domingo, 15 de julio de 2007

Rodion Romanovich Raskolnikov

A la hora de escoger una novela hay varias fuentes de las que guiarse. Hay quien se fía únicamente de ciertos suplementos literarios, otros recurren a algún amigo o familiar y hay quien acude a la Biblioteca pública de su ciudad y se deja llevar entre las estanterías buscando esa lectura que le atrape durante al menos unos días. Por supuesto muchas personas combinan esas tres fuentes y alguna más. Me encuentro entre estos últimos.

Siempre me gustó la sonoridad del nombre. Rodion Romanovich Raskolnikov. El protagonista de Crimen y Castigo, la mejor novela de Fiódor Dostoievski. Más concretamente siempre me fascinó como lo pronunciaba Ricardo un colega de mi primo Oscar de Arrabal de Portillo. Una de tantas noches veraniegas en las que combinábamos la ingesta de varias cervezas al amparo de la brisa castellana, Ricardo y yo hablábamos sobre música, cine y literatura. La Santísima Trinidad.

Una de esas noches, Ricardo me preguntó a ver si había leído algo de Dostoievski. Le contesté que no. Es más en aquella época no sabía ni quién era. Fue entonces cuando me comentó que tenía que leerme Crimen y Castigo. Su frase fue: Crimen y Castigo, Rodion Romanovich Raskolnikov, maravilloso, me dijo con una sonrisa contundente que me invitó a ponerme a la tarea en cuanto volví de vacaciones.

Pues bien, en aquel verano la forma en que Ricardo pronuncio el nombre de Rodion Romanovich Raskolnikov me bastó para atraerme a ese libro. Ni siquiera me habló del argumento, tan sólo fue el modo en que pronunció ese nombre. A partir de ahí algo se movió en mi interior y mucho más lo haría cuando comencé su lectura. Leí la novela compulsivamente, entre fascinado y turbado por sentir simpatía por un personaje de la calaña de Rodion Romanovich Raskolnikov.

Se trata de una obra psicológica en la que el autor nos sumerge en la inquietante psique de Raskolnikov. Alguien que piensa que la sociedad se divide en dos tipos de seres humanos; aquellos superiores que tienen derecho a cometer crímenes en pro del bienestar general y aquellos inferiores que deben estar sometidos a las leyes, cuya única función es la reproducción de la raza humana. Partiendo de esa base y creyéndose en el primer grupo, Raskolnikov idea un plan para matar y robar a una vieja usurera para solucionar sus problemas financieros y hacer un favor a la sociedad librándola de su maldad. Simplemente lo hace por una especie de justicia divina. El dinero de la vieja lo entrega a una familia necesitada, por lo tanto el crimen está basado en el desprecio que Raskolnikov siente por la vieja usurera, un ser malvado para la sociedad.

Dostoievski es uno de esos autores que bucea con una sierra eléctrica en el alma humana. No hay lugar para medias tintas. Cuando Raskolnikov se percata de que no es un ser elegido, que no es nadie especial, empieza la tortura más retorcida posible: la culpa. A partir de ahí quiere encontrar la redención y algo de esperanza en la salvación del alma humana. Y al final lo consigue. O eso creo entender. En fin, recomiendo conocer a Rodion Romanovich Raskolnikov. Es un viaje sórdido por la envidia, el remordimiento, la soberbia, la culpa. Carroña a mansalva.

miércoles, 11 de julio de 2007

Cheating at solitaire, un tributo de Mike Ness a la música de raíces americana

Cuando en 1998 Mike Ness anunció que iba a grabar un disco en solitario en el que rendiría homenaje a la música de raíces americanas muchos talibanes del punk rock se echaron las manos a la cabeza. Tantos como nos alegramos de que grabase algo así porque estábamos seguros de que iba estar a la altura de lo que Mike había hecho con Social Distortion. Y vaya si lo estuvo. Cheating at solitaire (1999) es una maravilla. Una deliciosa declaración de amor a una época, los 50 plagada de losers, grandes películas de cine negro y buena música a raudales. Y también una confesión del propio Mike sobre sus vivencias personales y sus convicciones más profundas.

