta edad como mi progenitor retirado del laboro y pienso; quiero abrazar esa nada, caminar por la calle y ante la inquisitoria pregunta de qué estas haciendo ahora, responder con una amplia sonrisa: nada. En realidad algo muy valioso. Caminar. Nothing's shocking...

jueves, 3 de septiembre de 2026

For The Record

Hace veintiún años empecé a trabajar en la sección de música de unos grandes almacenes cuyo nombre no voy a escribir aquí. Ya se hablaba de la crisis en las ventas discográficas. El declive había comenzado y el enemigo estaba claro: la piratería. Sin embargo, el volumen de negocio todavía era reseñable. De hecho teniendo en cuenta que el pico de ventas de la industria discográfica fue en el 2000, aquel año 2005 todavía se vendía mucho el formato físico, concretamente el cd. Del vinilo, ni rastro. Los cds estaban presentes en la vida del personal. Los coches tenían reproductor de cd que parece un dato baladí, pero su desaparición fue la puntilla hace cuatro o cinco años. 

En cualquier caso, las ventas aunque se resentían cada año, (se pasó de las 931 millones de unidades vendidas en 2000 a 38 millones en 2021) todavía eran boyantes. Y es que, aunque no han pasado tantos años, en un par de décadas el modo de disfrutar de la música ha cambiado por completo. Lo físico, aunque vive cierto repunte está arrinconado y no deja de ser un tema de frikis o casi. El supuesto auge del vinilo tiene más de moda que de cifras que se puedan asemejar al auge del formato físico, la cierta recuperación del cd está entre algodones y lo que impera es la suscripción a una de esas plataformas. No nos engañemos. El paradigma ha cambiado por completo. 

En 2005 se vendía mucho cd de serie media y en el mercadillo con cuatro paredes donde yo trabajaba (así lo llamaba un compañero hoy ilustre creador de una exitosa saga nostálgica que menciona la EGB) también se despachaban un número considerable de novedades porque poníamos unos precios irrisorios, casi sin margen de beneficio. De modo que una novedad podía costar entre 12-14 euros mientras que en la FNAC o Power Records eran más caras. Muchos famosos que años después en las redes sociales hacían propaganda de las tiendas pequeñas compraban en el mercadillo en cuestión. Se quiénes son. Sus nombres. Donde viven. Ja ja. Pero quedaba más guay decir que comprabas en esos sitios antes mencionados que en el mercadillo con cuatro paredes.  En fin, Ley de Protección de Datos. Juas.

Soy de los que cree que todo esto tiene una influencia decisiva en la consideración que tiene la música. Más accesible que nunca, su difusión es extraordinaria y las posibilidades de conocer discografías enteras más sencilla que nunca. Sin embargo, su impacto cultural se reduce porque igual que es fácil y cómodo acceder, la forma de escucharla invita a olvidarla rápidamente. Se llevan las playlist o dejarse guiar por los algoritmos. Cada vez hay menos personas que escuchan discos enteros. Algunos aducen falta de tiempo. El gran mal de la vida moderna. El querer abarcar más de lo que se puede. En fin, estoy a años luz de esa forma de disfrutar de la música pero soy consciente de que voy con la minoría. Sigo encontrando un placer infinito en pinchar un vinilo, poner un cd o escuchar un álbum entero mientras salgo a dar una vuelta. Ayer sin ir más lejos cayeron Weapons Of Beauty de Jay Buchanan a la mañana y The Art Of Loving de Olivia Dean a la noche. Entre medias en formato físico el cd de Tuesday Night Music Club de Sheryl Crow y el Tearing At The Seams de Nathaniel Rateliff & The Night Sweats en vinilo.

Algunos estudios psicológicos sobre atención y bienestar han demostrado que las actividades que requieren atención física y mental sostenida generan mayor satisfacción que el consumo pasivo. Vivimos en una época de caos, saturados de notificaciones, pantallas y mandangas que desvían nuestra atención.... El acto de escuchar música, ya sea prestándole toda tu atención al álbum que escuchas con cascos en la plataforma de streaming en cuestión, pinchando un vinilo o poniendo un cd en el reproductor, implica la escucha activa y la recompensa sigue siendo maravillosa al menos en mi caso. Me levanto a la mañana y la música empieza a sonar. Siempre tengo en mente varios discos que van a a caer ese día. Mi ilusión lejos de disminuir aumenta exponencialmente. Yo, minoría absoluta. Ja ja.

Es complicado establecer unos criterios para determinar la relevancia cultural de un disco. Tal vez sea una cuestión que aúna cierto nivel de ventas, apoyo de la crítica y tiempo transcurrido. Esas premisas encuentran un apoyo que parece más posible con la forma en que se escuchaba la música cuando el formato físico era el rey. Pero es discutible, como todo y de hecho el menda sigue disfrutando de la música de la misma manera, dándole cancha a los discos varias veces, rascando antes de abandonarlos. Incluso leo que en Estados Unidos están en auge los clubes de escucha de discos (listening bars o vinyl clubs) que ofrecen experiencias inmersivas centradas en la alta fidelidad y la escucha atenta de álbumes completos, influenciados por la cultura japonesa de los años 20. Igual monto uno en mi pueblo. Ja, ja. Esos discos que aparecen en la foto pertenecen al periodo que va desde el 2005 (año que comencé a trabajar en la sección de música de unos grandes almacenes cuyo nombre no voy a escribir aquí) hasta el pasado año. Toma ya. Estoy preparando una exhaustiva sobre el periodo 2000-2025 que va a encabezar si o si ese disco que tu ya sabes...

And there are people still in darkness and they just can't see the light

If you don't say it's wrong, then that says it's right

We got try to feel for each other, let our brothers know that we care

Got to get the message, send it out loud and clear