domingo, 18 de abril de 2021

Inquietudes

Desde mi más tierna infancia he sido un tipo inquieto. Ávido por conocer y descubrir. Supongo que cuando eres pequeño eso viene de serie, esa necesidad de aprender a entender todo lo que te rodea. Y por lo general ese deseo de absorber información nos acompaña toda la vida en mayor o menor medida. O tal vez no. En mi caso es un rotundo si. Me sigue privando una buena historia ya sea escuchada, vista o leída. Sucumbo al encanto de la narración. Y esta puede venir en cualquier momento. De juerga a las tres de la mañana, tomando algo a las doce del mediodía, sentado en mi casa tranquilamente leyendo un libro o viendo una película. El filón es infinito. Y se que con está última frase más de un amigo puede hacer un chiste. 

He empezado este post pensando en escribir sobre inquietudes. Acudamos a la definición de la Real Academia de la Lengua Española. ¡Quietos ahí! Que nadie se me asuste. Definición: Inclinación del ánimo hacia algo, en especial en el campo de la estética.  Y esto me ha venido porque ayer recibí en buzón de mi casa el último disco de Alice Cooper cortesía de mi primo Oscar que acompañaba el mencionado álbum con una misiva en la que me contaba entre otras cosas su reciente descubrimiento de una librería en su ciudad especializada en cine que está al lado de la única tienda de cds y vinilos que queda en Pucela. Mola que estén juntas ya eso me parece una dichosa coincidencia. 

Antes de dar al play Detroit Stories se me ha ocurrido juntar estas líneas como tributo a mi primo con quien comparto una genuina e insaciable curiosidad. Nos mueven inquietudes similares. Reconozco que yo últimamente me especializado en carroña y derivados (y nunca tengo suficiente) pero en mis mejores días soy incluso capaz de devorar cosas de más calado como yo que sé El Hereje de Miguel Delibes o Ciudades rebeldes de David Harvey. Eso si, con mucha calma que no se le pueden pedir grandes dispendios a un celador con alma de estibador. 

A veces mi primo me cuenta que tiene tal cantidad de material pendiente de disfrutar que le viene la ansiedad ja ja. Benditos problemas del primer mundo je je. Hace tiempo que vivo en un continuo estado zen en el que disfruto de cada momento cultural, lo gozo en solitaria dicha y luego a veces junto unas líneas en este cochambroso blog o mando un mensaje a algún amigo. Compartir y el feedback siempre es importante, vital escribiría yo. Y si, en ocasiones piensas en la cantidad de material por degustar que queda y piensas joder necesito una puta excedencia de cinco años para todo esto ja ja. 

De modo que una vez más y no será la última voy a degustar el nuevo disco de Alice Cooper que siempre es bien recibido en mi casa. Y tengo ese cosquilleo que siempre me acompaña, ese eterno picorcillo signo inequívoco de inquietud. Siento una eterna admiración por al amigo Vincent Damon Furnier. Me encanta su música y conecto con el sentido del espectáculo, del show que tiene el bueno de Alice, siempre al servicio de fantásticas canciones mucho más variadas que la imagen que se proyecta de su figura siempre asociada al heavy. 

sábado, 10 de abril de 2021

Loving

Termino de ver Loving y me sigue sorprendiendo que lo que se cuenta en el film sucediese en Estados Unidos hace tan poco tiempo. Y es que por muchos libros o ensayos que haya leído sobre la segregación racial, por muchas películas y documentales que haya visto sobre el tema, en definitiva por mucho que indague en este vergonzoso asunto sigue siendo sorprendente. Incluso hoy en día se siguen sucediendo atrocidades impensables en el supuesto lugar de la democracia por antonomasia. Quiero pensar que la situación ha mejorado porque peor sería imposible pero no deja de perturbarme que todavía haya lugares donde suceden esas atrocidades.

En Loving Jeff Nichols nos cuenta con pulso firme, sin estridencias y con un estilo pausado y emotivo sin caer en el pasteleo la historia del matrimonio interracial Loving. Richard y Mildred se casaron en Washington DC porque en Virginia donde vivían esa unión estaba prohibida. Una noche, debido seguro a un chivatazo, el sheriff del condado irrumpe en su habitación y les mete en la cárcel alegando que la ley prohíbe el matrimonio entre personas de diferente color. Para librarse del calabazo Richard y Mildred se deben declarar culpables y no volver a pisar su estado natal en veinticinco años. Se les obliga a vivir en otro lugar. Y esto aunque parezca increíble sucedió hace apenas cincuenta años. 

Nichols opta por narrar la película de forma calmada y sosegada incidiendo en la vida tranquila de la pareja cuyo único delito era quererse. El director otorga tanta importancia a los silencios y las miradas como a los diálogos y huye de las estridencias y los melodramas baratos para configurar un film preciso y precioso, encantador, que se apoya en las excelsas interpretaciones de Ruth Negga y Joel Edgerton. Impresionantes ambos. Así, nos muestra con vocación antropológica la vida de dos personas en un entorno rural. Ese aspecto esta magníficamente retratado por Nichols que elige cada plano y secuencia en base a esa premisa pasando de lo cotidiano a lo universal. La película está muy alejada de los filmes con juicios grandilocuentes y se centra en la pareja, sus inquietudes y anhelos, la forma en que reaccionan ante una situación dantesca. Y a partir de lo cotidiano construye un discurso universal y refleja el conflicto social y político que desgraciadamente aunque en menor medida sigue vigente.

