viernes, 14 de agosto de 2026

Pink Floyd. Dark Side Of The Moon

Entre la ingente cantidad de discos asombrosos que cumplieron cincuenta años en 2023 uno de los más destacados y seguramente el más vendido es Dark Side Of The Moon de Pink Floyd. Esta rodaja posee un récord descollante; el de permanecer en la lista del Billboard entre los doscientos más vendidos la friolera de quince años seguidos (entre 1973 que se editó y 1988). Más allá de esta apabullante cifra lo cierto es que el disco de Pink Floyd sigue siendo una creación a la que se acercan nuevos oyentes a diario. Antes de que Roger Waters se impusiese como el líder absoluto con sus siguientes discos, Animals y The Wall, en Dark Side Of The Moon destaca la labor coral de la banda con la inestimable ayuda de Alan Parsons como ingeniero de sonido y las importantísimas contribuciones de Dick Parry al saxo y los maravillosos coros de Clare Torry, Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John. Es de justicia resaltar su sello más que sobresaliente. El álbum no sería lo mismo sin ellos.

Cada vez que escucho Dark Side Of The Moon lo hago del tirón. Son apenas cuarenta y tres minutos y está concebido como una suite aunque esté separado en diez pistas. Por supuesto también se puedan saborear en temas sueltos. De hecho muchas personas compraron el álbum por Money un auténtico hit de la banda que abre la cara b del vinilo y que llegó al Top 15 en Estados Unidos. Me gusta disfrutar la experiencia sonora con cascos porque se aprecian más los exquisitos detalles que enriquecen todas las pistas. Detalles preciosos incrustados en canciones interpretadas por unos músicos en estado de gracia. A menudo se ha comentado que ninguno de los componentes de Pink Floyd era un portento con su instrumento pero que los cuatro juntos eran capaces de crear un universo. único. Dark Side Of The Moon está plagado de música arrebatadoramente bella, eterna.

La producción de la propia banda junto a la certera labor del ingeniero Alan Parsons consiguieron un paisaje sonoro extremadamente hipnótico y sensual que te atrapa irremediablemente. Más de cincuenta años después de su edición el álbum sigue sonando conmovedor y está conectado a la vida de una forma misteriosa y mágica. Jamás me canso de escucharlo, es con diferencia el disco de Pink Floyd que mas veces pincho porque me transmite una paz y una concordia abrumadora. Esa sensación viene de la forma en que la banda interpreta las canciones, del entendimiento total al que llegaron David Gilmour (guitarra y voz), Roger Waters (bajo y voz), Richard Wright (teclados, piano y voz) y Nick Mason (batería y efectos de sonido). Su música en muchos momentos del álbum es introspectiva a la par que expansiva. Joder, si que me está afectando el eclipse. Bueno ya estaba así antes. Juas.

Voy a echar un poco de agua fría en tanto halago. Nunca he logrado conectar con On The Run, el corte 3 que en realidad es un tema experimental plagado de efectos sonoros, que pretende hacerse eco de la vida ajetreada y del miedo atroz a perecer en un accidente aéreo. Le reconozco su mérito pero me hubiese valido con un minuto y medio o cambiarlo por otra pista más musical, más orgánica. Suena a herejía lo se. En cualquier caso pecata minuta para todo lo extraordinario que tiene el disco, ya que en esencia el álbum consigue que temas como el paso del tiempo, la locura, la incomunicación o la muerte encuentren pasajes sonoros muy cálidos y por momentos reconfortantes aunque pueda resultar paradójico.