Esta es la clase de discos en los que todo encaja. De principio a fin. Excelentes canciones propias, a cual más inspirada y una exquisita selección de versiones. Incluso el diseño rebosa clase por los cuatro costados. En la portada vemos un primer plano de Mike relajado con los ojos cerrados, su barbilla descansa en una mano y se observa la otra con la palabra love tatuada en los nudillos. Un claro homenaje al Harry Powell de La noche del cazador.

Las fotos interiores del libreto nos muestran a Mike Ness en varias poses chulescas. Un tío con clase. En la contraportada aparece de nuevo Mike apoyado en un precioso coche antiguo y con una guitarra acústica firmada por el mismísimo Johnny Cash. Al parecer, Ness coincidió con el Hombre de Negro en un estudio de grabación y le pidió que le firmase la guitarra. También quería que colaborase en el disco pero debido a la delicada salud de Johnny no pudo ser.

Y si el envoltorio es pura delicatessen (existe una edición en vinilo con un tema extra, Company C) qué puedo decir del contenido. Nos encontramos ante un músico tocado por la magia de Johnny Cash, Hank Williams y todo el country clásico, sin olvidarnos del blues y por supuesto del rock´n roll. Aquí el punk está en la actitud del cantante. Las once canciones que compone Mike Ness son de lo mejor que ha grabado en su carrera. Música imperecedera interpretada con pasión por unos excelentes músicos. Destacaría la colaboración de tres componentes de Royal Crown Revue: Veikko Lepisto al bajo, Daniel Glass a la batería en dos temas y por encima de todos Mando Dorame, cuyo saxo brilla en varias canciones: Misery loves company, Crime Don´t pay y sobre todo No Man´s friend.

Brian Setzer se hace cargo de la guitarra gretsch en Crime Don´t pay y Springsteen canta un par de estrofas en Misery loves company. Pero ambos son dos más entre unos músicos de estudio notables y en medio de un repertorio sublime tanto a nivel musical como literario. Me es dificilísimo escoger temas porque el nivel es altísimo. Las letras son pequeñas historias en las que Mike Ness desnuda su alma como en Charmed life: Some say it's the strong who survive, Sometimes I wonder if there's any truth to that at all, I've been lucky and that's a fact in a crazy world , I've led a charmed life (Hay gente que dice que es el fuerte el que sobrevive. Algunas veces me pregunto si hay alguna verdad en eso en algún modo. He tenido suerte y ese es un hecho en un mundo demencial. He llevado una vida fascinante.)

La que da título al disco Cheating at solitaire empieza con: You can lie to yourself, you can lie to the world, You can lie to the one you call your girl, You can humble yourself to the hearts that you stole, Wondering who's gonna love you when you grow old? (Puedes mentirte, puedes mentir al mundo, puedes mentir a la que llamas tu chica, puedes humillarte frente a los corazones que robaste, preguntándote quién va a quererte cuando seas viejo)

Entre poderosos solos de saxo a cargo de Mando Dorame, Ness canta con rabia en No Man´s friend: You don´t seem to be bothering anybody else now, but you´re really fucking with my mind. Por supuesto no podía faltar la referencia a uno de los iconos definitivos de los 50, es en Dope fiend blues: I tie myself off, shoot it in my veins, I feel like Marlon Brando and I've hid another day's pain, I'm goin' back where it's safe, goin' back to the womb, I find my mother's comfort, here in a needle and spoon. Insisto cada canción cuenta una historia y merecería un post. Queda pendiente.

Las versiones escogidas Send her back de Al Ferrier, Don´t think twice de Dylan, Long Black Veil que hizo suya Johnny Cash y You win again de Hank Williams no hacen nada más que añadir más valor histórico a esta grabación. Todas están interpretadas con verdadera devoción por Mike Ness y su banda, aunque destaca la versión de Hank Williams una canción mítica a la que Ness rinde un sentido homenaje.

El álbum está producido por el propio Ness y James Saez que también se hace cargo de la slide guitar, instrumento que adquiere un notable protagonismo en muchas canciones. Adoro la forma en que Mike consigue mezclar el rock, blues, folk y country. La slide, el saxo, guitarras acústicas por aquí algo de teclado por allá, un sonido preciso que te hace amar la música como si la estuvieses escuchando por primera vez.

