Tan independiente como siempre, más vacilón que nunca y por encima de todo con canciones a rebosar de groove, funk y una urgencia buscada y necesaria para el baile. Así se presenta Sturgill Simpson en Mutiny After Midnight su segunda aventura bajo el alias de Johhny Blue Skies acompañado por The Dark Clouds. Y el menda lo celebra con sus mallas de color purpura en honor a Prince del que Sturgill suele atacar Purple Rain en directo. Es excitante seguir la carrea de este músicoporque no sabes por dónde va a salir, casi siempre con sorprendentes resultados. Tras aquel extraordinario A Sailor´s Guide To Earth se desmarcó con un disco robótico, deudor de ZZ Top titulado Sound & Fury. Después uno de bluegrass con el que ciertamente no conecté para sacarse hace un par de años de la manga lo de Johnny Blue Skies con el maravilloso Passage Du Desir. Cada día disfruto más con su música y ardo en deseos de verle en directo. A ver si se anima y realiza otra gira europea aunque tenga nulas esperanzas de que pase por aquí.
Está claro que el country se le queda enano a Sturgill Simpson. Pronto huyó de las coordenadas habituales de Nashville y más todavía con su alias Johnny Blue Skies dando rienda suelta en este álbum a su pasión por sonidos negroides, repletos de funk, incluso con elementos disco, acogidos por el menda con algarabía y entusiasmo. Para abrir boca, el disco comienza, con quizá las dos canciones menos buenas en lo estrictamente musical, las muy trotonas y efectivas Make America Fuk Again y Excited Delirium. Lejos de ponerse filosófico o metafísico en la primera desgrana una querencia por el fornicio rodeando el asunto de interesantes reflexiones que tendrás que encontrar tú, no te lo voy a dar todo hecho. En Excited Delirium se rebela a todo trapo contra el lamentable ICE ideado por el pernicioso Señor Naranja.
La primera joya es el tercer tema, Don´t Let Go que por su sonido podría encajar perfectamente en A Sailor´s Guide To Earth. Raíces country tamizadas por un inequívoco regusto soul, un aspecto que la hace imbatible. Bella composición dedicada a su mujer, Sarah. Brilla su voz de barítono acompañada con tino por la pedal steel de Laur Joamets, con los muy sugerentes subrayados del teclado cortesía de Robbie Crowell, coronado por la excelente interpretación vocal de Sturgill y una parte de excitante parte de saxo que le añade un toque distintivo al tema. Me chifla el final de la canción con los coros de Miles Miller (batería) siendo fundamentales como en muchos temas de este hombre. Precisamente en la siguiente canción, Stay On That brillan con luz propia la batería de Miles Miller y el bajo de Kevin Black que se curran un inicio absolutamente funky con el groove subido al infinito y más allá. Una tonada la mar de sexy. La letra puede que sea muy, ¿guarrilla? o soy yo. Ja, ja.
Viridescent entra como un ciclón y no para hasta el final. Te dejas llevar por su sinuoso ritmo y tiene las partes de guitarra más psicodélicas y diferentes. Me vuelve loco hacia el minuto 3:30 donde de nuevo Sturgill se deja llevar por su influencia de Pink Floyd. Regresamos a la pista de baile con Situation, otra canción bailable a más no poder con mucho ritmo y vacile. De nuevo la sección rítmica con el bajo de Kevin Black y la batería de Miles Miller se luce, incluso en esa parte final, un tanto marciana y cómica donde aceleran el tema de una forma un tanto atropellada que ha terminado por convencerme. Un dejarse llevar total que tiene sentido en la pista de baile. El contraste con lo que viene después es más que curioso.
De nuevo el espíritu de Pink Floyd está más presente que nunca en Venus, especialmente en ese envolvente primer minuto de canción, y en todo su desarrollo, con otro momento álgido hacia el minuto 3:05, gloria bendita. Otro aspecto fundamental y que le da un toque cool son los coros a partir del minuto cuatro. Así que todo el crédito del mundo a Miles Miller. Espectacular final de canción con de nuevo el saxo de Robbie Crowell haciendo unas pequeñas diabluras que quedan perfectas. La inspiración sigue por todo lo alto con la contagiosa Everyone is Welcome donde brillan las partes de saxo sobre un colchón que ya no sé como calificarlo, country-funk-disco con toques futuristas. Y me quedo tan ancho. Una delicia. La moraleja que saco cuando el disco termina con Ain´t That A Bitch con todo su poderío es que no se puede cerrar un disco con tres temas más inspirados. Algunos críticos han señalado que esta última canción es un cruce loco entre Chic y ZZ Top. Ja, ja. Lo compro. Ya me gustaría cazar a este tipo y su banda en una gira por tierras europeas.