Escuchar el álbum entero te da una perspectiva completa de lo que la banda quería transmitir pero no es incompatible con disfrutar de las pistas por separado. De hecho si hiciese mi habitual Top Seventeen de canciones al menos siete temas estarían entre los escogidos. Mi locura es total por Speak To Me/Breathe, una forma sutil y elegante de abrir un disco. Una invitación a seguir a esta banda a donde te quiera llevar. La primera un resumen de efectos sonoros de apenas un minuto que te deja caer en de Breathe con la pedal steel guitar de Gilmour abriéndose paso con una elegancia sublime y Richard Wright ofreciéndole el colchón perfecto con el piano Fender eléctrico. Por supuesto caigo total y absolutamente rendido con la interpretación vocal de David Gilmour. Adoro como canta.

Time es posiblemente mi canción favorita de su catálogo y una de mis favoritas de la historia por muchas razones. Posee una introducción sublime. Tras el estallido de los relojes, unos latidos de corazón dan paso a la perfecta sincronización entre la juguetona batería de Mason (mi interpretación favorita de su carrera en Pink Floyd) con el bajo de Waters, a los que se van sumando el órgano hammond y el piano wurlitzer de Wright  y la guitarra rítmica de Gilmour. Apoteósico. Hacia el minuto tres llega el estupendo solo de Gilmour, una obra de arte, un compendio de su característico y personal estilo a la seis cuerdas. En el apartado vocal la estrofa principal la canta Gilmour mientras que Richard Wright se hace cargo del puente. Durante años pensé que era David el que la cantaba. Sus voces armonizan de maravilla. La química vocal entre ambos es exquisita y los coros gospelianos de Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John realzan el tema hacia el infinito y más allá.

La transición a The Great Gig In The Sky es muy sutil, un progresivo desvanecimiento de los efectos sonoros dan paso a los acordes de piano de Wright reclamando toda tu atención. El trabajo vocal de Clare Torry es desgarrador, imponente a la par que imaginativo y sorprendente. No hay palabras solo es el sentimiento de la cantante que Alan Parsons recogió de diferentes tomas. Una selección excelsa que pone de manifiesto la importante labor de Parsons. Cuando termina este tema hay un silencio que viene perfecto para que Money sea la apertura de la cara b del vinilo. Aunque es con diferencia la canción más radiada del álbum cuenta con un portentoso solo de Gilmour y  desarrollada en su mayor parte en un en un inusual compás de 7/4. Todas las partes de guitarra son exquisitas y de nuevo la batería de Mason se muestra pletórica. Muy originales y acuciantes las partes de saxo de Dick Parry

La secuencia final que va desde Us And Them a Eclipse es tan brillante como todo lo anterior dejándote un regusto épico. Como en todo el álbum las transiciones entre pistas son exquisitas. Us And Them tiene otro comienzo tan bello como el de Time. En esta ocasión es el órgano hammond de Wright quien nos guía suavemente hacia un tenue solo de saxo tenor a cargo de Dick Parry. Esa suave cadencia del saxo te va envolviendo y la cálida interpretación vocal de Gilmour junto a las armonías de Wright cruzándose de nuevo con los coros Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John son sobrecogedoras. Es la canción más larga del disco y no le sobra ni un segundo. Caracterizada por unos cuantos recovecos sonoros contrapuestos pasando de la calma a las explosiones sonoras de forma sublime. Excelente letra de Roger Waters que es el encargado de toda la lírica del álbum.

Tras Us And Them unos teclados oscuros y estridentes dan paso a Any Colour You Like, un tema instrumental exquisito, otra perfecta muestra del nivel superlativo de entendimiento al que llegaron los músicos sin que la partitura sea complicada, todo lo contrario. El secreto está en la interpretación, en darse el espacio necesario para que el mismo patrón de acordes que en Breathe brille tanto ella. El tema termina casi de forma abrupta para dejarnos con Brain Damage con esas risas estridentes que se escuchan de fondo y con un Waters ofreciendo una de sus más emotivas interpretaciones vocales. Es otro tema sencillo, compuesto a la acústica por Waters quien remata la faena con Eclipse que cierra el álbum exactamente como empezó: con el latido de un corazón que se desvanece dejando una conmovedora sensación de paz.