viernes, 14 de agosto de 2026

Pink Floyd. Dark Side Of The Moon

Entre la ingente cantidad de discos asombrosos que cumplieron cincuenta años en 2023 uno de los más destacados y seguramente el más vendido es Dark Side Of The Moon de Pink Floyd. Esta rodaja posee un récord descollante; el de permanecer en la lista del Billboard entre los doscientos más vendidos la friolera de quince años seguidos (entre 1973 que se editó y 1988). Más allá de esta apabullante cifra lo cierto es que el disco de Pink Floyd sigue siendo una creación a la que se acercan nuevos oyentes a diario. Antes de que Roger Waters se impusiese como el líder absoluto con sus siguientes discos, Animals y The Wall, en Dark Side Of The Moon destaca la labor coral de la banda con la inestimable ayuda de Alan Parsons como ingeniero de sonido y las importantísimas contribuciones de Dick Parry al saxo y los maravillosos coros de Clare Torry, Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John. Es de justicia resaltar su sello más que sobresaliente. El álbum no sería lo mismo sin ellos.

Cada vez que escucho Dark Side Of The Moon lo hago del tirón. Son apenas cuarenta y tres minutos y está concebido como una suite aunque esté separado en diez pistas. Por supuesto también se puedan saborear en temas sueltos. De hecho muchas personas compraron el álbum por Money un auténtico hit de la banda que abre la cara b del vinilo y que llegó al Top 15 en Estados Unidos. Me gusta disfrutar la experiencia sonora con cascos porque se aprecian más los exquisitos detalles que enriquecen todas las pistas. Detalles preciosos incrustados en canciones interpretadas por unos músicos en estado de gracia. A menudo se ha comentado que ninguno de los componentes de Pink Floyd era un portento con su instrumento pero que los cuatro juntos eran capaces de crear un universo. único. Dark Side Of The Moon está plagado de música arrebatadoramente bella, eterna.

La producción de la propia banda junto a la certera labor del ingeniero Alan Parsons consiguieron un paisaje sonoro extremadamente hipnótico y sensual que te atrapa irremediablemente. Más de cincuenta años después de su edición el álbum sigue sonando conmovedor y está conectado a la vida de una forma misteriosa y mágica. Jamás me canso de escucharlo, es con diferencia el disco de Pink Floyd que mas veces pincho porque me transmite una paz y una concordia abrumadora. Esa sensación viene de la forma en que la banda interpreta las canciones, del entendimiento total al que llegaron David Gilmour (guitarra y voz), Roger Waters (bajo y voz), Richard Wright (teclados, piano y voz) y Nick Mason (batería y efectos de sonido). Su música en muchos momentos del álbum es introspectiva a la par que expansiva. Joder, si que me está afectando el eclipse. Bueno ya estaba así antes. Juas.

Voy a echar un poco de agua fría en tanto halago. Nunca he logrado conectar con On The Run, el corte 3 que en realidad es un tema experimental plagado de efectos sonoros, que pretende hacerse eco de la vida ajetreada y del miedo atroz a perecer en un accidente aéreo. Le reconozco su mérito pero me hubiese valido con un minuto y medio o cambiarlo por otra pista más musical, más orgánica. Suena a herejía lo se. En cualquier caso pecata minuta para todo lo extraordinario que tiene el disco, ya que en esencia el álbum consigue que temas como el paso del tiempo, la locura, la incomunicación o la muerte encuentren pasajes sonoros muy cálidos y por momentos reconfortantes aunque pueda resultar paradójico.

Escuchar el álbum entero te da una perspectiva completa de lo que la banda quería transmitir pero no es incompatible con disfrutar de las pistas por separado. De hecho si hiciese mi habitual Top Seventeen de canciones al menos siete temas estarían entre los escogidos. Mi locura es total por Speak To Me/Breathe, una forma sutil y elegante de abrir un disco. Una invitación a seguir a esta banda a donde te quiera llevar. La primera un resumen de efectos sonoros de apenas un minuto que te deja caer en de Breathe con la pedal steel guitar de Gilmour abriéndose paso con una elegancia sublime y Richard Wright ofreciéndole el colchón perfecto con el piano Fender eléctrico. Por supuesto caigo total y absolutamente rendido con la interpretación vocal de David Gilmour. Adoro como canta.