Me gustar no hacer nada. Soy muy bueno en el tema. De hecho lo bordo. Aunque como ya sabrás eso es imposible. Porque como sujeto pensante siempre estás haciendo algo. No hay escapatoria. Piensas luego existes. Duermes, luego descansas y estás haciendo algo, de hecho una actividad muy necesaria: dormir. Tengo una capacidad asombrosa de no hacer nada. Es más, le he pillado el gusto, sobre todo si es en horario laboral. Ahí es incluso excitante. Tengo compañer@s que se ponen nerviosos ante la nada. Prefieren hacer algo. Inconcebible que diría Vizzini. La verdad es que tengo mucha paciencia. Esas declaraciones me parecen una provocación... Prefiero hacer algo. Cava hoyos y luego los tapas. Yo qué sé. Como ya sabrás todo tiene que ver con el Capitalismo y hay que hacer algo siempre, o al menos aparentarlo. Que no, leñe. Reivindico mi derecho inalienable a no hacer nada. El engaño de ser productivo a todas horas. Todo ese tiempo que trabajas gratis para las cinco empresas que encabezan la especulación bursátil del mundo sin fabricar nada.
Según la RAE nada es la inexistencia total o carencia absoluta de todo ser, otra acepción sería Sensación de vacío o inexistencia y la situación o estado de carencia absoluta. La tradición clásica filosófica afirma que el universo está lleno de ser y que la nada absoluta es imposible... Un jardín, muy grande además. Vayamos a referencias culturales. Nada es una novela de Carmen Laforet. La tengo siempre pendiente. También es una canción de Los Deltonos. Nada no tiene buena fama porque siempre es mejor estar haciendo algo o aparentarlo, sobre todo en el trabajo. La nada absoluta toda para mi. Me veo con esta edad como mi progenitor retirado del laboro y pienso; quiero abrazar esa nada, caminar por la calle y ante la inquisitoria pregunta de qué estas haciendo ahora, responder con una amplia sonrisa: nada. En realidad algo muy valioso. Caminar. Nothing's shocking...
Hace veintiún años empecé a trabajar en la sección de música de unos grandes almacenes cuyo nombre no voy a escribir aquí. Ya se hablaba de la crisis en las ventas discográficas. El declive había comenzado y el enemigo estaba claro: la piratería. Sin embargo, el volumen de negocio todavía era reseñable. De hecho teniendo en cuenta que el pico de ventas de la industria discográfica fue en el 2000, aquel año 2005 todavía se vendía mucho el formato físico, concretamente el cd. Del vinilo, ni rastro. Los cds estaban presentes en la vida del personal. Los coches tenían reproductor de cd que parece un dato baladí, pero su desaparición fue la puntilla hace cuatro o cinco años.
En cualquier caso, las ventas aunque se resentían cada año, (se pasó de las 931 millones de unidades vendidas en 2000 a 38 millones en 2021) todavía eran boyantes. Y es que, aunque no han pasado tantos años, en un par de décadas el modo de disfrutar de la música ha cambiado por completo. Lo físico, aunque vive cierto repunte está arrinconado y no deja de ser un tema de frikis o casi. El supuesto auge del vinilo tiene más de moda que de cifras que se puedan asemejar al auge del formato físico, la cierta recuperación del cd está entre algodones y lo que impera es la suscripción a una de esas plataformas. No nos engañemos. El paradigma ha cambiado por completo.
En 2005 se vendía mucho cd de serie media y en el mercadillo con cuatro paredes donde yo trabajaba (así lo llamaba un compañero hoy ilustre creador de una exitosa saga nostálgica que menciona la EGB) también se despachaban un número considerable de novedades porque poníamos unos precios irrisorios, casi sin margen de beneficio. De modo que una novedad podía costar entre 12-14 euros mientras que en la FNAC o Power Records eran más caras. Muchos famosos que años después en las redes sociales hacían propaganda de las tiendas pequeñas compraban en el mercadillo en cuestión. Se quiénes son. Sus nombres. Donde viven. Ja ja. Pero quedaba más guay decir que comprabas en esos sitios antes mencionados que en el mercadillo con cuatro paredes. En fin, Ley de Protección de Datos. Juas.
