lunes, 15 de octubre de 2012

Pearl Jam. Vitalogy


Es inevitable sentir un latigazo cuando escuchas ciertos discos. Están ligados a una época concreta de tu vida y hacen que te acuerdes de lo que hacías en esa época, de cómo te sentías y de cuáles eran tus sueños. Así que cada vez que los pones en el reproductor te invade ese sentimiento tan humano que es la nostalgia. Pero dependiendo del álbum éste te puede inyectar vitalidad. Son los que superan el paso del tiempo. Los que aportan algo más que el recuerdo de un momento determinado. Y eso definitivamente es un subidón, una gran alegría. Esto último me sucede cuando pincho Vitalogy. Como he escrito te trae recuerdos pero lo bueno es que la música todavía tiene fuerza, así lo percibo yo al menos.

Ese adrenalitico inicio con Last Exit prácticamente unida con Spin the black circle me sigue poniendo las pilas. Si hoy en día voy a ver en concierto a Pearl Jam me gustan que suenen ambas. Y eso mismo me sucede con otras tantas de este disco como: Not for you, Inmortality o Cordury que se ha ganado un hueco entre los clásicos de la banda. Canciones como estas son la mejor señal de que el disco aguanta bien el paso del tiempo por lo menos en mi casa. En su día tanto sobre este disco y sobre todo sobre el No Code se comentó que la influencia de Neil Young había ido demasiado lejos. Como si fuese algo malo. El rastro del canadiense se sigue en temas como Not for you o incluso Tremor Christ y ambos me parecen buenos. Bienvenida la influencia del canadiense. Es alguien muy bueno a quien seguir.










domingo, 14 de octubre de 2012

En tierras castellanas


Hoy he venido de viaje tras una estancia de cuatro días en un pequeño pueblo de Valladolid. Hacía ya cuatro años que no pasaba por allí y las cosas como en todos los sitios parece que han ido a peor. Pero más allá de esa realidad indudable he disfrutado de unas cuantas jornadas alejado del bullicio de la ciudad, respirando tranquilidad por los cuatro costados en un ambiente sano muy diferente del que habito. Le comentaba a mi primo y a un amigo suyo que es un buen sitio para vivir, es lo que yo entiendo por calidad de vida. Puede que mucha gente acostumbrada al compás de lo urbano se ahogase en un lugar así pero si quieres meneo tienes Valladolid a quince minutos escasos en coche.

De todas formas es una sensación que me suele asaltar cada vez que me paso por allí. Y es muy probable que sea un sentimiento idealizado porque casi siempre que he ido ha sido en época de buen tiempo y no en el crudo invierno castellano. (Mi aita siempre me recuerda la frase de Miguel Delibes: Castilla: nueve meses de invierno tres de infierno. Es cierto que el clima castellano es duro. Hay un hecho irrefutable: Castilla y León es una de las regiones europeas más deshabitadas de Europa. Por algo será. Pero bueno que me desvío del tema: calidad de vida. Este es un concepto muy subjetivo y los indicadores pueden variar dependiendo de la persona.

Para mi un lugar a tiro de piedra de una ciudad grande como Valladolid, con un clima duro pero no irrespirable, con escasa contaminación y posibilidades de crecimiento es un buen lugar para habitar. Eso es lo que he pensado estos días cuando paseaba a Maialen en la hora de la siesta e iba disfrutando del sosiego por la meseta castellana. Claro que me estaba dando toda la solana y tal vez he perdido el sentido de la realidad. En cualquier caso he disfrutado de mi estancia por tierras castellanas y además he visto a unas cuantas personas que tenía ganas de ver. Me propongo no tardar en volver tanto como la última vez y espero encontrarme con proyectos tan interesantes como Portillo en transición o con Cooperativas Agrícolas que triunfen y puedan con la especulación que domina este cochino mundo.

viernes, 5 de octubre de 2012

Loretta Lynn. Van Lear Rose


Jack White es uno de los músicos que más opiniones a favor y en contra aglutina de la última década. Con su grupo principal White Stripes ha gozado de un apreciable éxito de ventas y critica y a menudo se le ha señalado como el líder de una supuesta escena de grupos en Detroit. Es uno de esos músicos que despierta tantas filias como fobias. A mi reconozco que la música de su banda jamás me ha vuelto loco, más allá de algunas canciones, pero el tipo, el personaje me parece interesante. Y lo que intensifica esa sensación es que el hombre se ha involucrado como productor en unos cuantos discos atractivos y ha colaborado hasta con el mismísimo Bob Dylan y los Rolling Stones. Esas cosas uno las tiene en cuenta. Aunque no son desde luego definitivas.

