Es inevitable sentir
un latigazo cuando escuchas ciertos discos. Están ligados a una época concreta
de tu vida y hacen que te acuerdes de lo que hacías en esa época, de cómo te
sentías y de cuáles eran tus sueños. Así que cada vez que los pones en el reproductor
te invade ese sentimiento tan humano que es la nostalgia. Pero dependiendo del
álbum éste te puede inyectar vitalidad. Son los que superan el paso del tiempo.
Los que aportan algo más que el recuerdo de un momento determinado. Y eso
definitivamente es un subidón, una gran alegría. Esto último me sucede cuando
pincho Vitalogy. Como he escrito te trae recuerdos pero lo bueno es que la
música todavía tiene fuerza, así lo percibo yo al menos.
Ese adrenalitico inicio con Last Exit prácticamente unida con Spin the black circle me sigue
poniendo las pilas. Si hoy en día voy a ver en concierto a Pearl Jam me gustan
que suenen ambas. Y eso mismo me sucede con otras tantas de este disco como:
Not for you, Inmortality o Cordury que se ha ganado un hueco entre los clásicos
de la banda. Canciones como estas son la mejor señal de que el disco aguanta
bien el paso del tiempo por lo menos en mi casa. En su día tanto sobre este
disco y sobre todo sobre el No Code se comentó que la influencia de Neil Young
había ido demasiado lejos. Como si fuese algo malo. El rastro del canadiense se
sigue en temas como Not for you o incluso Tremor Christ y ambos me parecen
buenos. Bienvenida la influencia del canadiense. Es alguien muy bueno a quien
seguir.
Hoy he venido de viaje tras una estancia de cuatro días en
un pequeño pueblo de Valladolid. Hacía ya cuatro años que no pasaba por allí y
las cosas como en todos los sitios parece que han ido a peor. Pero más allá de
esa realidad indudable he disfrutado de unas cuantas jornadas alejado del
bullicio de la ciudad, respirando tranquilidad por los cuatro costados en un
ambiente sano muy diferente del que habito. Le comentaba a mi primo y a un
amigo suyo que es un buen sitio para vivir, es lo que yo entiendo por calidad
de vida. Puede que mucha gente acostumbrada al compás de lo urbano se ahogase
en un lugar así pero si quieres meneo tienes Valladolid a quince minutos
escasos en coche.
De todas formas es una sensación que me suele asaltar cada
vez que me paso por allí. Y es muy probable que sea un sentimiento idealizado
porque casi siempre que he ido ha sido en época de buen tiempo y no en el crudo
invierno castellano. (Mi aita siempre me recuerda la frase de Miguel Delibes:
Castilla: nueve meses de invierno tres de infierno. Es cierto que el clima
castellano es duro. Hay un hecho irrefutable: Castilla y León es una de las
regiones europeas más deshabitadas de Europa. Por algo será. Pero bueno que me
desvío del tema: calidad de vida. Este es un concepto muy subjetivo y los
indicadores pueden variar dependiendo de la persona.
Para mi un lugar a tiro de piedra de una ciudad grande como
Valladolid, con un clima duro pero no irrespirable, con escasa contaminación y
posibilidades de crecimiento es un buen lugar para habitar. Eso es lo que he
pensado estos días cuando paseaba a Maialen en la hora de la siesta e iba
disfrutando del sosiego por la meseta castellana. Claro que me estaba dando
toda la solana y tal vez he perdido el sentido de la realidad. En cualquier
caso he disfrutado de mi estancia por tierras castellanas y además he visto a
unas cuantas personas que tenía ganas de ver. Me propongo no tardar en volver
tanto como la última vez y espero encontrarme con proyectos tan interesantes
como Portillo en transición o con Cooperativas Agrícolas que triunfen y puedan
con la especulación que domina este cochino mundo.
Jack White es uno de los músicos que más opiniones a favor y en contra
aglutina de la última década. Con su grupo principal White Stripes ha gozado de un apreciable éxito de ventas y critica
y a menudo se le ha señalado como el líder de una supuesta escena de grupos en
Detroit. Es uno de esos músicos que despierta tantas filias como fobias. A mi
reconozco que la música de su banda jamás me ha vuelto loco, más allá de
algunas canciones, pero el tipo, el personaje me parece interesante. Y lo que
intensifica esa sensación es que el hombre se ha involucrado como productor en
unos cuantos discos atractivos y ha colaborado hasta con el mismísimo Bob Dylan y los Rolling Stones. Esas cosas uno las tiene en cuenta. Aunque no son
desde luego definitivas.