Soy de los que cree que todo esto tiene una influencia decisiva en la consideración que tiene la música. Más accesible que nunca, su difusión es extraordinaria y las posibilidades de conocer discografías enteras más sencilla que nunca. Sin embargo, su impacto cultural se reduce porque igual que es fácil y cómodo acceder, la forma de escucharla invita a olvidarla rápidamente. Se llevan las playlist o dejarse guiar por los algoritmos. Cada vez hay menos personas que escuchan discos enteros. Algunos aducen falta de tiempo. El gran mal de la vida moderna. El querer abarcar más de lo que se puede. En fin, estoy a años luz de esa forma de disfrutar de la música pero soy consciente de que voy con la minoría. Sigo encontrando un placer infinito en pinchar un vinilo, poner un cd o escuchar un álbum entero mientras salgo a dar una vuelta. Ayer sin ir más lejos cayeron Weapons Of Beauty de Jay Buchanan a la mañana y The Art Of Lovingde Olivia Dean a la noche. Entre medias en formato físico el cd de Tuesday Night Music Club de Sheryl Crow y el Tearing At The Seams de Nathaniel Rateliff & The Night Sweats en vinilo.
Algunos estudios psicológicos sobre atención y bienestar han demostrado que las actividades que requieren atención física y mental sostenida generan mayor satisfacción que el consumo pasivo. Vivimos en una época de caos, saturados de notificaciones, pantallas y mandangas que desvían nuestra atención.... El acto de escuchar música, ya sea prestándole toda tu atención al álbum que escuchas con cascos en la plataforma de streaming en cuestión, pinchando un vinilo o poniendo un cd en el reproductor, implica la escucha activa y la recompensa sigue siendo maravillosa al menos en mi caso. Me levanto a la mañana y la música empieza a sonar. Siempre tengo en mente varios discos que van a a caer ese día. Mi ilusión lejos de disminuir aumenta exponencialmente. Yo, minoría absoluta. Ja ja.
Es complicado establecer unos criterios para determinar la relevancia cultural de un disco. Tal vez sea una cuestión que aúna cierto nivel de ventas, apoyo de la crítica y tiempo transcurrido. Esas premisas encuentran un apoyo que parece más posible con la forma en que se escuchaba la música cuando el formato físico era el rey. Pero es discutible, como todo y de hecho el menda sigue disfrutando de la música de la misma manera, dándole cancha a los discos varias veces, rascando antes de abandonarlos. Incluso leo que en Estados Unidos están en auge los clubes de escucha de discos (listening bars o vinyl clubs) que ofrecen experiencias inmersivas centradas en la alta fidelidad y la escucha atenta de álbumes completos, influenciados por la cultura japonesa de los años 20. Igual monto uno en mi pueblo. Ja, ja. Esos discos que aparecen en la foto pertenecen al periodo que va desde el 2005 (año que comencé a trabajar en la sección de música de unos grandes almacenes cuyo nombre no voy a escribir aquí) hasta el pasado año. Toma ya. Estoy preparando una exhaustiva sobre el periodo 2000-2025 que va a encabezar si o si ese disco que tu ya sabes...
And there are people still in darkness and they just can't see the light
If you don't say it's wrong, then that says it's right
We got try to feel for each other, let our brothers know that we care
Got to get the message, send it out loud and clear
Hace diez años el ensayo La España vacía. Viaje por un país que nunca fue de Sergio del Molino cosechó un tremendo éxito a todos los niveles. Se vendieron más de 60.000 ejemplares, cifra bastante inusual para un ensayo, y se hizo con el Premio Cálamo y el del Gremio de Libreros de Madrid, pero por encima de todo puso encima de la mesa el debate sobre la España vacía, ese amplio territorio abandonado, rural, del que casi nadie se acordaba nunca. Se escribieron numerosos artículos en los periódicos más importantes, no hubo tertulia radiofónica que no mentase el tema y como suele ocurrir en este país todo el mundo opinó sobre la cuestión. Tuve un ejemplar en mis manos pero no encontraba el momento para abordarlo. Me esperaba un volumen sesudo con marcado acento sociológico y político, algo sesudo que estaba lejos de mis intereses por aquellos días.