Lo cierto es que en este Van Lear Rose acierta de pleno. Sabe elegir el sonido, potencia las cualidades de Loretta y consigue momentos rockeros que se convierten en clásicos instantáneos.  Al parecer en el estudio el amigo White acabo hasta los mismísimos de la diva del country. Tal vez eso sea bueno y moneda común, ya que los conflictos en estudio han estado a menudo ligados a espléndidos resultados.


Aquí la partida viene ganada desde la elección de los temas. Pegajosos y directos como ese tremendo Have Mercy con regusto zeppeliano que justo cuando termina engancha con la vitalista High on a mountain top con un eufórico toque gospel o como el propio dueto que se marca Jack White con Loretta en Pórtland Oregon, donde la mujer le pega un repaso a Jack. Es curioso el contraste que se da en esta canción con la vocecilla de Jack y la contundencia de Loretta. Queda muy chulo.


Hay un bonito equilibrio entre temas con un inequívoco resgusto country como la delicada Trouble on the line o la más follkie pero igual de irresistible Family Tree o las más rockeras Have mercy, Pórtland Oregon o Mrs. Leroy Brown. El asunto se resuelve en cuarenta y pocos minutos rebosantes de talento e inspiración. La señora Loretta logró dar una buena patada en la mesa y presentarse en el mundillo rockero para que ignorantes como yo disfrutasen con su música. A mi me ganó desde la inicial y arrebatadora Van Lear Rose. Me gusta como canta y su voz. Lo que no siempre va unido. Ni se las veces que he puesto Van Lear Rose como inicio para un día soleado como el de hoy.



jueves, 4 de octubre de 2012

Billy Preston. Encouraging words


Siempre había ligado el nombre de Billy Preston a los Rolling Stones con los que colaboró en varios discos: Sticky fingers, Exile on Main Street o en el Black and blue donde en el tema Melody en los créditos se señala Inpiratibon by Billy Preston. Unos cachondos Jagger y Richards. Además participo en varias gloriosas giras de Richards y cia. Desconocía que fue conocido como el quinto beatle y menos aún su carrera como músico de sesión con tipos como Sam Cooke, Ray Charles o Little Richard. Además de todo eso el hombre tiene una larga carrera en solitario y mi primera toma de contacto no ha podido ser más impactante: Encouraging words, un álbum de 1970 en el que colaboran muchos nombres míticos: George Harrison o Keith Richards entre otros. Toda una All Star Band. Pero sinceramente eso carece de importancia o al menos no es lo significativo. Lo tremendo de Encouraging words es el talento de Billy Preston para componer canciones memorables y para pasearse por caminos souleros con el desparpajo de los grandes del género. Y no, no estoy exagerando.

A esas alturas de la película en 1970 Preston ya tenía el culo pelado como músico de sesión y una asentada carrera en solitario.  Encouraging words hacía su octavo disco. Aquí todo esta de su parte. Los músicos, las musas y la interpretación. En el apartado vocal su ejecución es sorprendente. Como tantos otros Preston proviene del gospel y la mezcla de ese estilo con otros géneros esta ensamblada perfectamente. No hay música más poderosa en este mundo. Si no caes rendido ante un temazo como Right now es que algo no funciona bien en tu sangre. Empezar tan bien tiene sus riesgos pero es que la sensación no hace más que intensificarse con la mágica Little girl el segundo tema. Vaya tema. Coros increíbles, el órgano de Billy luciéndose y el acompañamiento de una orquesta que le da un plus a una canción tremenda. No me la puedo quitar de la cabeza.


No exagero si escribo que un disco con dos temas del calibre de los mencionados ya tiene mucho terreno ganado. Pero es que Billy no afloja lo más mínimo y Use What You Got es el primer momento bailable que se salda con un rotundo éxito. Pegajoso tema que va increscendo para terminar de una forma que encajaría perfectamente en el Exile on Main Street de los Rolling Stones. La siguiente es la versión del archiconocido tema de George Harrison My Sweet Lord en mi opinión mejor que la original y eso que siempre me pareció que el tema de Harrison era un poco repetitivo. También se casca una aplastante versión del I´ve got a feelin de los Beatles que me vuelve loco. Este tema también lo hicieron con mucha soltura Tesla en su Real to Reel y aquí Preston se las apaña para igualar a Lennon y cía.  

