Una de las grandes ventajas que te proporciona la tecnología hoy en día es acceder a música de forma sencilla y fácil, incluso a niveles premium si como yo tienes la suerte de que tu hermana te subvenciona la plataforma esa que no voy nombrar aquí ni por un millón de dólares. De modo que antes de acudir al concierto de Judith Hill la noche del viernes en el marco del Festival de Blues de Bilbao me sumerjo en su música y me empapo de dos de sus discos. Tanto su debut Back in Time producido por Prince como su último álbum Letters from a Black Widow que me gustan mucho, razón por la que me decido a acudir. Soy consciente de que es probable que lo que voy a escuchar va a ser diferente a sus obras de estudio repletas de arreglos de viento y de cuerda. Mis expectativas se ven superadas con creces.
En compañía de mi amigo Rober nos situamos hacia la mitad del recinto, pero comprobado que hay mucho cotorreo avanzamos unos metros hasta un lugar en donde lo vemos y escuchamos mejor. Los primeros dos temas son dos números funkys perfectos de sonido y que visto el desarrollo del bolo y el nivel que vendrá después sirven para calentar motores. En la tercera canción hace presencia la cadencia blues y a partir de ahí el jolgorio y libre albedrío gana enteros y hay muchas canciones que se alargan con trazos incluso progresivos donde el protagonismo de Michiko Hill (órgano y piano) es más que evidente dando por momentos una masterclass. El bajo de Pee Wee Hill es contundente y en algunos instantes despampanante y la batería de John Staten también tiene lugar para su lucimiento.
Todos comandados por Judith Hill, muy bien de voz con partes vocales tipo scat jazz que casaban a la perfección con el envoltorio sonoro, y dando también rienda suelta a su pericia con la guitarra y un par de incursiones muy molonas al piano. No controlo los títulos de las canciones pero se que sonaron fijo Cry, Cry, Cry y unas cuantas de su último álbum. Mi sensación es que la veta funk se impuso para mi alegría y alborozo. Daban ganas de perderse en un infinito bailoteo. Y esa es una de las sensaciones más guapas cuando acudes a un concierto. Seguiré la pista de esta chica. Por momentos me acordé de aquella apoteósica actuación de Sharon Jones en el Jazzaldia o del chispeante show que ofreció en este mismo recinto Fantastic Negrito hace cuatro años.
