Dos de las bandas a las que seguí con mucho interés en los noventa fueron Blues Traveler y Screamin´ Cheetah Wheelies. Su música vino para quedarse y no sé por qué pero siempre las asocio y me hubiese parecido un doble cartel impresionante. No pude ver a ninguna de las dos en directo pero no me perdí ninguno de sus pasos. Lamentablemente SCW se separaron ya hace casi diez años aunque ahí sigue Farris con una potente carrera en solitario.
Blues Traveler tuvieron su momento de apogeo a mediados de los noventa y con interrupciones más o menos largas continúan con una carrera más que digna. Han tenido varios discos flojos pero tanto el disco de John Popper & Duskray Troubadour como su último álbum en estudio Suzie Cracks the Whip les recupera para la causa bastante inspirados, con momentos muy brillantes. Pero hoy echo los oídos más atrás para recuperar Back in the Day un tema que me sigue encantando y con el que abrían de forma inmejorable un disco a reivindicar: Bridge.
El próximo 16 de septiembre está previsto que salga el tercer álbum en solitario de Mike Farris. Han pasado siete años ya desde que Salvation in lights viniese para quedarse en mi casa. Un disco que escuche compulsivamente en verano de 2007 y que está ligado en mi banda sonora particular a largos paseos por la Benedicta mientras Unax dormía plácidamente en su buga. Tuve la suerte de verle presentándolo en directo en el Festival Azkena de 2009 pero me perdí su cita de octubre de 2010.
En aquella ocasión, el 11 de octubre de 2010 Mike Farris, según me contó Susana, tuvo un recuerdo para Solomon Burke que había fallecido el día anterior. En los últimos años Farris se ha volcado por completo en su faceta más bluesy y gospel y la disfruto tanto como sus años con The Screamin´Cheetah Wheelies a los que desgraciadamente nunca pude ver en directo. En cualquier caso, ya sea en solitario con una guitarra acústica, con su nueva banda o con los Wheelies aquí un rendido admirador de este tipo.
A million of my brothers
ragin´like the sea
As I stand upon the coast while they crash down on me
And I ask, for what reason - is it love- is it John Lennon´s prophecy?
Or do you just want to be my brother?
I like my coffee with sugar and cream
My father likes his straight but he likes his tea with cream
(He is a trucker, he has a 40 - hour dream)
And out of his window he sees a carrot on a string
But he has never seen the man that loads his loads
and tells him that he must be
A trucker well, would it matter if it turned out to be
a Jew or a Christian or a tv screen and I say la la
These are definitely not our days La la la
It´s definitely not our days
and if the sky opened up and the manna came down
Would you formulate lines on the outskirts of town and say that
He´s not the one and
I´m not the one and you´re not the one (now wait a minute)
Would it matter if it turned out to be
a Jew or a Christian or a tv screen and I say la la
Una de las últimas sensaciones en ese gran cajón desastre que es la novela negra ha sido Un gramo de odio debut en la narrativa del francés Frantz Delplanque. Este buen hombre que tiene un curro así a priori atractivo (es responsable de cultura en el Ayuntamiento de Montpellier) se ha currado una novela divertida, ideal para el verano y que se lee en un periquete. El libro viene avalado por buena parte de la crítica y por algunos colegas como Amelie Nothomb, excéntrica escritora belga que es algo así como la gurú de la nueva novela escrita en francés.
Yo he llegado a él por la recomendación de una compañera de trabajo. Y he acertado de pleno. La premisa del libro me atrajo nada más leer la contraportada. El protagonista del embolado es Jon Ayaramandi un asesino profesional que se quiere retirar en un pequeño pueblo del país vasco francés y al que unos cuantos acontecimientos le harán volver a tener que matar. No es un argumento original pero ni falta que hace. El acierto de Delplanque está en cómo lo cuenta.
El autor gran amante de la música rock y cuyos autores favoritos son entre otros Nick Hornby, Tarantino o Quim Monzó se las apaña para crear una novela interesante cargada de humor y fina ironía y que está repleta de pequeños detalles interesantes que se regodean en los pequeños placeres de la vida. Además está muy alejada de los cánones típicos del género. Lo cual no tiene porqué ser bueno pero aquí lo es.