Otra de las cumbres del álbum es The Same Thing Again un pedazo de balada interpretada con fuerza por Billy con su correspondiente sección de viento añadiendo al tema el toque definitivo. La verdad es que según he escrito eso de las cumbres del álbum me he arrepentido porque el disco no tiene desperdicio. Es una gozada perderse en la música de Billy con su inimitable toque en los teclados siguiendo la tradición góspel,soul y rhythm´n´blues. Un poderío tremendo el de Billy Preston.






miércoles, 3 de octubre de 2012

The Faces. Ooh La La


En 1973 Ooh La La puso fin a la trayectoria en estudio de los Faces. En esa fecha la carrera en solitario de Rod Stewart ya volaba alto (en realidad comercialmente casi siempre lo había hecho por encima del grupo) y las desavenencias terminaron con la marcha de Ronnie Lane de la banda. Y sinceramente si Ronnie se piraba aquello no tenía sentido. El fue el fundador del grupo y su más prolífico y acertado compositor. El alma. Un tipo con una sensibilidad exquisita para escribir canciones que el cabroncete de Rod Stewart cantaba como nadie.

Las sesiones de Ooh La La fueron todo menos divertidas y amables. Todo estaban muy dispersos y con un hastío común: Rod Stewart. Sin embargo el disco es un bonito broche a la trayectoria de la banda. Media hora muy bien aprovechada. Sin nada que envidiar a los tres disco anteriores. The Faces tal vez jamás grabaron uno de esos discos diez (o que la prensa especializada tilda así) pero a mi me chiflan todos sus discos desde que me los descubrió Joseba. Me pirro por temas como Just another Honky o If I´m on the late side. Qué bien podía llegar a cantar Rod!!!!. Celebro por todo lo alto canciones que parecen salidas de los cincuenta como la inicial Silicone Grown y caigo rendido ante delicias como Cindy Incidentally o Glad and sorry.


Según he terminado de escribir esto he ido al quiosco a pillarme el Popu (con una horrorosa portada dedicada a Ghost, será que me estoy haciendo mayor pero joder que engendro de grupo) y lo primero que he leido es una pequeña entrevista de un Ian McLagan cortante cuando le preguntan sobre Rod Stewart y alegre cuando menciona a Ronnie Lane. ¡Me he enterado de que la banda se reunió con el cantante de Simply Red! Porca miseria. Joder, esas cosas no deberían pasar. Venga voy a quitarme este regusto escuchando una vez más Ooh La La….


martes, 2 de octubre de 2012

Sam Cooke. The Man who invented soul


Cuando tengo la suerte de que en mi casa aterriza una de esas jugosas box sets de mis músicos favoritos pasa un tiempo hasta que le saco partido. Suelen ser cuatro o cinco cds con mucha música a la que hincarle el oído. A veces es necesario meses o años hasta que absorbes todo su contenido. Algunos de mis cofres favoritos son el Five guys walk into a bar de los Faces, la caja verde que recoge el periodo 70-77 de Lynyrd Skynyrd o la monumental Unerheart de Johnny Cash.  A no ser que estés obsesionado hasta límites insospechados y escuches todos los días desde que llega a tu casa algo de la mencionada caja. Justo lo que me ha sucedido con The man who invented soul de Sam Cooke.

Hace un par de años me introduje en el universo Cooke. Un amigo me pasó el estupendo recopilatorio Portrait of a legend que actúo de cebo para perder la chaveta por la música de este hombre. Lo quemé tanto que me interesé por su discografía. Barajé varias opciones y bien asesorado me decidí por la caja que luce ahora en mi salón y rara vez abandona el equipo de música. Además tuve la suerte de encontrarla a un muy buen precio: 16 euros. El tamaño y presentación es similar a la de los Faces. Cómoda de manejar y con un libreto en el que se repasan algunos aspectos de la trayectoria de Sam Cooke.


A pesar de que este hombre fue asesinado cuando tan solo tenía 33 años ya le había dado tiempo a grabar mucho material. Son cuatro cds que recogen varias facetas de este sujeto. Cooke no fue un tipo que se limitase a seguir los dictados de una discográfica y poner al servicio de ésta su inigualable voz. Fue mucho más. Era compositor, arreglista y el primer negro en tener el control total sobre su obra. Fue un pionero en una época chunga a más no poder para los negros. Un espejo en el que se mirarían futuras generaciones y músicos de su época como Otis Redding que le idolatraba. El carácter rompedor está ahí. Se puede tirar de hemeroteca, contrastar fechas y demás y determinar que junto a Ray Charles, Cooke es el inicio del soul. Y eso tiene su importancia. Pero palidece ante lo verdaderamente importante: unas canciones inmensas ejecutadas con la mejor voz que puedas imaginar.