Paul Auster


En la estantería de mi casa tengo desde el día que se publicó Viajes por el Scriptorium, la última novela de Paul Auster. En otra época de mi vida lo habría leído por lo menos un par de veces pero en esta ocasión ni siquiera lo he empezado. Reconozco que he leído algunas críticas que me han echado para atrás y tengo un recuerdo tan bueno de Brooklyn Follies que no quiero sumergirme en el universo austeriano con lo que barrunto que va a ser una obra menor.

Y es que desde hace años tengo la sensación de que la obra de este escritor y su propia persona ha estado sobreexpuesta a los medios de comunicación. En ese periodo la editorial Anagrama ha publicado numerosas obras de Paul Auster, equivalentes a determinados discos de rarezas de algunos músicos, sólo que con resultados bastante pobres. Y parece que el escritor norteamericano no ha hecho ascos a toda esa vorágine sobre su persona y obra.

No soy el típico snob que en cuanto algo se hace un poco popular reniega de ello. Nada más lejos de la realidad, de hecho creo que en el caso de Paul Auster, Brooklyn follies (2005) es junto a El palacio de la luna, Leviatán y La música del azar su mejor novela. Pero si es cierto que un cierto deja vu se hace patente cada vez con más fuerza en la narrativa de este hombre desde que publico Tombuctú en 1999. En cualquier caso todavía es capaz de firmar grandes obras como la mencionada Brooklyn follies o El libro de las ilusiones.

El próximo mes de septiembre Paul Auster formará parte del jurado del Festival de cine de San Sebastián donde además presentará su película La vida interior de Martin Frost basada en la vida de un personaje de su novela El libro de las ilusiones. Espero con ansias este nuevo reto austeriano. Ojalá se acerque a la maravillosa Smoke basada en un guión suyo. Aunque eso tal vez sea demasiado pedir.

viernes, 29 de junio de 2007

Descubriendo a Springsteen


Se ha escrito mucho sobre Bruce Springsteen. Hay millones de fanáticos de la música de este hombre. Allá donde vayas te encontrarás con alguno de ellos. Muchos te darán la brasa, te dirán que el Boss es único, que no hay nadie como él, que no tiene rival, que bla, bla, bla…Tal vez te hayas topado con uno de ellos y sólo por ese motivo odies a Springsteen. Te jode que no se hable en los mismos términos de otros que te parecen igual de buenos o incluso mejores: Neil Young, Tom Petty, Steve Earle o Tom Waits.

O tal vez no te hayas encontrado nunca con uno de estos talibanes del Boss. Nadie te ha atormentado con la música de Springsteen y has permanecido apartado de ella porque pensabas qué hay poco que rascar tras las barras y estrellas del Born in the USA. Ese era mi caso. En mi adolescencia jamás reparé en Bruce Springsteen. Para mi era uno más. Me gustaba su música pero no me seducía como lo hacían otros. No conectaba nada con la imagen que tenía el tipo en la época de Born in the USA y sus canciones no me hacían sentir nada especial. No conseguía identificarme, que al final es el camino más corto para que alguien te apasione.

La cosa comenzó a cambiar para mí con el disco menos apropiado para que algo así sucediera. Me refiero a MTV, plugged en el caso de Springsteen. Corría el año 92. Springsteen no estaba en su mejor momento por decirlo suavemente. Desde Tunnel of love habían pasado 5 años sin material nuevo y Human Touch y Lucky town supusieron la primera gran grieta en la discografía de este hombre. Aunque los discos entraron en las listas en los primeros puestos en escasas semanas empezaron una cuesta abajo imparable.

En esta tesitura Springsteen aceptó participar en el famoso Unplugged de la todopoderosa MTV. Se cuenta que el de New Jersey iba a actuar en acústico como todos los que habían pasado por ese programa y que cambió de opinión a última hora. Por supuesto nadie en esa cadena de televisión se atrevió a decirle nada. Se trata de un disco grabado sin los músicos de la E Street Band con un repertorio en el que se incluyen temas de sus denostados Lucky Town y Human Touch. Bien, mi hermana me regaló ese cd y he de reconocer que tuve que disimular mi escaso entusiasmo. Sin embargo, con el tiempo fui apreciando cada vez más canciones míticas para mucha gente, pero que a mi me habían pasado desapercibidas como Atlantic City o Darkness of the edge of town. Incluso me comenzaron a gustar y mucho Better days, Lucky town, Living Proof o I wish i were blind, por la que muchos seguidores de toda la vida de Bruce sienten náuseas.