Diez años después he disfrutado de lo lindo con la prosa ágil, desenfadada y tremendamente imaginativa de Sergio Del Molino. Y es que el carácter del libro es eminentemente literario y se disfruta de principio a fin. La mirada del autor impregna cada página y como he señalado antes no es un ensayo ni erudito, ni exhaustivo sobre una cuestión de gran calado. Su intención es otra de tal forma que te encuentras con las experiencias vividas por su autor que evoca con excelente tino el paisaje de esa España despoblada para después sumergirse en un viaje por el tratamiento que toda esa amplia zona de la península ha recibido de parte de numerosos creadores. Y este es uno de los aspectos más interesantes del volumen. Hacerse eco de cómo es el imaginario colectivo gracias a la visión de ilustres como Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno, Antonio Machado Miguel Delibes o Luis Buñuel. Referentes culturales todos ellos obvios y necesarios para acercarse a la Celtiberia.
Otro de los ejes centrales del ensayo es la eternareferencia a la dicotomía campo-ciudad. Una cuestión atávica que en el caso de España se tiñe con la truculenta e injusta crónica negra sobre lo rural que tiene unos cuantos ejemplos totémicos en nuestra cultura popular. El autor los cuestiona, los tritura y los aniquila de forma didáctica y divertida. Se enumeran unos cuantos ejemplos que muchos lectores conocerán y uno de ellos de otras latitudes sirve para dar inicio al libro con un fantástico capítulo titulado El misterio de las casas quemadas. Un turbio asunto sucedido en Gales entre 1979 y 1991 que supone uno de los inicios más atractivos e imaginativos posibles. Una forma perfecta de comenzar viajando al extranjero para percatarnos de que en todos los lugares los patrones se repiten de una u otra forma. La compleja relación entre lo urbano y lo rural está presente y sigue siendo una cuestión fundamental. Una España no se entiende sin la otra.
No podía faltar hacer alusión al gran éxodo de la población rural a las grandes urbes desde finales de los cincuenta. Miles de campesinos de Castilla y León, Castilla La Mancha, Aragón y Extremadura abandonaron los campos para buscarse la vida en las ciudades. Su llegada no estuvo exenta de polémicas. Una de las más duraderas es que el sistema electoral otorga un mayor peso proporcional a las provincias menos pobladas lo que hace que territorios como Zamora, Segovia o Teruel gocen de una representatividad que no es acorde con su población. Cuestión a debate que Del Molino no solo no elude sino que da buena cuenta. Otro aspecto que se señala es lo que provocó ese gran éxodo tanto en los lugares que se vaciaban como en los receptores.
El tamiz personal e imaginativo alcanza cotas espléndidas con ciertas referencias culturales, a priori alejadas de esta cuestión, pero que encuentran su acomodo gracias al divertido y certero análisis del autor. Puedes pensar que citar a Extremoduro, Muchachada Nui o Joaquin Luqui es una salida de tiesto, pero para nada, todo está perfectamente hilado y muy bien traído. En definitiva nos encontramos ante un ensayo muy personal, imaginativo y certero que ahonda en cuestiones más que interesantes y en otras menos tópicas e igualmente atractivas. Tengo entendido que su autor escribió un segundo volumen, al parecer de carácter más reflexivo y político. Me lo leeré con altas expectativas porque lo que más me gusta de este ensayo no es sólo lo que cuenta sino y sobre todo como lo cuenta.
Treinta años se cumplen hoy de la edición de No Code, el álbum con el que muchos seguidores se bajaron del barco de Pearl Jam. Apenas unos meses antes Screaming Trees y Soundgarden habían publicado dos excelentes trabajos, Dust y Down on the Upside con lo que se cuesta imaginar que la sentencia para el llamado grunge estuviese dictada. Pero lo cierto es que esa es la percepción mayoritaria, lo que siempre nos han vendido. Sin embargo la buena música está siempre por encima de las etiquetas y estos tres discos aguantan el paso del tiempo de forma soberbia, los sigo escuchando a menudo y sigue siendo una gozada perderse en sus múltiples matices. A la mierda las etiquetas y todo lo estrecho que conllevan.
