Hacía más de veinte años que no veía El Club de los Poetas Muertos. Lo hice ayer de nuevo porque Maiaki tenía muchas ganas de verla. La primera vez que la vi me causó un profundo impacto. La película formaba parte de la programación educativa del Instituto donde estudié y recuerdo que nos desplazamos a verla a los cines Duplex de Barakaldo. Caminamos hasta la localidad vecina y el camino de vuelta estuvo repleto de un emocionante debate sobre la película. A muchos nos cautivó y cuando la vi años después con Su, ya en formato dvd en versión original, la magia continuaba intacta.
Ayer me volví a emocionar con la película. Sigue más vigente que nunca porque trata de temas universales que nunca pasan de moda y porque consigue hacerlo de una forma divertida, elegante y en muchos momentos conmovedora. El film es uno de esos que no olvidas y que conviene ver cada poco tiempo para tener bien presente que es fundamental ser uno mismo, pensar en libertad y no ir en manada, que es maravilloso enriquecerse conociendo y respetando a otras personas y que jamás hay que olvidar la pasión en este mundo a menudo tan gris.
En cuanto a lo puramente cinematográfico Peter Weir es uno de esos directores fiables a más no poder, capaz de crear bellas imágenes al servicio de la historia y de sacar el máximo partido a un casting espectacular en el que por supuesto destaca Robin Williams dando vida a un maravilloso profesor Keating. Los por aquel entonces muy jóvenes Ethan Hawke, Robert Sean Leonard, Josh Charles se lucieron dando vida a personajes con mucho que rascar aunque mi favorito siempre fue Nuwanda el personaje interpretado por Gale Hansen.
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