A partir de ahí, comencé a prestar más atención a sus discos. Me hice con los que me faltaban (Nebraska y Darkness on the edge of town) y volví a escuchar con detenimiento The river, el mismo Born in the USA o Tunnel of love. Todos los discos me fueron atrapando. Existía un Springsteen más allá del cliché del horroroso vídeo de Dancing in the dark. Grandes canciones, pequeñas historias contadas con agilidad e interpretadas con vigoroso entusiasmo por la excepcional E Street Band. Una vez que te introduces en su música es difícil parar. Como en su día titulo la revista Popular 1 a uno de sus especiales sobre Bruce Springsteen: Conocerle es amarle.

Algún día escribiré algo sobre la edición 30 aniversario del Born to run porque eso merece un capítulo aparte. Lo que si puedo decir claramente es que Springsteen es tan grande como Waits, Petty, Young o Dylan. No está por encima de ninguno de ellos pero tampoco por debajo. Incluso sus últimos discos no desmerecen en absoluto. Tanto We shall overcome como especialmente Devils & Dust son dos referencias obligadas para cualquier amante del mejor rock americano. Springsteen, enchufado, Springsteen mucho más que el héroe de la clase trabajadora. Springsteen todavía y siempre, pese a quien pese.

miércoles, 20 de junio de 2007

Streets of New York






Hace exactamente un año a estas horas me encontraba junto a Susana en un cuarto del departamento de inmigración del aeropuerto JFK en Nueva York. Sólo pensaba en que habían metido mi pasaporte en una carpeta roja y se lo habían entregado a un policia que se encontraba frente a nosotros tras un mostrador bastante elevado para dejar claro quién mandaba ahí. El tipo parecía sacado de un película. Alto, rubio, con perilla pelirroja y brazos para ser un gran bateador de cualquier equipo de beisbol. Tras una interminable espera, que en realidad sólo duró 20 minutos, dijo mi nombre en voz alta y pidió que me acercará al mostrador. Me preguntó si había estado antes en EE.UU, si había tenido problemas con la policía y cuál era el motivo de mi viaje. Todo lo tranquilo que pude le conteste que nunca había estado en EE.UU, que no había tenido problemas con la policía jamás y que estaba allí para ir a ver a Tom Petty & the Heartbreakers y para pasar mi cumpleaños en la ciudad. El tipo me felicitó por mi cumpleaños y selló el pasaporte. De esta inquieta forma comenzó mi periplo por la ciudad que más ganas tenía de visitar y a la que más ganas tengo de volver: Nueva York.


Viajé a la Gran Manzana con grandes expectativas y todas se cumplieron con creces. Es más todo fue mágico. Desde conseguir entradas para el concierto de Petty en el Madison Square Garden a pasear por las calles de Nueva York entre la multitud en el perfecto anonimato. La ciudad que tantas veces ha sido retratada en el cine por Woody Allen, Martin Scorsee o Spike Lee, todos ellos con diferentes e interesantes visiones que comunicar, es un lugar que te atrapa por su familiaridad desde que tocas su asfalto. Por supuesto, si te centras en Manhattan lo más seguro es que reconozcas la mirada de Woody Allen, una mirada apasionada de alguien que adora su ciudad y ha sido capaz de mostrar su lado más romántico. Pero también hay lugar para el Nueva York más peligroso. Cuando la noche cae sobre Manhattan ciertas calles se vuelven peligrosas, como en toda ciudad grande. Algunas veces sin darte cuenta acabas en alguna de ellas y sales de ahí lo mejor que puedes.