Este álbum me lo regalo Su nada más publicarse. Lo pillo en una feria del disco aconsejada por mi amigo Rober quién le dijo que estaba seguro de que me iba a gustar mucho más que la otra opción que era el disco de un petardo con el que estaban dando la brasa a cholón en Popular 1. No hay color. Entre otras cosas, a No Code siempre se le achacó que la influencia de Neil Young había ido demasiado lejos, fagocitándose la personalidad de la banda, o que el grupo ya era comandado en plan dictadura por Eddie Vedder, que habían perdido la garra, que la madurez les había sobrevenido de repente comiéndose todo lo excitante de su propuesta. Jamás lo percibí así. Me costó poco perderme en su propuesta sonora, salpicada de jugosas novedades, que tal vez exigían un poco más de atención. Puede que fuese así, pero la recompensa era excelente.
Así que 30 años después lo pongo a todo volumen en la flamante edición en vinilo que también me regaló Su y vuelvo a volar alto con algunos de mis temas favoritos de la banda y soy consciente de que algunos de ellos son rara avis en su repertorio de directo como Sometimes, Who You Are, In My Tree, Smile, Off He Goes, Red Mosquito, Present Tense o Around The Bend... La clase de canciones que me gustaría escuchar siempre que tenga oportunidad de verles en directo. De unas cuantas ya he gozado, abrieron su concierto del 22 de noviembre de 1996 en Anoeta con Sometimes y también aquel día se animaron con Who You Are y Red Mosquito. Cuatro años después en el mismo escenario se descolgaron en los bises con una excelente Smile.
Un aspecto interesante de este disco del que me enteré años después es que el bajista Jeff Ament estuvo a punto de dejar la banda llegando a declarar que se incorporó a la grabación del mismo tres días después del resto porque no se había enterado de que habían comenzado a grabar. Ament se sintió desplazado y percibía que su posición en la banda perdía importancia tal vez sometida al liderazgo autoritario de Vedder. Hasta qué punto todo esto es cierto ni idea. La historia de la banda continuó y nadie abandono el barco. Lo cierto es que en este álbum la contribución compositiva de Ament fue excelente firmando Smile y Red Mosquito y su bajo se deja notar en todo el disco con momentos excelsos en Present Tense. Y por supuesto hay que resaltar su notable entendimiento con Jack Irons al que por descontado voy a dedicar unas líneas ahora mismito.
Jack Irons se unió a Pearl Jam a finales de agosto de 1994. Su entrada en la banda se debe a su amistad con Eddie Vedder. Se conocieron cuando Irons estaba en la banda de Joe Strummer y Vedder trabajaba en la logistica del escenario. Con la banda grabaría No Code donde su contribución fue colosal dando rienda suelta a su estilo percusionista, tribal y relajado y Yield, un trabajo con grandes momentos pero más irregular. Anteriormente había destacado también en el excitante The Uplift Mofo Party Plande Red Hot Chilli Peppers. Como ya escribí en el post dedicado a los bateras de Pearl Jam, adoro el estilo de Jack Irons, y la banda supo sacarle un jugo excepcional en No Code. En este disco todo su trabajo es excelente y sigo teniendo una especial predilección por In My Tree, una canción maravillosa con una gran letra y con la singular y decisiva aportación de Irons.
Una de estas noches escucharé con todo el amor y atención del mundo el recién editado Soft Control de The Afghan Whigs. Porque siempre les tengo presentes. No viven de la nostalgia. Tienen obras pretéritas que parecen inalcanzables como Black Love pero desde que regresaron hace más de diez años han seguido salpicando este mundo con su peculiar y excitante música. Todas sus obras merecen ser escuchadas. Son como un amor de verano que se prolonga hasta el otoño y al que irremediablemente vas a ir a visitar en invierno y primavera. Eso me sucedió a mi con su anterior álbum How Do You Burn? (titulo sugerido por Mark Lanegan) editado hace cuatro años y al que siempre vuelvo. Le coloqué en mi Top Seventeen de ese año y cada vez que lo escuchó más gozosa es la experiencia. No les vi cuando lo presentaron pero si se llega a dar la ocasión y se hubiesen cascado el disco entero habría salido flotando del recinto en cuestión.
El inicio del álbum con I'll Make You See God es bastante engañoso. Es la canción más cañera del álbum. No hubiese desentonado en un disco de Queens Of The Stone Age. Avanza como a trompicones en contraste con la delicada y espléndida The Getaway que se abre paso con un cautivador piano y la voz de Dulli en su vertiente más tranquila. Un clásico desde que la escuché por primera vez. Una canción que te va envolviendo poco a poco con la elegancia de estos chicos en lo más alto. Cuando escucho el estribillo de Catch a Colt pienso que una canción así con ese potencial comercial tiene que ser escuchada por el mayor número de personas posible. Es un placer escuchar los coros al fondo de la gran Susan Marshall cuyo curriculum de colaboraciones es espectacular.
