Diez años después he disfrutado de lo lindo con la prosa ágil, desenfadada y tremendamente imaginativa de Sergio Del Molino. Y es que el carácter del libro es eminentemente literario y se disfruta de principio a fin. La mirada del autor impregna cada página y como he señalado antes no es un ensayo ni erudito, ni exhaustivo sobre una cuestión de gran calado. Su intención es otra de tal forma que te encuentras con las experiencias vividas por su autor que evoca con excelente tino el paisaje de esa España despoblada para después sumergirse en un viaje por el tratamiento que toda esa amplia zona de la península ha recibido de parte de numerosos creadores. Y este es uno de los aspectos más interesantes del volumen. Hacerse eco de cómo es el imaginario colectivo gracias a la visión de ilustres como Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno, Antonio Machado Miguel Delibes o Luis Buñuel. Referentes culturales todos ellos obvios y necesarios para acercarse a la Celtiberia.
Otro de los ejes centrales del ensayo es la eterna referencia a la dicotomía campo-ciudad. Una cuestión atávica que en el caso de España se tiñe con la truculenta e injusta crónica negra sobre lo rural que tiene unos cuantos ejemplos totémicos en nuestra cultura popular. El autor los cuestiona, los tritura y los aniquila de forma didáctica y divertida. Se enumeran unos cuantos ejemplos que muchos lectores conocerán y uno de ellos de otras latitudes sirve para dar inicio al libro con un fantástico capítulo titulado El misterio de las casas quemadas. Un turbio asunto sucedido en Gales entre 1979 y 1991 que supone uno de los inicios más atractivos e imaginativos posibles. Una forma perfecta de comenzar viajando al extranjero para percatarnos de que en todos los lugares los patrones se repiten de una u otra forma. La compleja relación entre lo urbano y lo rural está presente y sigue siendo una cuestión fundamental. Una España no se entiende sin la otra.
No podía faltar hacer alusión al gran éxodo de la población rural a las grandes urbes desde finales de los cincuenta. Miles de campesinos de Castilla y León, Castilla La Mancha, Aragón y Extremadura abandonaron los campos para buscarse la vida en las ciudades. Su llegada no estuvo exenta de polémicas. Una de las más duraderas es que el sistema electoral otorga un mayor peso proporcional a las provincias menos pobladas lo que hace que territorios como Zamora, Segovia o Teruel gocen de una representatividad que no es acorde con su población. Cuestión a debate que Del Molino no solo no elude sino que da buena cuenta. Otro aspecto que se señala es lo que provocó ese gran éxodo tanto en los lugares que se vaciaban como en los receptores.
El tamiz personal e imaginativo alcanza cotas espléndidas con ciertas referencias culturales, a priori alejadas de esta cuestión, pero que encuentran su acomodo gracias al divertido y certero análisis del autor. Puedes pensar que citar a Extremoduro, Muchachada Nui o Joaquin Luqui es una salida de tiesto, pero para nada, todo está perfectamente hilado y muy bien traído. En definitiva nos encontramos ante un ensayo muy personal, imaginativo y certero que ahonda en cuestiones más que interesantes y en otras menos tópicas e igualmente atractivas. Tengo entendido que su autor escribió un segundo volumen, al parecer de carácter más reflexivo y político. Me lo leeré con altas expectativas porque lo que más me gusta de este ensayo no es sólo lo que cuenta sino y sobre todo como lo cuenta.


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