Incluso parece escrita de forma natural, sin tener la intención de derribar los convencionalismos del género pero finalmente haciéndolo y divirtiéndose en el camino. Yo me lo he pasado muy bien leyéndola. Como pone en la contraportada: Ideal para degustar con un vinilo de The Who como banda sonora y una copa de vino sobre la mesa de noche. Juro que no la elegí por eso pero fue porque no leí el comentario.
Ahí va un párrafo con el que definitivamente me siento identificado: Siempre he sido capaz de reconstruir mentalmente cualquier pieza musical. Cada una de las notas de la melodía. En alta fidelidad. Soy como una gramola. Desgraciadamente, no puedo demostrarle a nadie ese prodigio, deben confiar en mi palabra.
Jamás pensé que mis ganas de conocer la Sierra de Gredos iba a coincidir con las mucho mayores de ver en directo a John Fogerty. De hecho esto último hasta hace cuatro años lo veía imposible. No creía que iba a suceder ni de coña. Pero Fogerty ya hizo un par de fechas por la Península en 2009 y esta vez desde que supe que tocaba en el Festival Músicos en la Naturaleza en Hoyos del Espino tenía la fecha marcada a fuego. Pero no ha sido fácil. Es más he podido asistir de chiripa y gracias a la generosidad de un buen amigo. Encajar vacaciones, logística y demás es complicado pero tal y como sucedió hace trece años cuando fui a ver a Neil Young a La Coruña esta vez mis vacaciones iban a ser ver a John Fogerty en directo.
Antes de John Fogerty a eso de las nueve y media Rosendo ofreció a sus seguidores su medicina habitual. Hace muchos muchos años solía escuchar Leño y los primeros discos de su etapa en solitario pero mis gustos han ido por otros caminos. Rosendo y sus dos músicos se curraron un buen concierto que terminó con la obligada presencia de sus clásicos Agradecido y Maneras de vivir. Antes habían sonado de forma contundente temas de su último álbum Vergüenza torera. A priori me hubiese motivado más un cartel con otra banda que me saciase mucho más pero no me voy a quejar porque lo que vino después me dejo con sonrisa de millonario.
Fogerty salió a escena a eso de las once y veinticinco con su ya mítica camisa de cuadros y cargado con un repertorio que apabulla. Lo comentábamos tras el concierto.... Es que este tío se casca 20 canciones y todas son singles, es una barbaridad de repertorio. Eso es imbatible. Comenzó a todo trapo con Travelin´band a la que siguieron no me acuerdo en que orden Who´ll stop the rain y Green River. Al principio desde nuestra posición el sonido se perdía bastante pero según avanzo el concierto fue mejorando con algún que otro molesto acople.
El escenario fue dominado de forma omnipresente por el amigo John que se sitúa como el sheriff del cotarro y los músicos que le acompañan si soy sincero no sé quiénes son a excepción del mítico batería Kenny Aronoff. Dio algo de cancha a los otros músicos pero Fogerty lo domina todo. Cantó bastante bien, con algún problemilla lógico en un tipo de casi setenta años y volvió a demostrar que es un guitarrista espléndido. Me encantó la interpretación de Long As I Can See The Light, boté como un poseso con Midnight Special y me deleité cuando alargaba los temas como en Suzie Q, Keep on Chooglin o la desatada Ramble Tamble.
Como me imaginaba perdí la chaveta directamente con la traca final: Bad Moon Rising, Fortunate Son y los bises con Rockin´All Over The World y Proud Mary. Al parecer según he leído el amigo Fogerty está dispuesto a olvidar disputas, iras y rencillas varias y no descarta reunirse con Stu Cook y Doug Clifford. Que tal hecho sucediese sería una gran noticia y ya para facilitarnos la tarea a los amigos con los que ayer disfruté de otra noche intensa de rock´n rolll si lo traen al Azkena mejor que mejor. Venga, a por ello. Que empiece ya la campaña: Creedence Clearwater Revival al Azkena de 2015.