Jyja tiene uno de los comienzos más magnéticos en la carrera de estos chicos y eso que son especialistas en eso. Vale su peso en oro el bajo tocado por el propio Dulli que marca el terreno para la suave voz de Dulli y toda la maraña de sintetizadores y arreglos de cuerda a cargo de Mathias Schneeberger y Rick Nelson. Un tema sensual a más no poder. A continuación viene Please, Baby, Please una mis canciones favoritas en el catálogo de The Afghan Whigs que cuenta con un Greg Dulli en estado de gracia. Adoro esa parte final en falsete y los subrayados a la guitarra de Christopher Thorn y el teclado de Rick Nelson. Fantástico el paso de la delicada pieza soul anterior a la más expansiva e igualmente irresistible A Line of Shots con una intrigante parte ruidosa final. Excelsos John Curley al bajo y Patrick Keeler a la batería.
El piano vuelve a conducirnos de nuevo hacia otra pieza con esa veta soul que tanto ama Dulli y que siempre borda; Domino and Jimmy avanza elegante, sinuosa, se te pega a la piel y más cuando escuchas la voz de Marcy Mays en perfecto sintonía con la de Dulli. Otra canción extraordinaria que llega al extásis absoluto cuando se cruzan las voces de ambos. Take Me There te saca del ensueño de una forma rompedora con ese inicio tan, no sé, ¿industrial? De nuevo el tratamiento de las voces y los coros están ideados por Van Hunt que se luce configurando un tema muy original. De forma muy suave, con únicamente la voz y guitarra acústica de Dulli comienza Concealer a la que poco a poco se le van sumando arreglos de cuerda y sintetizadores creando otra pieza singular. El cierre con In Flames no sólo está a la altura sino que engrandece más este disco. El increscendo final es de órdago y te deja un regusto invencible. Lo escrito, voy a ver a esta banda y lo tocan entero y vuelvo a casa en cohete espacial.
Para romper el hielo comencemos con unas cuantas chanzas sobre los bajistas, esos grandes incomprendidos sobre los que figuran chistes y desprecios por doquier. Quién no ha contado uno alguna vez. Vamos cobardes, admitirlo, las puyas siempre van dirigidas a los mismos... Que si no eran buenos con la guitarra por eso se encargaron del bajo, que si son sólo cuatro cuerdas por lo que es mucho más fácil, que no se les escucha ni falta que hace, que son los que cargan con el equipo... ¡Basta ya, fariseos! Aquí uno que les aprecia y mucho. Eternos relegados al segundo plano su labor es tan importante como la de cualquier otro instrumento aunque luzca menos. Sólo hace falta escuchar y gozarás. Por no escribir sobre su importancia capital en el estilo que más invita al baile: el Funk. Palabras mayores. Porque si no bailas estás muerto.
Esta es una lista que no tiene ningún sentido como todas las de este cochambroso blog, como el blog en sí. Lo que cuenta es mi gusto personal, única y exclusivamente. Hay nombres históricos que he dejado fuera, algunos porque apenas les he escuchado, otros por obvios... Todos están en la listas más prestigiosas, o sea lejos de aquí. No los voy a nombrar. Los buscas en google o se lo preguntas a la IA. O mejor a un amig@. El orden es del más veterano al más jovenzuelo. Las primeras veces en las que el bajo captó mi atención fueron en el Remasters de Led Zeppelin, el Nothing's Shocking de Jane´s Addictiony por supuestoel Blood Sugar Sex Magik de Red Hot Chilli Peppers. Fueron unos inicios netamente rockeros pero en los que ya asomaba con brillo la veta funk que tanto me pirra. Ahondar años después (y seguir haciéndolo) en el legado soul me ha proporcionado una ristra inmensa de bajistas fundamentales en el sonido de la Motown, Stax o Hi Records. Locura total.