Time es posiblemente mi canción favorita de su catálogo y una de mis favoritas de la historia por muchas razones. Posee una introducción sublime. Tras el estallido de los relojes, unos latidos de corazón dan paso a la perfecta sincronización entre la juguetona batería de Mason (mi interpretación favorita de su carrera en Pink Floyd) con el bajo de Waters, a los que se van sumando el órgano hammond y el piano wurlitzer de Wright  y la guitarra rítmica de Gilmour. Apoteósico. Hacia el minuto tres llega el estupendo solo de Gilmour, una obra de arte, un compendio de su característico y personal estilo a la seis cuerdas. En el apartado vocal la estrofa principal la canta Gilmour mientras que Richard Wright se hace cargo del puente. Durante años pensé que era David el que la cantaba. Sus voces armonizan de maravilla. La química vocal entre ambos es exquisita y los coros gospelianos de Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John realzan el tema hacia el infinito y más allá.

La transición a The Great Gig In The Sky es muy sutil, un progresivo desvanecimiento de los efectos sonoros dan paso a los acordes de piano de Wright reclamando toda tu atención. El trabajo vocal de Clare Torry es desgarrador, imponente a la par que imaginativo y sorprendente. No hay palabras solo es el sentimiento de la cantante que Alan Parsons recogió de diferentes tomas. Una selección excelsa que pone de manifiesto la importante labor de Parsons. Cuando termina este tema hay un silencio que viene perfecto para que Money sea la apertura de la cara b del vinilo. Aunque es con diferencia la canción más radiada del álbum cuenta con un portentoso solo de Gilmour y  desarrollada en su mayor parte en un en un inusual compás de 7/4. Todas las partes de guitarra son exquisitas y de nuevo la batería de Mason se muestra pletórica. Muy originales y acuciantes las partes de saxo de Dick Parry

La secuencia final que va desde Us And Them a Eclipse es tan brillante como todo lo anterior dejándote un regusto épico. Como en todo el álbum las transiciones entre pistas son exquisitas. Us And Them tiene otro comienzo tan bello como el de Time. En esta ocasión es el órgano hammond de Wright quien nos guía suavemente hacia un tenue solo de saxo tenor a cargo de Dick Parry. Esa suave cadencia del saxo te va envolviendo y la cálida interpretación vocal de Gilmour junto a las armonías de Wright cruzándose de nuevo con los coros Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John son sobrecogedoras. Es la canción más larga del disco y no le sobra ni un segundo. Caracterizada por unos cuantos recovecos sonoros contrapuestos pasando de la calma a las explosiones sonoras de forma sublime. Excelente letra de Roger Waters que es el encargado de toda la lírica del álbum.

Tras Us And Them unos teclados oscuros y estridentes dan paso a Any Colour You Like, un tema instrumental exquisito, otra perfecta muestra del nivel superlativo de entendimiento al que llegaron los músicos sin que la partitura sea complicada, todo lo contrario. El secreto está en la interpretación, en darse el espacio necesario para que el mismo patrón de acordes que en Breathe brille tanto ella. El tema termina casi de forma abrupta para dejarnos con Brain Damage con esas risas estridentes que se escuchan de fondo y con un Waters ofreciendo una de sus más emotivas interpretaciones vocales. Es otro tema sencillo, compuesto a la acústica por Waters quien remata la faena con Eclipse que cierra el álbum exactamente como empezó: con el latido de un corazón que se desvanece dejando una conmovedora sensación de paz.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Vacacaciones (again)

A riesgo de parecer un excéntrico de mucho cuidado confieso que lo que más me gusta del trabajo, con una diferencia abismal respecto a lo segundo, son las vacaciones. Cuantas más mejor. De hecho he ido a personal con toda mi humildad a solicitar que nos las aumenten, que haya más días de asueto y de libre disposición. No me han hecho caso pero no pierdo la esperanza. Esta primera tanda de vacaciones he disfrutado de la costa cantábrica; dame un playa de cuatro o cinco kilómetros, la dichosa plataforma cuyo nombre no voy a mencionar aquí ni por un millón de dólares y que me subvenciona mi hermana, fruta y buena compañía y podría batir un récord mundial de permanencia en tales menesteres. 

