El film está estructurado en tres actos y comienza con el tercero. La historia está contada de atrás hacia delante pero está tan bien hilada y de una forma tan original que no sólo es que ese hecho no importe sino que se convierte en una baza perfecta, ganadora. Una vez entras en su universo y vas desentrañando la trama la recompensa es magnífica en todos los sentidos porque se trata de una obra cinematográfica en la que brilla la dirección y montaje de Mike Flanagan y las soberbias interpretaciones de todo el elenco, sin excepción. Hay muchas secuencias maravillosas, emotivas y con un innegable atractivo visual. Yo caí rendido con una en concreto que tiene como protagonistas a Tom Hiddleston, Taylor Gordon y Annalise Basso. Hasta ese momento la película me estaba gustando, a partir de ahí me fascinó. Algo hizo click de forma arrolladora hasta el final.
He de reconocer que el tercer acto con el que comienza la película es extraño, desconcertante a la par que sumamente atractivo a todos los niveles. Esa primera parte está teñida de un tono apocalíptico con un mundo a punto de irse al garete y con los protagonistas deambulando sin rumbo, con un cierto halo fatalista. El mundo se va a la mierda y cada uno lo lleva como puede. En este acto el protagonista es el personaje interpretado por Chiwetel Ejiofor, excelso por cierto. Sus reflexiones acerca del universo y su forma de comportarse y de encarar la vida están cargadas de verdad y honestidad. Como todos los demás personajes no puede dejar de preguntarse quién es la persona que aparece en unas misteriosas vallas publicitarias donde se agradece a un contable común llamado Charles Krantz por 39 grandes años. Un elemento misterioso que se irá desvelando en los siguientes actos.
En el segundo acto tiene lugar la escena clave de la película que no tiene desperdicio. En este tramo conocemos la vida adulta de Chuck (Tom Hiddleston) un contable que al parecer lleva una gris existencia trabajando en algo que no le apasiona como la gran mayoría de la población. Pero un día camino del trabajo se detiene frente a una artista callejera, una baterista (Taylor Gordon) y a su ritmo comienza a bailar en plena calle. Pronto se le une una desconocida (Annalise Basso) y se marcan un número musical excitante y rompedor que consigue llamar la atención de los viandantes. Se nos apunta la idea de que Chuck tiene un don para la danza, una pasión que le inculcó su abuela, aspecto que se desarrollará con maestría en el primer acto. El baile es un oasis de creatividad y comunión entre personas dentro de lo que parece ser una gris existencia.
Por último el primer acto es en el que se nos muestra la infancia de Chuck, una existencia en la que la mala suerte se ceba con el protagonista que pierde muy pronto a sus padres y que es criado por sus abuelos, magníficos tanto Mark Hamill como Sarah Krantz. A pesar de la fatalidad y de la continua adversidad el film nos muestra cómo el protagonista encuentra en el baile una pasión inculcada maravillosamente por su abuela. La música tiene un papel primordial en la educación de Chuck y el personaje de su abuela es uno de los más carismáticos que he visto en mucho tiempo. El film está plagado de reflexiones sobre la existencia, el paso del tiempo, las decisiones que tomamos en nuestra vida, las renuncias, las relaciones con los demás, la importancia de encontrar almas gemelas, el papel que juega la memoria, el carpe diem, los pequeños tesoros que se puede encontrar en lo cotidiano... Una película especial, que me ha sacudido de arriba a abajo y que voy a ver de nuevo en breve. Lo sé.
Entre los muchos aciertos del film está la elección del casting. Es una película coral en la que el elenco actoral brilla a gran altura. Especialmente acertada me parece la elección de los diferentes actores que dan vida a Chuck en la infancia (Benjamin Pajak y Cody Flanagan), adolescencia (Jacob Tremblay) y edad adulta (Tom Hiddleston). Incluso los actores que tienen un papel secundario, casi un cameo como Carl Lumbly o Samantha Sloyan dejan su huella indeleble en la película. Es también fundamental el uso de la voz en off, todo un acierto que corre a cargo de Nick Offerman. En definitiva una película que paso desapercibida en su estreno en salas pero que con el boca a boca y su llegada a plataformas digitales ha logrado darle la vuelta a su destino y tiene todas las trazas de convertirse en un film de culto. Brindo por ello.