Lo cierto es que en
este Van
Lear Rose acierta de pleno. Sabe elegir el sonido, potencia las
cualidades de Loretta y consigue momentos rockeros que se convierten en
clásicos instantáneos. Al parecer en el
estudio el amigo White acabo hasta los mismísimos de la diva del country. Tal
vez eso sea bueno y moneda común, ya que los conflictos en estudio han estado a
menudo ligados a espléndidos resultados.
Aquí la partida
viene ganada desde la elección de los temas. Pegajosos y directos como ese tremendo
Have Mercy con regusto zeppeliano que
justo cuando termina engancha con la vitalista High on a mountain top con un eufórico toque gospel o como el
propio dueto que se marca Jack White con Loretta en Pórtland Oregon, donde la mujer le pega un repaso a Jack. Es
curioso el contraste que se da en esta canción con la vocecilla de Jack y la
contundencia de Loretta. Queda muy chulo.
Hay un bonito equilibrio entre temas con un inequívoco
resgusto country como la delicada Trouble
on the line o la más follkie pero igual de irresistible Family Tree o las más rockeras Have mercy, Pórtland Oregon o Mrs. Leroy
Brown. El asunto se resuelve en cuarenta y pocos minutos rebosantes de
talento e inspiración. La señora Loretta logró dar una buena patada en la mesa
y presentarse en el mundillo rockero para que ignorantes como yo disfrutasen
con su música. A mi me ganó desde la inicial y arrebatadora Van Lear Rose. Me gusta como canta y su
voz. Lo que no siempre va unido. Ni se las veces que he puesto Van Lear Rose como inicio para un día
soleado como el de hoy.
Siempre
había ligado el nombre de Billy Preston
a los Rolling Stones con los que
colaboró en varios discos: Sticky fingers, Exile on Main Street o en
el Black
and blue donde en el tema Melody
en los créditos se señala Inpiratibon by Billy Preston. Unos cachondos Jagger y Richards. Además participo en varias gloriosas giras de Richards y
cia. Desconocía que fue conocido como el quinto beatle y menos aún su carrera
como músico de sesión con tipos como Sam
Cooke, Ray Charles o Little Richard. Además de todo eso el
hombre tiene una larga carrera en solitario y mi primera toma de contacto no ha
podido ser más impactante: Encouraging
words, un álbum de 1970 en el que colaboran muchos nombres míticos: George Harrison o Keith Richards entre otros. Toda una All Star Band. Pero
sinceramente eso carece de importancia o al menos no es lo significativo. Lo
tremendo de Encouraging words es el talento de Billy Preston para componer canciones memorables y para pasearse
por caminos souleros con el desparpajo de los grandes del género. Y no, no
estoy exagerando.
A esas
alturas de la película en 1970 Preston ya tenía el culo pelado como músico de
sesión y una asentada carrera en solitario. Encouraging words hacía su octavo
disco. Aquí todo esta de su parte. Los músicos, las musas y la interpretación. En
el apartado vocal su ejecución es sorprendente. Como tantos otros Preston
proviene del gospel y la mezcla de ese estilo con otros géneros esta ensamblada
perfectamente. No hay música más poderosa en este mundo. Si no caes rendido
ante un temazo como Right now es que
algo no funciona bien en tu sangre. Empezar tan bien tiene sus riesgos pero es
que la sensación no hace más que intensificarse con la mágica Little girl el segundo tema. Vaya tema.
Coros increíbles, el órgano de Billy luciéndose y el acompañamiento de una
orquesta que le da un plus a una canción tremenda. No me la puedo quitar de la
cabeza.
No
exagero si escribo que un disco con dos temas del calibre de los mencionados ya
tiene mucho terreno ganado. Pero es que Billy no afloja lo más mínimo y Use What You Got es el primer momento
bailable que se salda con un rotundo éxito. Pegajoso tema que va increscendo
para terminar de una forma que encajaría perfectamente en el Exile on Main Street de los Rolling Stones. La siguiente es la
versión del archiconocido tema de George
HarrisonMy Sweet Lord en mi
opinión mejor que la original y eso que siempre me pareció que el tema de
Harrison era un poco repetitivo. También se casca una aplastante versión del I´ve got a feelin de los Beatles que me vuelve loco. Este tema también
lo hicieron con mucha soltura Tesla
en su Real to Reel y aquí Preston
se las apaña para igualar a Lennon y cía.