Mis pies se posaban en la arena de la playa a las 08:30 o 09:00 de la mañana y tira millas. Los cuatro zumbados de todos los días terminábamos saludándonos. Ya traía unos cuantos discos que me han llamado poderosamente la atención y se le han sumado otros cuantos. Disfrute total. Banda sonora espectacular para le mejor época del año. Días largos, buen tiempo, soleado la mayoría pero alejados del terrible bochorno del Botxo. Lo escrito podría batir un récord de días consecutivos en tal tesitura, pero ¡no me dejan! Porca miseria. Que me quiten lo bailao. Y todavía quedan tandas y verano. 

De hecho aquí está la segunda tanda. Sin horarios, sin presiones, sin tener que ir a tal o cual lugar. Es indudable que el tiempo transcurre de forma diferente cuando no estás trabajando. Y es mucho mejor, créeme. Ninguna duda al respecto. Si de habitual estoy enfrascado con abundante material musical, literario y visual en vacaciones se multiplica por mil. Es mi forma favorita de disfrutar el tiempo... El menda no concibe el mundo sin sumergirse todos los días en la cultura, en continuo remojo. No hay negociación posible y no habrá paz para los malvados. 



viernes, 31 de julio de 2026

Ryan Bingham & The Texas Gentlemen. They Call Us The Lucky Ones

Siete años llevaba Ryan Bingham sin publicar un álbum. El último fue aquel estimable American Love Song que atesoraba grandes momentos. Acompañado ahora de una banda llamada The Texas Gentlemen creo que se ha superado. Es una sensación creciente que se reafirma con los tres primeros cortes del disco, diferentes entre sí, los tres espléndidos. El disco se abre con The Lucky Ones, un tema sugerente, suave que le da misterio al comienzo, ejecutado con toda la clase del mundo y enriquecido con la jugosa contribución de Daniel Creamer al piano, excelente también el prominente bajo de Scott Lee. Imposible no caer rendido a la primera y refrescante escucha de Let The Big Dog Eat, aquí reina la Pedal Steel Guitar a cargo Cody Huggins. El guante lo recoge por todo lo alto I Got A Feelin´con una rabiosa interpretación vocal de Ryan y el fundamental acompañamiento de Richard Bowden al violín. Un tema muy rockero, casi punk, que se ha convertido en uno de mis favoritos de su discografía.

Supongo que si escribo que si Twist The Knife podría encajar en cualquier de los mejores discos de Steve Earle el personal piense que estoy exagerando pero lo creo así. Es un corte acústico con protagonismo para la harmónica de Bingham que también se luce con esa voz rasgada. Hacia el final del tema se une al asunto de nuevo el piano de Daniel Creamer que vuelve aportar un toque excelente. La primera cara termina con Americana la pieza la más country hasta ahora y que parece un encantador divertimento repleto de humor sencillo y tal vez de trazo grueso pero que sin duda funciona. La influencia de Dylan, al igual que en otros cortes, es más que evidente. 

Qué mejor arranque para la cara B que Cocaine Charlie, otra pieza acústica, esta vez más sombría en la tradición del mejor Nebraska.  Aquí es fundamental estar atento a la letra pero el envoltorio sonoro no desmerece en absoluto, al principio sólo la voz de Ryan y las guitarras acústicas convenientemente apoyados hacia el final por por el bajo, órgano y violín aportando una atmósfera envolvente, singular, que te atrapa. Blues Skies es otra gema acústica que va construyéndose de forma pausada y elegante y que cuenta con los coros de Hassie Harrison y Bailey Harrison, maravillosos cantando al unísono con Ryan, que le dan cierto aire góspel. De nuevo me chiflan las pinceladas al piano de Creamer, son distintivas y definitivas. Relevance acelera el ritmo y se adivina como un tema perfecto para arrancar cualquier show. 

Si las dos últimas canciones de cualquier disco son tus favoritas estás de suerte. Me pasa justo eso con Ballad Of The Texas Gentlemen y I´m A Goin´Nowhere. En la primera de nuevo planea la sombra del mejor Steve Earle, el veterano maestro del violín Richard Bowden nos regala unos cuantos momentos sublimes y la parte del piano de Creamer me vuelve loco. Mola mucho escuchar a Ryan cantar We're gone again, runnin' down this dream, New York City was a hell of a show, Take us down to New OrleansI´m A Goin´Nowhere es el final perfecto, transmite la camaradería y el buen hacer de una banda, The Texas Gentlemen, disfrutando con Ryan y viceversa. Esos gritos vaqueros al final son el resumen perfecto. Yee-haw........