Lo importante siempre es por encima de todo la canción, las florituras de cualquier instrumento si suman para el tema bien, de lo contrario, son eso, florituras. Hay muchas líneas de bajo en teoría sencillas que son pura ambrosía para los oídos, que navegan a favor de la canción, que contribuyen de manera definitiva al resultado final, enriqueciéndolo sobremanera. Desde Donald Duck Dunn en In The Midnight Hour de Wilson Pickett, Carol Kaye en These boots are made for walking de Nancy Sinatra pasando por Roger Waters en Breathe de Pink Floyd, Bernard Edwards en Material Girlde Madonna,Dave Taylor en Heat Of The Night de Bryan Adams, Eric Avery en Mountain Song de Jane´s Addiction, Kim Deal en Here comes your man de Pixies, John Baker Saunders en Wake Up de Mad Season, Van Conner en No One Knows de Screaming Trees, Jeff Ament en Present Tense de Pearl Jam, David Piltch en Sit This One Outde Solomon Burke, Les Claypool en Hoist That Rag de Tom Waits, Jennifer Condos en New York City's Killing Me de Ray Lamontagne, Dave Roe en Still Gone de Yola, Joseph Pope IIIen Shoe Boot de Nathaniel Rateliff & The Night Sweats, Gianluca Buccellatien Hurtde Arlo Parks, Theo Ellis en Bread Butter Tea Sugar de Wolf Alicey llegando a Vince Chiarito que me tiene loco en I can’t never leave you de Jalen NGonda. Por supuesto citar a Rhonda Smith bajista en muchas de las giras de Prince porque en directo el locuelo no lo podía tocar todo, ja ja.
Esta entrada está dedicada al bajista de Gruff (que por cierto tienen nuevo álbum Back To Roots) un músico con el que comparto nuestra eterna, inalienable y entusiasta pasión por la música, el cine y la literatura hasta el fin de los tiempos. Seguro que se caga en mis muelas por no haber incluido a tal o pascual. Maldecirá mi ignorancia. Tal vez no lo lea. No le pienso avisar. Ja, ja. Ahora mismo ya os estáis escuchando su nueva rodaja y estos tres temas favoritos del menda donde el bajo contribuye por todo lo alto o eso me parece a mi, ja ja. Ahí van: Rusty Train, The Holler y Velvet Skin. A gozar.
James Jamerson. Asombrosa la cantidad de temas míticos de la Motown en los que el bajo corre a cargo del amigo James Jamerson formando parte de The Funk Brothers. El sonido de la fábrica de éxitos se nutrió del poder armónico y sereno del bajo de James, capaz de aportar en todas las canciones su peculiar estilo. Fundamental. Trío de ases: Ain’t No Mountain High Enough,What's Going On, I Heard It Through the Grapevine.
Chuck Rainey. Seguimos con el soul, alimento esencial para el alma. Otro bajista pionero y muy prolífico fue este hombre nacido en Cleveland que trabajó con Aretha Franklin, Quincy Jones, Donny Hathaway y que colaboró con Steely Dan en su exitoso Aja. Groove. Esa es la clave. Estilo contagioso, puro y absoluto. Trío de ases: I Believe In Music, Rock Steady, Come Live With Me Angel.
Larry Taylor. Bajista fundamental en la carrera de Tom Waits. Brilla con luz propia en el universo Waits asociándose a la perfección con el baterista Stephen Hodges. Estilo agresivo y trotón ideal en la época dorada del loco de Pomona. Esencia blues.Trío de ases:Union Square, Jockey Full of Bourbon, Dirt In The Ground.
Leroy Hodges. Mi esqueleto se pirra por el bajo de Leroy, músico fundamental en la carrera de Al Green. Es una gozada escuchar como se asocia con los bateristas Al Jackson Jr y Howard Grimes. Suavidad y elegancia a raudales. Dicen que era el bajista ideal para que el resto de músicos brillasen más, les hacía mejores. Y yo digo si. Tired Of Being Alone, Love and Happiness, I Can't Stand the Rain.
John Entwistle En las antípodas de Hodges está el correoso bajo de este hombre capaz de ser hacer de su instrumento el centro de atención, la pieza clave sobre la que gravita todo. Diabólico y juguetón a más no poder. Excelencia técnica al servicio de la canción. Y momentos de absoluta pirotecnia pero integradas en el tema en cuestión. Trío de ases: My Generation, Baba O'Riley, Heaven And Hell.