Como he señalado la caja se hace eco de todas las facetas musicales que manejaba Cooke. Podía ser tan buen crooner como Frank Sinatra, cantar blues como el mejor del género o desgañitarse y poner a un auditorio a sus pies rockeando duro. Su voz se adaptaba a múltiples tesituras y podía con todo. Los dos primeros compactos recogen temas del periodo 1957-61. Lo que más me ha sorprendido de estos dos primeros discos es que hay muchas canciones con un claro toque crooner con tremendos resultados. 
Desconocía temas como Don't Get Around Much Any More, Nobody Knows You When You're Down o Baby Won't You Please Come Home con los que ahora flipo. Y por supuesto no faltan sus clásicos como You send me, Only Sixteen o What a wonderful World. Canciones pop que arrasaron. Y en el segundo además de singles se incluyen cortes de sus discos My kind of blues, Swing Low y Try a little love.



Si los dos primeros compactos son muy buenos los dos que faltan se lo llevan todo por delante y caes de rodillas ante tamaño poderío. En el tercero se incluyen temas de los discos Twistin´ the night away y Mr Soul. Un filón para pobres iniciados como yo. Lo apuntado anteriormente aquí es elevado a categoría esculpido-en- piedra. 26 temas para perder la cabeza. Todas las facetas de este tipo. Como comenta en el libreto interior Jerry Butler te puedes encontrar con cantantes que estén cómodos en un rango vocal pero que en el contrario sufran. Es raro toparse con un tipo que vuele libre en ambos. Ese es Cooke.

El compacto 4 recoge integros los discos Night Beat y Live At The Harlem Square Club. El primero está considerado una rareza en la carrera de Cooke ya que entre otras cosas tan solo tiene tres composiciones originales de Sam. El resto son versiones de gospel y blues, estilos a los que rinde tributo. Se grabó en tres días en febrero de 1963. Desde el respeto a esos géneros Sam canta mejor que nunca lo que equivale a lo mejor que hayas escuchado en tu vida. Live At The Harlem Square Club merece un post entero y sobre todo múltiples escuchas. Qué decir. Todos los directos deberían de ser así. Cooke se parte el alma para cantar esas canciones. La dulzura que conocemos sigue ahí pero también el desgarro y una energía incontrolable alejada de la perfección de los arreglos de estudio. El local donde se grabó era de un aforo pequeño (menos de mil personas). Los que vieron y oyeron aquello no lo olvidarán en la vida.



lunes, 1 de octubre de 2012

Sam Cooke. Live at The Harlem Square Club


Fue la noche del 12 de enero de 1963 en el Harlem Square Club, un pequeño local de Miami. Apenas 700 afortunados se dejaron arrastrar por el entusiasmo y el poder de la música ejecutada por Sam Cooke y su banda ( con King Curtis al saxo, Clifford White a la guitarra y Albert "June" Gardner a la batería). Más crudo que nunca. Desde luego mucho más que en sus grabaciones en estudio. Tanto que la compañía discográfica editó este documento en 1985 cuando Cooke llevaba muerto 21 años. El sello tuvo miedo de mostrar la faceta más salvaje de un cantante que tenía un tamiz para todos los públicos.




Desde la cool presentación, habitual en los conciertos de los cantantes de soul, este directo atesora todo lo que las grabaciones de este tipo deberían tener. Crudo, salvaje, sin retoques, registrando la energía de un Cooke en todo su esplendor. Sam era un cantante sobrenatural, alguien que se movía con igual soltura en registros opuestos. Y eso está al alcance de muy pocos. Además tenía carisma y actuaba con una convicción aplastante. Uno de mis momentos favoritos de esa noche llega en la presentación de It´s All right y después cuando la engancha con For Sentimental Reasons y Cooke espeta al público a cantar la letra. Me vuelve loco cuando suelta Oh, I like this song y sing this song with me y va anunciando cada estrofa y el personal le sigue entusiasmado. Después la interpretación de Somebody have mercy que engancha con Bring It On Home To Me que pone patas arriba todas tus creencias y mira que la versión en estudio es buena. Qué locura.


Sam Cooke Live at the Harlem Square Club es un directo que apenas sobrepasa los 38 minutos y me pregunto dónde estará el resto del concierto de esa velada mágica si es que lo hubo o si lo que hay registrado es simplemente lo que sucedió. Porque cuando al final  de Havin´ Party se escucha a Sam Cooke decir “I don´t want to quit… but it looks like I gotta go… I gotta go, but keep on havin´ that party… deseas que esto se prolongue horas y horas. Una noche así debería haber sido eterna.