domingo, 26 de julio de 2026

Judith Hill. Bilbao Blues Fest 24/07/2026

Una de las grandes ventajas que te proporciona la tecnología hoy en día es acceder a música de forma sencilla y fácil, incluso a niveles premium si como yo tienes la suerte de que tu hermana te subvenciona la plataforma esa que no voy nombrar aquí ni por un millón de dólares. De modo que antes de acudir al concierto de Judith Hill la noche del viernes en el marco del Festival de Blues de Bilbao me sumerjo en su música y me empapo de dos de sus discos. Tanto su debut Back in Time producido por Prince como su último álbum Letters from a Black Widow  que me gustan mucho, razón por la que me decido a acudir. Soy consciente de que es probable que lo que voy a escuchar va a ser diferente a sus obras de estudio repletas de arreglos de viento y de cuerda. Mis expectativas se ven superadas con creces.

En compañía de mi amigo Rober nos situamos hacia la mitad del recinto, pero comprobado que hay mucho cotorreo avanzamos unos metros hasta un lugar en donde lo vemos y escuchamos mejor. Los primeros dos temas son dos números funkys perfectos de sonido y que visto el desarrollo del bolo y el nivel que vendrá después sirven para calentar motores. En la tercera canción hace presencia la cadencia blues y a partir de ahí el jolgorio y libre albedrío gana enteros y hay muchas canciones que se alargan con trazos incluso progresivos donde el protagonismo de Michiko Hill (órgano y piano) es más que evidente dando por momentos una masterclass. El bajo de Pee Wee Hill es contundente y en algunos instantes despampanante y la batería de John Staten también tiene lugar para su lucimiento. 

Todos comandados por Judith Hill, muy bien de voz con partes vocales tipo scat jazz que casaban a la perfección con el envoltorio sonoro, y dando también rienda suelta a su pericia con la guitarra y un par de incursiones muy molonas al piano. No controlo los títulos de las canciones pero se que sonaron fijo Cry, Cry, Cry y unas cuantas de su último álbum. Mi sensación es que la veta funk se impuso para mi alegría y alborozo. Daban ganas de perderse en un infinito bailoteo. Y esa es una de las sensaciones más guapas cuando acudes a un concierto. Seguiré la pista de esta chica. Por momentos me acordé de aquella apoteósica actuación de Sharon Jones en el Jazzaldia o del chispeante show que ofreció en este mismo recinto Fantastic Negrito hace cuatro años. 

sábado, 25 de julio de 2026

Santiago Auserón 72

Setenta y dos tacos cumple hoy Santiago Auserón. El músico aragonés lleva en el tinglado más cuarenta años. Hace unos meses tuvo que suspender un concierto y guardar reposo por agotamiento físico y mental. Ya parece recuperado y ha anunciado su regreso por diez ciudades para presentar en directo su último proyecto, Nerantzi, donde adapta al castellano unas cuantas canciones griegas,  acompañado por el buzuquista Vaggelis Tzeretas, el cantante y guitarrista Theodoros Karellas, con la colaboración de la malagueña Anni B Sweet. De momento no hay fecha anunciada cerca de estos lares a la cual acudiría sin dudarlo porque Santiago es uno de los músicos que más admiro desde sus ya lejanos tiempos en Radio Futura

Si tuviese que hacer un Top Seventeen de los discos que más he escuchado en mi vida Escueladecalor. El directo de Radio Futura estaría entre ellos. Editado en 1989 todavía me acuerdo de la crítica del disco aparecida en Popular 1 y firmada por el ínclito e inimitable César Martín. Hablaba de nuestro supergrupo. Os lo juro. Ja ja. En fin, a esa edad necesitas cierta validación rockera. Me vino bien para no desviarme. Juas. Lo cierto es que el álbum no sólo ha envejecido bien sino que me lo enchufo en algún momento todos los veranos. Mi hermana se compró el vinilo cuando se editó y ahora pertenece al menda y es un gusto comprobar como lo flipa también Unax. Otro que escuché a fuego fue la casete de La canción de Juan Perro. Incluso tuve la fortuna de verles en directo en la Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao el 14 de septiembre de 1990 presentando su último disco Veneno en la piel.