Larry Graham Se dice que es creador del estilo slap en el bajo eléctrico. Ni lo se ni mi importa me basta con escucharle en el material que grabó con Sly Stone para gozar de lo lindo con un bajista imaginativo, poderoso y sutil a partes iguales. Un todo terreno. Trío de ases: Thank You (Falettinme Be Mice Elf Agin),I Want to Take You Higher, Now Do-U-Wanta Dance
Bootsy Collins Otro fenómeno de la naturaleza, impulsor del bailoteo hasta límites insospechados. Su asociación con James Brown vale su peso en oro. Escuchas su primera nota y te dice aquí estoy yo, vas a bailar hasta que te duelan huesos que ni pensabas que existían. Trío de ases: Soul Power, Up for the Down Stroke, Ah... The Name Is Bootsy, Baby!
Geezer Butler Músico fundamental en la historia no sólo de Black Sabbath sino de la música. La oscuridad del grupo de Birmingham le debe tanto a su perfecta asociación con Bill Ward como a los riffs de Iommi. Así de claro. Podía ser contundente, agresivo y sutil sin despeinarse. Esa afinación grave se pegaba a la guitarra de forma colosal. The Wizard, N.I.B, Solitude
Garry Tallent Tremendamente infravalorado el bueno de Garry ha desarrollado una carrera perfecta al lado de Springsteen. Me chifla su trabajo en los dos primeros discos, especialmente en The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle. La huella soul está más presente que nunca en esa época. Blinded By The Light, The Fever, Kitty´s Back.
Toby Myers Igual de valiosa la contribución de Myers al sonido de la banda de Mellencamp. Otro al que le pirraba el R&B, soul y el funk y lo aplicaba con ahínco en el cancionero de John brilland también en el heartland rock y el country. Trío de ases:Paper In Fire, Void In My Heart, When Jesus Left Birmingham
Michael Anthony Adoro a Van Halen y no concibo su sonido sin la exquisita contribución de este hombre casi siempre en segundo plano aportando certeras líneas de bajo bien pegaditas a la batería de Alex Van Halen y dejando que Eddie brillase a la guitarra. Esencial. Trío de ases: Push Comes to Shove, Running With The Devil, Everybody Wants Some
Pino Palladino Uno de los bajistas más versátiles sobre la faz de la tierra. No se le resiste ningún estilo. Tuve la fortuna de verle en directo formando parte de TheWho en 2006 en su mítico concierto en Zaragoza. Un absoluto crack. Esa esbelta figura es de lo más elegante que hay. Se lo rifan. Trío de ases: Murder, Lovely Day, Stone Me.
Davey Faragher Tal vez no tenga tanto prestigio como Palladino pero Davey es otro todoterreno con una polivalencia demoledora. Miembro fundador de Cracker, habitual de Elvis Costello, ha colaborado con John Hiatt, Joan Osborne, Allen Toussaint o Sheryl Crow.Trío de ases:This Is Cracker Soul, Sweet Rosalyn,Safety In Numbers.
Prince Apártense todos pero ya que viene Prince y el cabroncete tocaba el bajo tan bien como la guitarra que ya es escribir. Cuidado. Furibundo admirador de Larry Graham al que reclutó para su banda mítico es el día en el que le rindió pleitesía en el escenario (Quiero sentarme a tus pies y verte tocar. Yo no estaría en ningún lado sin él) Oh yeah... Trío de ases:Let´s Work, The Ballad of Dorothy Parker, Pheromone
Flea Se cuenta que a Flea le enseño a tocar el bajo el guitarrista Hillel Slovak cuando estaban en la Secundaria. Después el angelito voló solo y de qué manera. Picoteando en el jazz, el funk e incluso el punk armó un estilo reconocible, pilar angular sobre el que descansa el mejor repertorio de RHCP. Trío de ases: Backwoods, Behin The Sun,Mellowship Slinky in B Major
Fast ¿Alguien en su sano juicio pensaba que iba a dejar fuera de mis favoritos a Brian Leiser? Por supuesto que no. Siempre que les he visto en directo he flipado con su habilidad con su instrumento pasando del punk al soul con exquisitas pinceladas hip hop. Trío de ases:Passive/Aggressive, Southside, Got Our Love
Nick Movshon El más joven de esta lista es este muchacho oriundo de New York, pieza angular en unas cuantas pistas de aquel mítico Back To Black de Amy Winehouse, colaborador de Bruno Mars y bajista en media docena de discos del gran Lee Fields. Trío de ases:You Know I'm No Good, Talk To Somebody, It Rains Love.