Que aquellos años no siguiese la carrera de Prince puede ser por varios motivos. El principal es que en mi círculo cercano no conocía a nadie que se pirrase por el de Minneapolis. Ni de cerca. Es más ni siquiera Michael Jackson gozaba de mucho predicamento por mi barrio. Estamos hablando de unos años muy sórdidos para ciertos aspectos relativos al arte, la sexualidad y la libertad. En ciertos círculos todo eso no encajaba ni de lejos. Es más, tengo un recuerdo muy claro de cuando Stevie Wonder se hizo megafamoso por la dichosa I Just called to say i Love you incluida en banda sonora de La mujer de rojo. Aquello junto al anuncio de Si bebes no conduzcas hizo que la chanza sobre Wonder fuese continua... Y camaradas, tardé años en sumergirme en la música de Stevie y todavía lo sigo haciendo gozando de lo lindo. El puto amo.
Algo similar me está sucediendo ahora con Prince. Y lo estoy flipando hasta límites insospechados. Nunca es tarde y estamos en tiempos sencillos para acceder a música de forma sencilla. Más si tu querida hermana te subvenciona la suscripción a esa plataforma cuyo nombre no voy a teclear aquí ni por un millón de dólares. Solo hace falta tener curiosidad, sentir el picorcillo y elaborar un plan la mar de divertido. Lo estoy cumpliendo. Además mi entusiasmo por la música hecha para bailar no conoce límites. La lectura de Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular de Nick Hornby ha disparado mis ganas de abordar más material de Prince. Y me lo estoy pasando pipa. He añadido a lo que ya tenía sus dos primeros discos. Y me falta lo mejor. Pero no he podido resistir saltarme el orden de su discografía y entregarme a por ejemplo One Nite Alone. Me lleva acompañando unas cuantas noches...