La carrera de Santiago Auserón tanto en Radio Futura como en solitario firmando como Juan Perro y todos los proyectos que ha abordado me parecen sumamente interesantes. Le perdí la pista tras disolver Radio Futura pero con el tiempo llegue a apreciar mucho sus incursiones en el son cubano y demás  músicas alejadas de su vertiente pop -rock. Y mi interés lejos de detenerse continúa y es perfectamente compatible con otras músicas. Siempre estoy al tanto de lo que hace el bueno de Santiago y me encanta escucharle no sólo cantar sino divagar sobre música. Muy recomendables sus libros, tanto El ritmo perdido como Semilla del son. Crónica de un hechizo, ambos rebosantes de interesantes reflexiones sobre la música servidas con una excelente prosa a cargo de Santiago Auserón. Su vocación divulgativa sobre el son cubano, el jazz y el rock´n roll es uno de los aspectos más remarcables de su trayectoria que siempre se ha movido sin prejuicios, sin ataduras a ningún estilo, volando siempre libre y excelentemente acompañado. A ver si puedo verle en directo. Y que cumpla muchos más. 




viernes, 17 de julio de 2026

The Hanging Stars. Hollow Heart

Acaban de editar Just A Day hace unos días y en mi casa todavía ronda por el reproductor el estupendo Hollow Heart y por la innombrable plataforma On A Golden Shore que también he escuchado infinidad de veces. Antes de deshacerme en elogios con su reciente entrega es justo hacer lo propio con Hollow Heart. Descubrí este disco de casualidad al escuchar un podcast sobre los mejores discos de 2022. La canción que incluían en el mencionado espacio era Ava que abre de forma magistral el álbum. La primera banda en la que pensé fue Pink Floyd aunque luego el disco no tenga mucho que ver con Gilmour y cía. Pero esas guitarras me dejaron noqueado. Fueron la puerta de entrada a un disco especial, plagado de bellas armonías vocales que se sumergen sin rubor en una especie de country cósmico ideal para esos molones atardeceres de verano. 

El impulso inicial con Ava es descomunal por todo, el sonido de las guitarras, las armonías vocales, ese pedal steel tan bien puesto... Una maravilla. Eso es empezar a lo grande, la canción termina por todo lo alto y se va a los cinco minutos de forma mágica. Black Light Night es otra canción redonda servida sobre unos elegantes teclados y con las guitarras de Richard Olson y Patrick Ralla perfectamente conjuntadas. Absolutamente prendado con Weep & Whisper, adorable ese piano inicial conjuntado con la pedal steel (Joe Harvey-Whyte). Country cósmico campando a sus anchas con toda la elegancia del mundo. Radio On es la típica canción que de pinchar en cualquiera de las tiendas de discos en las que he trabajado recibiría si o si al minuto de sonar, la indefectible pregunta de, perdona que es lo que está sonando. Un single matador. Pero es que pienso exactamente lo mismo de The Ballad Of Whatever May Be...


Hollow Eyes, Hollow Heart marca cierto viraje sonoro, más psicodélico, igualmente inspirado. Un comienzo evocador, pausado que da un giro al llegar casi a los dos minutos para coger un vuelo encantador. No entra a la primera pero la recompensa es de órdago. Recuerdo que cuando escuche la primera vez You´re So Free pensé en Band Of Horses, excelente referencia la que no hago ascos en absoluto. Todas las canciones están a un nivel muy alto y otro ejemplo de claro single que triunfaría en otra época es I Don´t Wan To Feel So Bad Anymore con la guitarra de doce cuerdas reinando a todo trapo sobre órganos juguetones. El cierre con Red Autumn Leaf es perfecto. Juega con los sonidos como la inicial Ava, se va perdiendo en envolventes círculos sonoros. Qué ganas de verles en un Antzoki. Tuve la fortuna de presenciar su descarga en el DalecandELA Fest pero es que ahora mismo son una de mis bandas favoritas, sus últimas cuatro rodajas son impolutas.

miércoles, 15 de julio de 2026

Hoy voy con Inglaterra, y ¿ayer?