Otra de
las cumbres del álbum es The Same Thing
Again un pedazo de balada interpretada con fuerza por Billy con su
correspondiente sección de viento añadiendo al tema el toque definitivo. La
verdad es que según he escrito eso de las cumbres del álbum me he arrepentido
porque el disco no tiene desperdicio. Es una gozada perderse en la música de
Billy con su inimitable toque en los teclados siguiendo la tradición
góspel,soul y rhythm´n´blues. Un poderío tremendo el de Billy Preston.
En 1973 Ooh
La La puso fin a la trayectoria en estudio de los Faces. En esa fecha la carrera en solitario de Rod Stewart ya volaba alto (en realidad comercialmente casi siempre
lo había hecho por encima del grupo) y las desavenencias terminaron con la marcha
de Ronnie Lane de la banda. Y
sinceramente si Ronnie se piraba aquello no tenía sentido. El fue el fundador
del grupo y su más prolífico y acertado compositor. El alma. Un tipo con una
sensibilidad exquisita para escribir canciones que el cabroncete de Rod Stewart cantaba como nadie.
Las
sesiones de Ooh La La fueron todo menos divertidas y amables. Todo estaban
muy dispersos y con un hastío común: Rod
Stewart. Sin embargo el disco es un bonito broche a la trayectoria de la
banda. Media hora muy bien aprovechada. Sin nada que envidiar a los tres disco
anteriores. The Faces tal vez jamás
grabaron uno de esos discos diez (o que la prensa especializada tilda así) pero
a mi me chiflan todos sus discos desde que me los descubrió Joseba. Me
pirro por temas comoJust another Honky o If I´m on the late side. Qué bien podía llegar a cantar
Rod!!!!. Celebro por todo lo alto canciones que parecen salidas de los
cincuenta como la inicial Silicone Grown
y caigo rendido ante delicias como Cindy
Incidentally o Glad and sorry.
Según he
terminado de escribir esto he ido al quiosco a pillarme el Popu (con una horrorosa portada dedicada a Ghost, será que me estoy haciendo mayor pero joder que engendro de
grupo) y lo primero que he leido es una pequeña entrevista de un Ian McLagan cortante cuando le
preguntan sobre Rod Stewart y alegre
cuando menciona a Ronnie Lane. ¡Me
he enterado de que la banda se reunió con el cantante de Simply Red! Porca
miseria. Joder, esas cosas no deberían pasar. Venga voy a quitarme este regusto
escuchando una vez más Ooh La La….
Cuando tengo la suerte de
que en mi casa aterriza una de esas jugosas box sets de mis músicos favoritos
pasa un tiempo hasta que le saco partido. Suelen ser cuatro o cinco cds con
mucha música a la que hincarle el oído. A veces es necesario meses o años hasta
que absorbes todo su contenido. Algunos de mis cofres favoritos son el Five guys walk into a bar de los Faces,
la caja verde que recoge el periodo 70-77 de Lynyrd Skynyrd o la monumental Unerheart de Johnny Cash. A no ser que
estés obsesionado hasta límites insospechados y escuches todos los días desde
que llega a tu casa algo de la mencionada caja. Justo lo que me ha sucedido con
The
man who invented soul de Sam
Cooke.
Hace un par de años me
introduje en el universo Cooke. Un amigo me pasó el estupendo recopilatorio Portrait
of a legend que actúo de cebo para perder la chaveta por la música de
este hombre. Lo quemé tanto que me interesé por su discografía. Barajé varias
opciones y bien asesorado me decidí por la caja que luce ahora en mi salón y rara
vez abandona el equipo de música. Además tuve la suerte de encontrarla a un muy
buen precio: 16 euros. El tamaño y presentación es similar a la de los Faces. Cómoda de manejar y con un
libreto en el que se repasan algunos aspectos de la trayectoria de Sam Cooke.
A pesar de que este hombre
fue asesinado cuando tan solo tenía 33 años ya le había dado tiempo a grabar
mucho material. Son cuatro cds que recogen varias facetas de este sujeto. Cooke
no fue un tipo que se limitase a seguir los dictados de una discográfica y
poner al servicio de ésta su inigualable voz. Fue mucho más. Era compositor,
arreglista y el primer negro en tener el control total sobre su obra. Fue un
pionero en una época chunga a más no poder para los negros. Un espejo en el que
se mirarían futuras generaciones y músicos de su época como Otis Redding que le idolatraba. El
carácter rompedor está ahí. Se puede tirar de hemeroteca, contrastar fechas y
demás y determinar que junto a Ray
Charles, Cooke es el inicio del soul. Y eso tiene su importancia. Pero
palidece ante lo verdaderamente importante: unas canciones inmensas ejecutadas
con la mejor voz que puedas imaginar.