Es difícil decantarse por una zona concreta. Tengo un memorable recuerdo del paseo por el puente de Brooklyn, de la zona sur con el impresionante City Hall y del Greenvich Village, allí donde Bob Dylan dio sus primeros pasos. Central Park merece una visita de un día completo y Tribeca y Soho son dos barrios con un encanto especial. En realidad cualquier rincón te resulta conocido. Lo has visto en alguna buena película y en unas cuantas malas también. La oferta cultural es tan apabullante que necesitarías meses para sacar una mínima parte del jugo a esa Gran Manzana. Yo ya estoy esperando la siguiente dosis.

lunes, 18 de junio de 2007

The Joshua Tree cumple 20 años







Han pasado veinte años desde que se publicó The Joshua tree, el disco que situó a U2 en el nivel más alto de su carrera, tanto comercial como artísticamente. Hasta aquel momento el grupo irlandés gozaba de un amplio respaldo popular pero este álbum los colocó en la liga de los más grandes. Esa en la que te conoce todo el mundo, incluida la gente a la que no le gusta la música. En la que tú música suena en todas partes y a todas horas.

Y transcurridas dos décadas sigue siendo el mejor disco de U2, una maravilla de principio a fin. Uno de esos trabajos en los que todo encaja a la perfección. En su día fue calificado como el álbum americano del cuarteto irlandés. Las referencias a EE.UU se veían en la portada (tomada en el desierto californiano), en la temática de algunas letras: Bullet the blue sky o In God´s country y en un sonido que aunque personal tomaba la esencia de la mejor música americana: blues, soul, country y folk.

El disco se inicia con la impresionante trilogía Where the streets have no name, I still haven´t found what i´m looking for y With or without you, tres canciones que se incrustaron en el imaginario colectivo con fuerza y que veinte años después siguen sonando tan frescas como entonces. Además de unas extraordinarias canciones, U2 se apoyaron en la sabia producción de Brian Eno y Daniel Lanois.

Pero hay mucho más, mi favorita siempre ha sido One tree hill, una delicia dedicada al asistente personal de Bono, Greg Carroll fallecido un año antes. O Exit, una de las canciones favoritas de Axl Rose, un tema de corte más experimental, con unos crescendos sublimes y una guitarra de The Edge portentosa. La cara b del disco, no tan sobreexpuesta como los que fueron singles es reveladora del momento inspirado que vivían Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr.

Lamentablemente, U2 se han convertido en un grupo complaciente, de escaso interés, con un Bono pasado de vueltas y alejados de la musa inspiradora que les llevó a obras tan antológicas como The Joshua tree, Rattle and Hum o Achtung Baby. Pero, no importa cualquier momento es bueno para poner el vinilo de The Joshua tree y disfrutar de la música de un grupo en estado de gracia. Y jamás me he cansado de escuchar a mi tío sus batallas sobre el mítico concierto que el grupo irlandés dio en un abarrotado estadio Santiago Bernabeú el 15 de julio de 1987. Eso si que debió ser la hostia.

domingo, 3 de junio de 2007

Mother Superior jump the gun!

Como reza la canción de los Beatles, Happiness is a Warm Gun: Mother Superior jump the gun! Y vaya si lo hicieron ayer en el Kafe Antzoki de Bilbao. El trio californiano volvió a demostrar que son una de las mejores bandas que hay en la actualidad. Asi de claro. No necesitan ni mirarse para mostrarse complices en escena y desplegar un arsenal de canciones que nada tiene que envidiar a los grandes grupos de la historia del rock.

Ayer presentaron su último disco, Three headed dog y dieron un buen repaso a su cada vez más impresionante discografía. No faltaron temas ya clásicos como Jaded Little Princess o Fuel the fire y los nuevos sonaron realmente bien, especialmente Let it go, fantástica canción con un aire diferente a lo que hasta ahora había hecho este trío en estudio. Afortunadamente hubo una buena entrada en el Antzoki y espero que cada vez puedan acceder a más público. Y es que cuando ves a un grupo con este nivel a escasos dos metros de ti, sólo puedes pensar que eres un tipo afortunado.

Jim Wilson (guitarra y voz), Markus Blake (bajo y voces) y Matt Tecu (batería) son unos virtuosos de sus instrumentos pero no se limitan a apabullar al público con su técnica. Van mucho más allá. Son tres músicos que disfrutan en el escenario con lo que hacen y lo transmiten a las mil maravillas. Ayer fue la quinta vez que les ví en los últimos cuatro años y no dudo en decir cada vez son mejores. Si pasan cerca de tu ciudad no dejes escapar la oportunidad, ser contemponáreo de estos tios no tiene precio.