Voy a manchar este cochambroso blog escribiendo sobre fútbol. En realidad no, es más profundo el tema y me interesa única y exclusivamente desde el ámbito sociológico. Resuelta esa duda que te corroía las entrañas, querido lect@r, relájate y disfruta. Hoy se juega la semifinal entre Inglaterra y Argentina. Se me ocurren pocos países donde el balompié sea más popular. En ambos territorios se desata la locura hasta límites insospechados. A los argentinos les prefiero en el basket. Por más de un millón. Ja, ja. Inglaterra me ha ganado por una noticia que me comentó ayer Su y es que los jugadores de la mencionada selección donan toda la pasta gansa que ganan defendiendo los colores de su país a causas benéficas. Música para mis oídos. Y dudo mucho que otras selecciones hagan lo mismo. Pero me encantaría rectificar. Juas.

Profundizo un poco más en el tema y el asunto no es tan idílico como pensaba ya que lo que donan los jugadores es la tarifa básica de dos mil libras esterlinas que perciben por encuentro. Es decir, esa cifra va directamente a las cuentas de las organizaciones benéficas con las que colaboran pero las grandes sumas que percibiesen si ganasen el Mundial las negocian con la Federación Inglesa y entonces ahí el asunto queda a discreción individual. Puaff, qué chasco. Era demasiado bonito. Rasco un poco más y consulto cuántas veces a lo largo de la historia se han dado casos similares de donar lo que se gana a causas benéficas tanto de forma individual como colectiva. Me llama la atención el caso de Mbappé que en 2018 donó la totalidad de sus primas de juego y el bono por ser campeón del Mundo a una ONG francesa que organiza actividades deportivas para niños hospitalizados y con discapacidades. El jugador francés dijo lo siguiente: Representar a mi país es un honor, no necesito cobrar por ello. Toma esa. 

Ayer vi el partido de Spain contra Le France. Hacía que no veía un partido de fútbol entero desde el 8 de julio de 2014 cuando Alemania le metió un baile descomunal a Brasil en su casa. Buenas risas me eché aquel día con mi amigo Rober. En fin, ayer disfruté de un partido de fútbol acudiendo totalmente virgen al mismo porque estoy absolutamente desconectado del balompié sin tener ni puta idea de los jugadores que forman parte de ambas selecciones. No sabía donde jugaban la gran mayoría, excepto Mbappe, Oyarzabal y Unai Simón. Los demás nada de nada. Ayer reconozco que lo disfrute y que aunque lo veía más por el morbo y el trasfondo sociológico que por el partido en si, me sorprendió el nivel de Spain que dominó por completo a una Francia que partía como favorita. Por supuesto tras el partido vino la retahíla habitual de declaraciones grandilocuentes de representar al país y tal, banderitas por allá y por acá. Por estos lares al personal le gustan más las pulseritas y las banderitas que hacer como Mbappe, juas. Money, get away....

La gracia de un partido de estas características desde mi perspectiva es el morbo que me genera cada vez que juega la selección española y por estos lares y se escucha al personal celebrar a grito pelado los goles de la Roja. Eso es algo que hace veinte o treinta años no pasaba, al menos no tengo esa percepción. Y que conste que me da igual, allá cada cual, mientras haya respeto no le veo ningún problema a eso como tampoco a reivindicar una Euskal Selekzioa. El problema por aquí suele ser el respeto, siempre. Durante el partido el WhatsApp echa humo. Me jarto a reír con los comentarios de un ilustre familiar de ascendencia italiana muy hábil para provocar al sector abertzale de la family, ja ja. Y me acuerdo de la anterior vez que vi otro partido entero en su compañía y de mis sobrinos pequeños en el mundial de 2006. Menudas risas me eché viendo el Italia Francia en el que Zinedine Zidane le arreó un cabezazo a Marco Materazzi. No se me olvida el apellido Materazzi. Donaría alguien pasta en aquel mundial. Lo voy a investigar...

Ardo en deseos de conocer como vivieron el choque de ayer un par de amigos futboleros. Uno ubicado en un pueblo de tradición abertzale en Gipuzkoa, el otro en el mismo barrio que mi ilustre familiar de ascendencia italiana. ¿Se escucharían celebraciones del gol de Spain en la Gipuzkoa profunda? Estarían los txokos a reventar de gente, cerrados a cal y canto, sufriendo en silencio las acometidas de Oyarzabal... Por cierto qué bueno es. Como otros cuantos que no conocía de la selección española y me parecieron extraordinarios: Rodri, Dani Olmo, Cubarsí o el Cucurella ese que estaba en todos los lados... Pero la gran pregunta es, ¿donarán la pasta para contribuir a la mejora del país que tanto aman? En fin, hoy con Inglaterra, lo tengo claro.