Es necesario resaltar la encomiable labor de los protagonistas magníficamente secundados por el resto del reparto. Un acierto que atañe también a los actores en los roles de los abogados que llevan al caso al Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Acertadamente Nichols no rompe la dinámica de la película con su aparición y sigue con su estilo cercano. Ambos actores (Nick Kroll y John Bass) continúan con el tono sencillo de la historia, lejos de los aspavientos tan típicos de los momentos judiciales. Todo un acierto. Nichols es capaz de conmoverte con una película sencilla y cercana en la que sientes que esa historia que te cuentan le podría pasar a cualquiera, incluso a ti. 






lunes, 29 de marzo de 2021

Tom Petty & The Heartbreakers. Into The Great Wide Open

Cuando Tom Petty editó en solitario Full Moon Fever parecía que había alguna grieta en la relación con los Heartbreakers. Algún malentendido que asomaba en una relación de más de quince años. Full Moon Fever se convirtió en 1989 en el disco más vendido en la carrera del rubio de Florida disparado por dos singles irresistibles, los típicos hits que se tallan en piedra en el set list: I Won´t Back Down y Free Fallin´. Lo lógico hubiese sido pensar que Tom tirase por esa vía. Pero hizo justo lo contrario para el siguiente álbum reunió de nuevo a los Heartbreakers, repitió con Jeff Lynne a la producción y en 1991 dio forma a Into a Great Wide Open, un álbum luminoso, radiante. Siempre me da por escucharlo en días soleados. Es contagioso a más no poder y tiene algunas de las canciones  más efervescentes del extenso cátalogo de este hombre. 

Dos de los puntos fuertes de este disco son el excelso sonido de las guitarras, es una delicia absoluta escuchar la enorme la labor en esas lides de Mike Campbell, el propio Tom Petty y la puntual aportación de Jeff Lynne y las armonías vocales, brillantes a más no poder en la estela de The Byrds, fundamental en esa labor tanto Howie Epstein como el mismo Jeff Lynne cuya contribución tanto en Full Moon Fever como en este álbum es más que reseñable. Lo cierto es que muchas canciones de este disco vienen a mi en días soleados. Me encuentro canturreando de forma irreversible los irresistibles estribillos de All or Nothin, Two Gunslingers, The Dark Of The Sun o All the Wrong Reasons... Canciones con un halo especial, pequeñas postales a las que no puedes dejar de mirar una y otra vez. No hay puntos débiles en este trabajo. Es la absoluta perfección de pop rock ejecutada con la maestría habitual por Tom Petty & Heartbreakers. También fue el último disco que grabó con la banda el díscolo Stan Lynch. Va por el. 






martes, 23 de marzo de 2021

La fascinante historia de Jonna

Se me ocurren pocos ejemplos por no escribir ninguno de llegar a una banda y triunfar por todo lo alto como lo hizo el bueno de Brian Johnson.  En 1980 se presumía que el nuevo álbum de AC\DC iba a seguir la senda del éxito de Highway To Hell, el último disco que grabaron con el tristemente fallecido Bon Scott, pero nadie podía siquiera imaginar ni en el mejor de sus sueños que
Back In Black lo petase como lo hizo. Nos referimos al disco de hard rock más vendido de la historia. Acudiendo al chusco refranero castellano, llegar y besar el Santo. Justo lo que le sucedió a Jonna que dejó su puesto en Geordie y su empleo y se embarcó en una aventura que le depararía un triunfo absoluto. En lo comercial el salto fue monumental. En lo artístico se podría debatir si Back In Black es el mejor álbum de los australianos o ese honor podría ir perfectamente a High Voltage, Powerage o Highway To Hell. En cualquier caso cuatro discos espléndidos, un sabroso compendio de blues hard rock inspirado a más no poder.

Como he escrito, últimamente me he detenido a menudo a pensar en las casualidades, el azar y esa serie de dichosos acontecimientos que hacen que saborees la gloria. Jonna fue el elegido entre otras razones porque era el menos conocido de los candidatos (otros eran Steve Marriott o Noddy Holder) y porque encajaba a la perfección con el estilo de los hermanos Young. Es más se cuenta (y no se si es verdad o simplemente es la hábil estratagema de algún manager avispado) que el propio Bon Scott había lanzado un entusiasta piropo a Jonna cuando éste era el cantante de Geordie. Me encanta esa historia. 


Lo sorprendente de este asunto es que cuando Jonna acudió a la primera audición de los hermanos Young vivía en casa de sus padres, estaba recién divorciado,  tenía que mantener a dos criaturas y trabajaba en un taller mecánico. Su vida daría un vuelco descomunal. Cuando se oficializo su fichaje le dijeron que cobraría 170 libras a la semana. Todo un capital. Su contribución en Back In Black es poderosa aunque a menudo se ha puesto en duda si las letras eran todas suyas o los avispados hermanos Young saquearon la libreta de Bon Scott. Pero eso para otro post.

Todo esto me ha venido porque la pasada semana jueves me pasé por mi antiguo laboro a recoger el papel que certifica mi desvinculación con la empresa y saludé a algunos compañeros. Uno de ellos con el que pasé divertidas tardes escuchando material hard rock (con importantes incursiones negroides plagadas de falsetes) me preguntó a ver qué tal me iba y sabiendo que es un acérrimo seguidor de AC\DC le dije que en lo laboral ahora me sentía como Jonna cuando aterrizó en la mítica banda australiana ja ja. Así que va por Jonna del que voy a rescatar una declaración con la que me siento 100% identificado: No soy el tipo más ambicioso del mundo, y la verdad es que tampoco soy la persona más segura de sí misma del mundo. Lo cierto es que me gustaría tener la aplastante seguridad de un colega que en una célebre reunión txokera dijo: Si volviese a nacer haría exactamente lo mismo. De momento sigo en el equipo de Jonna. Ja, ja.