Como he señalado la caja
se hace eco de todas las facetas musicales que manejaba Cooke. Podía ser tan
buen crooner como Frank Sinatra, cantar
blues como el mejor del género o desgañitarse y poner a un auditorio a sus pies
rockeando duro. Su voz se adaptaba a múltiples tesituras y podía con todo. Los
dos primeros compactos recogen temas del periodo 1957-61. Lo que más me ha sorprendido
de estos dos primeros discos es que hay muchas canciones con un claro toque
crooner con tremendos resultados.
Desconocía temas comoDon't Get Around Much Any More, Nobody Knows You When You're Down o Baby Won't You Please Come Home con los
que ahora flipo. Y por supuesto no
faltan sus clásicos como You send me,
Only Sixteen o What a wonderful World. Canciones pop que arrasaron. Y en el
segundo además de singles se incluyen cortes de sus discos My kind of blues, Swing
Low y Try a little love.
Si los dos primeros
compactos son muy buenos los dos que faltan se lo llevan todo por delante y
caes de rodillas ante tamaño poderío. En el tercero se incluyen temas de los
discos Twistin´ the night away y Mr Soul. Un filón para pobres
iniciados como yo. Lo apuntado anteriormente aquí es elevado a categoría
esculpido-en- piedra. 26 temas para perder la cabeza. Todas las facetas de este
tipo. Como comenta en el libreto interior Jerry
Butler te puedes encontrar con cantantes que estén cómodos en un rango vocal
pero que en el contrario sufran. Es raro toparse con un tipo que vuele libre en
ambos. Ese es Cooke.
El compacto 4 recoge integros los discos Night Beat y Live
At The Harlem Square Club. El primero está considerado una rareza en la
carrera de Cooke ya que entre otras cosas tan solo tiene tres composiciones
originales de Sam. El resto son versiones de gospel y blues, estilos a los que
rinde tributo. Se grabó en tres días en febrero de 1963. Desde el respeto a
esos géneros Sam canta mejor que nunca lo que equivale a lo mejor que hayas
escuchado en tu vida. Live At The Harlem Square Clubmerece
un post entero y sobre todo múltiples escuchas. Qué decir. Todos los directos
deberían de ser así. Cooke se parte el alma para cantar esas canciones. La
dulzura que conocemos sigue ahí pero también el desgarro y una energía
incontrolable alejada de la perfección de los arreglos de estudio. El local
donde se grabó era de un aforo pequeño (menos de mil personas). Los que vieron
y oyeron aquello no lo olvidarán en la vida.
Fue la noche del 12 de
enero de 1963 en el Harlem Square Club, un pequeño local de Miami. Apenas 700
afortunados se dejaron arrastrar por el entusiasmo y el poder de la música
ejecutada por Sam Cooke y su banda (
con King Curtis al saxo, Clifford White a la guitarra y Albert "June" Gardner a la
batería). Más crudo que nunca. Desde luego mucho más que en sus grabaciones en
estudio. Tanto que la compañía discográfica editó este documento en 1985 cuando
Cooke llevaba muerto 21 años. El
sello tuvo miedo de mostrar la faceta más salvaje de un cantante que tenía un
tamiz para todos los públicos.
Desde la cool
presentación, habitual en los conciertos de los cantantes de soul, este directo
atesora todo lo que las grabaciones de este tipo deberían tener. Crudo, salvaje,
sin retoques, registrando la energía de un Cooke en todo su esplendor. Sam era
un cantante sobrenatural, alguien que se movía con igual soltura en registros
opuestos. Y eso está al alcance de muy pocos. Además tenía carisma y actuaba
con una convicción aplastante. Uno de mis momentos favoritos de esa noche llega
en la presentación de It´s All right
y después cuando la engancha con For
Sentimental Reasons y Cooke espeta al público a cantar la letra. Me vuelve
loco cuando suelta Oh, I like this song y sing this song with me y va
anunciando cada estrofa y el personal le sigue entusiasmado. Después la
interpretación de Somebody have mercy
que engancha con Bring It On Home To Me
que pone patas arriba todas tus creencias y mira que la versión en estudio es
buena. Qué locura.
Sam Cooke Live at the Harlem Square Club es un directo que apenas sobrepasa los 38
minutos y me pregunto dónde estará el resto del concierto de esa velada mágica
si es que lo hubo o si lo que hay registrado es simplemente lo que sucedió. Porque cuando al
final de Havin´ Party se escucha a Sam Cooke decir “I don´t want to quit…
but it looks like I gotta go… I gotta go, but keep on havin´ that party… deseas
que esto se prolongue horas y horas. Una noche así debería haber sido eterna.